miércoles, 20 de septiembre de 2017

Las pequeñas virtudes

Dedico este libro a un amigo mío, cuyo nombre callo. No está presente en ninguno de estos escritos, y, sin embargo, en la mayoría de ellos ha sido mi secreto interlocutor.

Le expreso aquí mi afecto y el testimonio de mi gran amistad, que ha pasado, como toda verdadera amistad, a través del fuego de las más violentas discordias.

Cuando empezaba a caer la primera nieve, una lenta tristeza se apoderaba de nosotros. Nos sentíamos como exiliados: nuestra ciudad estaba lejos, y lejos, los libros, los amigos, las vicisitudes varias y cambiantes de una verdadera existencia. Invierno en Abruzo

Los sueños no se realizan jamás, y apenas los vemos rotos, comprendemos de pronto que las mayores alegrías de nuestra vida están fuera de la realidad. Apenas los vemos rotos, nos oprime la nostalgia por el tiempo en que bullían dentro de nosotros. Nuestra suerte transcurre en este alternarse de esperanzas y nostalgias. Invierno en Abruzos

Pero aquélla fue la mejor época de mi vida, y sólo ahora que ha huido para siempre, sólo ahora, lo sé. Invierno en Abruzos

¿Qué camino elegirán para sus pasos? Los zapatos rotos

Sus jornadas eran, como las de los adolescentes, larguísimas y llenas de tiempo. Retrato de un amigo

Porque la suya nos parecía una tristeza como de muchacho, la melancolía voluptuosa y distraída del muchacho que aún no pisa la tierra y se mueve en el mundo árido y solitario de los sueños. Retrato de un amigo

Para morir eligió un día cualquiera de aquel tórrido agosto; y eligió la habitación de un hotel de los alrededores de la estación, pues quería morir, en la ciudad que le pertenecía, como un forastero. Había imaginado su muerte en una vieja poesía, muchos años antes. Retrato de un amigo

En efecto, no hay nada más triste en el mundo que una conversación inglesa, cuidadosa siempre de no rozar nada esencial, de quedarse en la superficie. Para no ofender al prójimo entrando en su intimidad, que es sagrada, la conversación inglesa zumba su tema extremadamente aburrido para todos con tal de que no sea peligroso. Alabanza y menosprecio de Inglaterra

Una vez que se ha sufrido, la experiencia del mal no se olvida ya. El hijo del hombre

Nos damos cuenta de que no estamos curados de aquel mal. Por eso estamos obligados a buscar siempre nuevas fuerzas, una nueva dureza que oponer a cualquier realidad. El hijo del hombre

Cuando uno escribe un cuento, debe poner en él lo mejor de lo que posee y de lo que ha visto, lo mejor de todo lo que ha recogido en su vida. Y los detalles se gastan, se deterioran si se llevan con uno sin utilizarlos durante mucho tiempo. No sólo los detalles, sino todo, todos los hallazgos y las ideas. Mi oficio

Me ha sucedido conocer bien el dolor después de aquella época en que estaba en el sur, un dolor auténtico, irremediable, incurable, que ha destrozado toda mi vida, y cuando he probado a recomponerla de algún modo, he visto que mi vida y yo nos habíamos convertido en algo irreconocible respecto al tiempo anterior. Mi oficio

Obtener dinero gracias a él es una cosa muy dulce, es como recibir dinero y regalos de manos del ser amado. Así es mi oficio. Mi oficio

Hay el peligro de estafar con palabras que no existen verdaderamente en nosotros, que hemos encontrado aquí y allá, al azar, fuera de nosotros y que reunimos con habilidad porque hemos llegado a ser bastante vivos. Mi oficio

