miércoles, 4 de abril de 2012

Renunciar a uno mismo es renunciar a satisfacer nuestro ego


La capacidad de desear el bien a cuantos nos rodean sinceramente y de corazón, perdonar el daño recibido, o con profunda humildad pedir perdón, es un don y es una experiencia interior que nos acerca a Dios.

La autoestima no es sino la contemplación interior de lo que somos, de lo que tenemos, de lo que hemos alcanzado en la vida.

la autoestima esconde una importante trampa, porque tras ella se encuentra oculta una poderosísima fuerza atractora, tan insaciable como intensa; el ego. El ego es intrínseco a la naturaleza humana y es la fuerza que empuja a preocuparnos por nosotros mismos, nuestro bienestar. Desgraciadamente no es una fuerza conformista, siempre anhela más. 

Renunciar a uno mismo es renunciar a satisfacer nuestro ego. 

Es curioso que viviendo al amparo del cristianismo se busquen técnicas de relajación y meditación orientales, quizás porque se ignora lo que significa la oración dentro de la fe, y es que, seguramente es algo que pasa muy muy desapercibido para los propios creyentes.

Da igual lo que hagamos, lo que tengamos previsto hacer o decir o pensar, siempre existen dos posibilidades; aquella que conlleva una intención recta que se inicia desde nosotros y termina en el prójimo y que en última instancia busca a Dios… o aquella que iniciada en nosotros, por buena que parezca la acción en sí misma, termina igualmente en nosotros.

Cada instante cuenta, aunque estemos quietos sin hacer nada, puede ser un momento lleno de buenas intenciones o cargado de egoísmo. 

Toda obra hecha con recta intención de búsqueda de Dios es una obra de amor puro, por pequeña y sencilla que sea. No hay contrapartida ni esperanza de la misma… es como el rayo de luz, que una vez parte no esperamos volverlo a ver regresar, sino que sirve para iluminar lo que tenemos por delante.
las intenciones con las que se hacen las cosas las que van a determinar el estado del alma de cada cual, de la paz o del sufrimiento.

El que cada intención sea importante, aunque después ni siquiera se concrete en una acción, y además, tenga tanta repercusión interior, da a la vida una intensidad tremenda.

La rectitud de intención es algo tan importante que independientemente de lo que hagas, será lo que determine tu felicidad, tu grado de dicha, la plenitud de tu vida.

¿Cómo se limpia el alma?… Se trata de examinar la conciencia, con más intensidad, con mayor hondura… ya no te basta estar simplemente descansando en la paz interior, pasivamente, ahora quieres exprimir cada instante… buscar el amor en cada acto, en cada gesto y en cada palabra… y de no ser así arrepentirse por ello. Descubres que como hebras de algodón, en los hilos de las buenas acciones o pensamientos se enredan otros que tienen un fin particular, egoísta… Pedir luz para ver, entendimiento para discernir el mejor obrar y pensar, acudir a la confesión humildemente para pedir perdón… así se limpia un alma. Sí…ya habíamos hablado de la rectitud de intención antes, pero ahora, como un artista pintando un lienzo, no le basta el blanco o el negro, hay un sin fin de colores distintos y busca aquél que es el perfecto, el idóneo.

La paz interior es nuestra brújula

Lo que revela el sufrimiento son los restos de egoísmo que aún se adhieren a nuestra alma. Si sufres por algo es porque tu ego teme perder ese algo.

El ego genera una sed insaciable,… y sus metas no son sino espejismos.

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