viernes, 29 de septiembre de 2017

Un hombre llamado Ove

Morir no es tan importante…..puede esperar unas horas más.

Me quedé contigo tal y como venías de fábrica, solía decir.

Hasta los hombre como Ove, les gustaba tener con quién no hablar de vez en cuando.

Los recuerdos de una mujer que se empeñaba en ver en algunos hombres mas potencial del que ellos mismos se reconocían.

Hombres atrapados en épocas equivocadas. Que solo le piden a la vida unas cuantas cosas sencillas….Una mujer a la que serle fiel.

Ahora mismo no tengo tiempo de morir.

Es difícil reconocer que uno se ha equivocado. Sobre todo, cuando lleva equivocado mucho tiempo.

La muerte es una cosa extraordinaria. La gente vive la vida como si no existiera, siendo así que, la mayor parte del tiempo, es la principal razón para vivir. Algunos de nosotros alcanzamos llegado el momento tal conciencia de su existencia que empezamos a vivir con más intensidad, más tozudez, más rabia. Otros necesitamos su presencia constante para comprender siquiera cuál es su opuesto. Otros estamos tan ocupados pensando en ella que nos instalamos en la sala de espera mucho antes de que haya anunciado su llegada. Le tenemos miedo y, aún así, la mayoría de nosotros tememos mucho más que le llegue a otro. Porque el miedo más fiero en relación con la muerte es que nos pase de largo. Y que nos deje aquí solos.


Algo se rompe en el fuero interno de un hombre que entierra a la única persona que lo ha comprendido en la vida. No hay tiempo que cure una herida así.

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