Comenzamos a callar de niños, en la mesa, ante nuestros padres, que nos hablaban todavía con esas palabras sangrientas y pesadas. Nosotros permanecíamos callados. Estábamos callados por protesta o por desdén. Estábamos callados para hacer comprender a nuestros padres que aquellas grandes palabras suyas no nos servían ya. Nosotros teníamos en reserva otras. Emplearíamos nuestras nuevas palabras más tarde, con personas que las comprendieran. Éramos ricos de nuestro silencio. Ahora estábamos avergonzados y desesperados de él, y conocemos toda su miseria. No nos hemos liberado jamás de él. Aquellas grandes palabras viejas que servían a nuestros padres son monedas fuera de curso y no las acepta ya nadie. Y las palabras nuevas, nos hemos dado cuenta que no tienen valor, de que con ellas no se compra nada. No sirven para establecer relaciones, son como agua, frías, infecundas. No nos sirven para escribir libros, ni para mantener ligada a nosotros a una persona querida, ni para salvar a un amigo. Silencio

Del silencio, cada cual se busca un modo de curarse. Unos se van a hacer viajes. En el ansia de ver países nuevos, gente distinta, está la esperanza de dejar tras de uno los propios turbios fantasmas; está la secreta esperanza de descubrir en algún punto de la tierra la persona que pueda hablar con nosotros. Otros se emborrachan para olvidarse de sus turbios fantasmas y para hablar. Y están, también, todas las cosas que se hacen para no tener que hablar: unos se pasan las veladas dormidos en una sala de proyecciones, con una mujer al lado a la que, de esta forma, no están obligados a hablarle; otros aprenden a jugar al bridge; otros hacen el amor, que se puede hacer también sin palabras. Suele decirse que estas cosas se hacen para engañar el tiempo: en realidad se hacen para engañar al silencio. Silencio

Estamos felices acaso, pero con una felicidad que nos es difícil reconocer, por el pánico en que estamos de poderla perder de un momento a otro para siempre: ¡el niño en el cochecito que empujamos es tan pequeño, tan débil, y el amor que nos une a él es tan doloroso, tan asustadizo! Las relaciones humanas

Aprendemos a pedir ayuda al primero que pasa, sin saber si es un amigo o un enemigo, si querrá ayudarnos o nos traicionará; pero no tenemos elección, y por un instante le confiamos nuestra vida. Aprendemos también a prestar ayuda al primero que pasa.  Las relaciones humanas

Somos adultos porque tenemos a nuestras espaldas la presencia muda de las personas muertas. Las relaciones humanas

El secreto de la educación está en adivinar los tiempos. Las pequeñas virtudes

La verdadera defensa de la riqueza no es el miedo a la riqueza, a su fragilidad y a las viciosas consecuencias que puede tener; la verdadera defensa de la riqueza es la indiferencia respecto al dinero. Las pequeñas virtudes

El dinero que les damos a nuestros hijos se lo debemos dar sin motivo; debería serles dado con indiferencia, para que aprendan a recibirlo con indiferencia; y debería serles dado, no para que aprendan a amarlo, sino para que aprendan a no amarlo. Las pequeñas virtudes

Elevando el dinero a la función de premio, de punto de llegada, de objetivo a alcanzar, le damos un puesto, una importancia, una nobleza que no debe tener a los ojos de nuestros hijos, Afirmamos implícitamente el principio —falso— de que el dinero es la coronación de un esfuerzo y su término final. Las pequeñas virtudes

Es un error menor —pero error, al fin— ofrecer dinero a los hijos a cambio de pequeños servicios domésticos, de pequeñas ayudas. Es un error porque nosotros no somos, para nuestros hijos, dadores de trabajo: el dinero familiar es tan suyo como nuestro; esos pequeños servicios, esas pequeñas ayudas, no deberían tener compensación, deberían ser voluntaria colaboración a la vida familiar. Y, en general, creo que se debe ser muy cautos en prometer y dar premios y castigos. Porque la vida raramente tendrá premios y castigos; en general, los sacrificios no tienen premio alguno, y a menudo las malas acciones no son castigadas, sino, al contrario, espléndidamente retribuidas en éxito y dinero. Las pequeñas virtudes

