viernes, 10 de abril de 2020

Antoine de Saint-Exupéry; Tierra de hombres



La tierra nos enseña más sobre nosotros mismos que todos los libros. Porque ella se nos resiste. El hombre se revela y se descubre a sí mismo cuando se mide con el obstáculo. Para enfrentarlo, sin embargo, necesita una herramienta. Necesita un cepillo de carpintero o un arado. Así el labriego va arrancando poco a poco algunos secretos a la naturaleza, extrayendo una verdad que es universal.

En aquel hogar se leía, se reflexionaba, se intercambiaban confidencias.

Tenemos que procurar unirnos. Es preciso que intentemos comunicarnos con algunas de aquellas luces que arden separadas en el campo.

Capítulo 1
De tiempo en tiempo, apto ya para la eternidad, uno de ellos ya no regresaba.

Capítulo 1
Las espaldas hundidas por el esfuerzo.

Capítulo 1
Y yo adivinaba ya que un espectáculo carece de sentido si no se mira a través de una cultura, de una civilización, de un oficio.

Capítulo 1
Infundía confianza con la misma naturalidad que una lámpara da luz.

Capítulo 1
Piensa entonces en todos aquéllos que lo han conocido antes que tú y dite simplemente: "lo que otros han conseguido, también yo puedo hacerlo».

Capítulo 1
Las duras alegrías de nuestro oficio

Capítulo 1
Paisajes familiares, nuestras ternuras.

Capítulo 1
Sorbo perfumado y caliente, en la mezcla de leche..

Capítulo 1
Sosteníamos en la mano nuestros propios destinos.

Capítulo 2
Trabajando únicamente por conseguir bienes materiales, no hacemos sino construirnos nuestra propia prisión. Nos encerramos a solas con nuestra provisión de ceniza que no nos proporciona nada que merezca ser vivido. Si busco entre mis recuerdos los que me han dejado un sabor duradero, si hago balance de las horas que han valido la pena, siempre me encuentro con aquéllas que no me procuraron ninguna fortuna. No se puede comprar la amistad de un Mermoz, un compañero a quien las pruebas superadas juntos han ligado a nosotros para siempre. No se puede comprar aquella noche de vuelo con sus cien mil estrellas, aquella serenidad, aquel poder absoluto sentido durante unas cuantas horas.

Capítulo 1
Las necesidades que impone un oficio transforman y enriquecen el mundo.

Capítulo 2
Nada vale tanto como el tesoro de los recuerdos comunes.

Capítulo 2
Juntos, de tantos enfados, de tantas reconciliaciones, de los movimientos del corazón. Esas amistades no se reconstruyen. 

Capítulo 2
Así transcurre la vida. Primero nos enriquecemos, después plantamos durante años. Pero vienen los años en que el tiempo deshace aquel trabajo y el bosque se aclara. Los compañeros, uno a uno, nos retiran su sombra. Y a nuestra tristeza se mezcla, en adelante, el íntimo pesar de envejecer.

Capítulo 2
Sólo existe un lujo verdadero, y es el de las relaciones humanas.

Capítulo 2
No se puede comprar ese aspecto nuevo del mundo después de una etapa difícil, esos árboles, esas flores, esas mujeres, esas sonrisas recién coloreadas por la vida que acaba de conducimos al amanecer, ese conjunto de pequeñas cosas que nos recompensan.

Capítulo 2
Compartían invisibles riquezas.

Capítulo 2
Por fin nos habíamos encontrado. Los hombres caminamos durante mucho tiempo juntos, pero encerrados en nuestro propio silencio, o intercambiando palabras que no transfieren nada. Mas cuando llega la hora del peligro, entonces nos ayudamos unos a otros. Comprendemos que formamos parte de la misma comunidad. Crecemos al descubrir otras conciencias. Nos miramos y sonreímos. Nos sucede lo que a ese prisionero liberado que se maravilla ante la inmensidad del mar.

Capítulo 2
¡Felicidad! Es inútil buscarla en otro lugar que no sea en la calidez de las relaciones humanas.

Capítulo 2
Una vez metidos en la acción, los hombres ya no tienen miedo. A los hombres únicamente les asusta lo desconocido. Que para cualquiera que lo enfrenta, ya no es lo desconocido. 

Capítulo 2
Ser hombre significa, precisamente, ser responsable. Supone conocer la vergüenza frente a una miseria que no parecía depender de uno. Supone sentirse orgulloso de una victoria que los compañeros han conseguido. Supone sentir, al colocar su grano de arena, que se contribuye a construir el mundo.

