martes, 29 de octubre de 2019

Nathaniel Hawthorne; Wakefield


El ha dejado de percibir su conducta como algo peculiar.

- Ejemplo de fechoría marital más insólito que se conozca. Y, por otra parte, nos hallamos ante una monstruosidad tan digna de mención como cualquiera de las que aparecen en el catálogo de rarezas humanas.

- Este matrimonio residía en Londres. Fingiendo marcharse de viaje, el marido se fue a vivir justo a la calle contigua a su propio domicilio y permaneció allí más de veinte años, sin que ni su mujer ni sus amigos supiesen nada de él, y sin que pueda hallarse asomo de razón a su decisión de autodesterrarse.

- Y a pesar de que la creencia colectiva sea que cualquiera podría hacer algo similar, cada uno en su fuero interno sabe que no sería capaz de perpetrar una locura de tal calibre.

- Cuando un asunto inquieta la mente de una manera tan contundente, el tiempo que se invierte en pensar en él está bien empleado.

- La reflexión siempre termina siendo eficaz y cualquier acontecimiento sorprendente encierra invariablemente una moraleja.

- De todos los maridos, posiblemente este fuera el más constante, pues sufría una especie de aletargamiento que mantenía su corazón en reposo independientemente del asunto que tuviera entre manos. Era un intelectual, pero no de manera activa. Sus pensamientos se mantenían continuamente ocupados con largas y aburridas cavilaciones que carecían de objetivo o sencillamente de energía para alcanzar alguno. Sus pensamientos rara vez eran tan intensos como para transformarse en palabras.

Poseía un corazón frío, aunque no envilecido ni errante, y su mente nunca se dejaba provocar por pensamientos extravagantes u originalidad alguna que pudieran desconcertarlo. Así que, ¿quién podría haber imaginado que entre todos los autores de excentricidades nuestro amigo iba a acceder al puesto más alto?

Ella, sin haber analizado su personalidad, era consciente en parte de un sosegado egoísmo que se había quedado anquilosado dentro de su inactiva mente, de una especie de vanidad —su atributo más molesto— un tanto peculiar, de una disposición a la astucia que rara vez había producido resultado positivo alguno, excepto el simple mantenimiento de secretos insignificantes que casi no merecía la pena desvelar, y complaciente con el inofensivo apego al misterio de su marido, tan solo lo interroga con la mirada. Él le dice con decisión que no lo espere en el coche de vuelta y que no se alarme si se demora tres o cuatro días, mas le confirma que volverá definitivamente el viernes por la noche a la hora de la cena.

Un beso de despedida; uno de esos que se daría cualquier matrimonio que acumula ya diez años de convivencia.

A pesar de todo, cuando todos lo dan por muerto, ella duda algunas veces de su viudedad debido a aquella sonrisa.

Es peligroso abrir un cisma en los afectos humanos; no tanto porque se produzca un desarraigo profundo y prolongado, sino porque vuelva a cerrarse demasiado rápido.

Siente curiosidad por saber cómo habrán evolucionado las cosas en casa, cómo soportará su ejemplar esposa la viudedad de una semana; en resumen, cómo se verá afectada por su desaparición la pequeña esfera de criaturas y de circunstancias en la que él era el objeto central.

En definitiva, lo que yace en el fondo del asunto es una morbosa vanidad.

Es lo mismo que nos pasa a todos cuando, después de estar ausentes durante varios meses o años, volvemos a ver una colina, un lago o una obra de arte que conocemos bien desde hace tiempo. Generalmente, esta impresión indescriptible está ocasionada por la comparación y por el contraste entre nuestros recuerdos imperfectos y la realidad.

En Wakefield, la magia de una única noche ha forjado un cambio similar, porque en ese breve período se ha producido una gran transformación moral. Wakefield es otro hombre.

- Una vez establecido el nuevo rumbo, cualquier movimiento regresivo hacia su vida anterior resultaría casi tan difícil de realizar como el paso que lo llevó a esta inusitada situación.

Había postergado su vuelta un día tras otro; y a partir de ahora no encontrará nunca el momento oportuno. Mañana no; probablemente la semana próxima; muy pronto. ¡Pobre! Los muertos tienen casi las mismas posibilidades que Wakefield, que se ha desterrado a sí mismo, de volver a pisar la casa que abandonó en el mundo de los vivos.

- Ojalá tuviera que escribir un libro en vez de un artículo de una docena de páginas! Así podría ilustrar cómo cualquier influencia fuera de nuestro control deposita su fuerte mano sobre cada uno de nuestros actos y teje sus consecuencias en un férreo lienzo de necesidad.

- Tiene el apacible porte de la estable viudedad. Sus penas, o bien han ido desapareciendo o se han convertido en algo tan esencial para su corazón que dificilmente podrían tornarse en alegría.

Los sentimientos latentes durante años explotan y su débil mente obtiene algo de energía de la fuerza de estos; toda la miserable extravagancia de su vida se le revela en una imagen, y entonces emite un grito intenso: «¡Wakefield! ¡Wakefield! ¡Estás loco!».

- Se las había ingeniado para apartarse del mundo —o más bien lo había conseguido casualmente—, para desaparecer, para abandonar su lugar y sus privilegios con los vivos, y todo sin ser admitido entre los muertos. La vida de un ermitaño no es comparable a la suya de ninguna de las maneras.

- Podemos decir, de manera figurada, que estuvo todo el tiempo junto a su mujer y a su chimenea y, no obstante, no llegó a sentir nunca el afecto de la una ni la calidez de la otra.

- Si el tiempo aguardase a que consumáramos nuestras locuras favoritas, nos mantendríamos jóvenes hasta el día del juicio final.

En medio de la aparente confusión de nuestro misterioso mundo, las personas están tan pulcramente adaptadas a un sistema, y los sistemas engarzados entre sí y a un todo, que si una persona se ausenta por un momento, se expone al aterrador riesgo de perder su puesto por siempre, pudiendo llegar a convertirse, como le sucedió a Wakefield, en el Desterrado del Universo.

No hay comentarios.:

Mercedes Salisachs; El secreto de las flores

1 Y lo que es peor, el desmoronamiento se produjo de repente, sin que hubiera intervenido antes un signo de alerta, ni los ecos de aquella n...