Es preciso amar el bien y odiar el mal; y de esto no es posible dar ninguna explicación lógica. Las pequeñas virtudes

Acaso lo que a nosotros nos parece ocio es, en realidad, fantasía y reflexión que mañana darán frutos. Las pequeñas virtudes

Las posibilidades del espíritu son infinitas. Pero no debemos dejarnos dominar, nosotros, los padres, por el pánico ante el fracaso. Las pequeñas virtudes

Si un fracaso les duele a nuestros hijos, nosotros estamos para consolarlos; estamos para darles ánimo, si los ha mortificado un fracaso. Estamos también para hacerles bajar la cabeza si un éxito los ha hecho soberbios. Estamos para reducir la escuela a sus humildes y angostos confines; no es nada que pueda hipotecar su futuro, sino una simple oferta de instrumentos, entre los cuales quizá es posible elegir uno del que se valgan el día de mañana. Las pequeñas virtudes

Que a nuestros hijos no les falte jamás el amor a la vida.  Las pequeñas virtudes

¿Y qué es la vocación de un ser humano, sino la más alta expresión de su amor a la vida? Nosotros, entonces, debemos esperar, junto a él, a que su vocación se despierte, a que tome cuerpo. Su actitud puede parecerse a la del topo o la lagartija, que permanecen inmóviles fingiéndose muertos, pero, en realidad, olfatean y espían el rastro del insecto, sobre el que se arrojan de un salto. Junto a él, pero en silencio y un poco apartados, debemos esperar el salto de su espíritu. No debemos pretender nada; no debemos pedir o esperar que sea un genio, un artista, un héroe o un santo; y, sin embargo, debemos estar dispuestos a todo. Nuestra espera y nuestra paciencia debe contener la posibilidad del más alto y del más modesto destino. Las pequeñas virtudes

Una vocación, una pasión ardiente y exclusiva por algo que no tenga nada que ver con el dinero, la consciencia de poder hacer algo mejor que los demás, y amar este algo por encima de todo, es la única posibilidad, para un niño rico, de no ser condicionado en nada por el dinero, de ser libre frente al dinero, de no sentir, entre los demás, ni el orgullo de la riqueza ni su vergüenza. Las pequeñas virtudes

El nacimiento y desarrollo dé una vocación requiere espacio, espacio y silencio, el libre silencio del espacio.La relación que surge entre nosotros y nuestros hijos debe ser un intercambio vivo de pensamientos y sentimientos, y, sin embargo, debe contener profundas zonas de silencio; debe ser una relación íntima, y, sin embargo, no mezclarse violentamente con su intimidad; debe ser un justo equilibrio entre silencio y palabras. Las pequeñas virtudes

Su búsqueda de amigos, su vida amorosa, su vida religiosa, su búsqueda de una vocación, es necesario que estén cercadas de silencio y de sombra, que se desarrollen al margen de nosotros. Las pequeñas virtudes

Debemos ser para ellos un simple punto de partida, ofrecerles el trampolín desde el que darán el salto. Y debemos estar allí para ayudar, si hace falta una ayuda; deben saber que no nos pertenecen, pero que nosotros sí les pertenecemos, siempre estamos disponibles, presentes en el cuarto de al lado, dispuestos a responder como sepamos a toda posible pregunta, a toda demanda. Las pequeñas virtudes


Pero si nosotros mismos tenemos una vocación, si no hemos renegado de ella o la hemos traicionado, entonces podemos dejarles germinar tranquilamente fuera de nosotros, rodeados de la sombra y del espacio que requiere el brote de una vocación, el brote de un ser. Ésta es la única posibilidad real que tenemos de resultarles de alguna ayuda en la búsqueda de una vocación: tener una vocación nosotros mismos, conocerla, amarla y servirla con pasión, porque el amor a la vida engendra amor a la vida. Las pequeñas virtudes

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