Capítulo 3
Tú sabes, como un poeta, saborear el anuncio del alba.

Capítulo 3
Qué son cien años de historia de la máquina frente a los doscientos mil años de historia del hombre?

Capítulo 3
Cada progreso nos ha alejado un poco más de unas costumbres que todavía no habíamos tenido tiempo de adquirir, por lo que somos auténticos emigrantes que aún no han podido fundar su patria.

Capítulo 3
La verdad fue, para uno, edificar; la verdad es, para otro, habitar.

Capítulo 3
Parece que la perfección se alcanza no ya cuando no queda nada por añadir, sino cuando no queda nada por suprimir.

Capítulo 4
Sólo los hombres construyen su soledad.

Capítulo 4
Ella está encerrada en su secreto.

Capítulo 4
Encontrarle un sentido a aquel silencio hecho de mil silencios, en el que incluso las ranas callaban.

Capítulo 5
Todo era simple, silencioso y furtivo como la primera palabra de un secreto.

Capítulo 5
Pero llega un día en que la mujer se despierta dentro de la joven.

Capítulo 5
El corazón que es un jardín salvaje.

Capítulo 6
El imperio del hombre es interior.

Capítulo 6
Ya no sé distinguir qué parte de odio o de amor hay.

Capítulo 6
Un odio que tiene visos de amor.

Capítulo 8
Condiciones desconocidas que nos fertilizan?

Capítulo 8
Sólo seremos felices cuando tengamos conciencia de nuestro papel, incluso del más discreto. Sólo entonces podremos vivir en paz y morir en paz, pues lo que da un sentido a la vida da sentido a la muerte. Es tan dulce cuando está situada dentro del orden de las cosas, cuando el viejo campesino de Provenza, al término de su reinado, entrega en depósito a sus hijos su lote de cabras y de olivos para que ellos, a su vez, lo transmitan a los hijos de sus hijos. En una dinastía campesina sólo se muere a medias. Cuando le toca el turno, cada existencia se abre como una vaina y ofrece sus granos.

Capítulo 8
La experiencia nos demuestra que amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección

Capítulo 8
La verdad, y vosotros deberíais saberlo, es lo que hace que el mundo sea sencillo y no lo que crea el caos. La verdad es el lenguaje mediante el cual se alcanza lo universal. Newton no descubrió una ley que llevaba mucho tiempo escondida, como un jeroglífico. Newton llevó a cabo una acción creadora. Fundó un lenguaje de hombre que, a la vez, pudiera explicar la caída de la manzana en el prado o la ascensión del sol. La verdad no es lo que se demuestra, es lo que simplifica.

Capítulo 8
¿Para qué discutir de ideologías? Si bien todas pueden ser demostradas, también todas se oponen entre sí, y son este tipo de discusiones las que hacen desesperar de la salvación del hombre, cuando el hombre, a nuestro alrededor, en todas partes, presenta las mismas necesidades.

Capítulo 8
Había utilizado para moldear la suya. Aquel cuerpo había servido para moldear estos hermosos prototipos de hombre. Ahora descansaba, rota, como una preciosa cáscara a la que acaban de quitarle el fruto. A su vez, los hijos e hijas de su carne moldearían a sus pequeños. En la granja no se moría. La madre ha muerto, ¡viva la madre!

Capítulo 8
La madre no sólo había transmitido la vida: había enseñado un lenguaje sus hijos; les había confiado el caudal que, muy lentamente, se había ido acumulando a lo largo de los siglos; el patrimonio espiritual que también ella había recibido en depósito: un pequeño lote de tradiciones, de conceptos y de mitos.

Capítulo 8
Había nacido de esa pareja una suerte de fruto dorado.

Capítulo 8
He aquí una hermosa promesa de vida.

Capítulo 8
Los principitos de las leyendas no eran diferentes a él: protegido, atendido, cultivado. ¡Qué no llegaría a ser! Cuando por mutación nace en los jardines una nueva rosa, todos los jardineros se conmueven. Se la aísla, se la cultiva, se la mima. Pero, no hay jardinero para los hombres.

Capítulo 8
Lo que me angustia no lo curan los comedores de beneficencia. Lo que me atormenta no son estos huecos, ni estas jorobas, ni esta fealdad. Es Mozart, un poco asesinado en cada uno de estos hombres.

Capítulo 8
Sólo el espíritu, si sopla sobre la arcilla, puede crear al Hombre.

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