martes, 29 de octubre de 2019

William Kotzwinkle;



- Diane iba doblada, con los brazos cruzados encima del vientre montañoso, origen de aquel terremoto.

- Su manera de vivir, tan opuesta a los modos del mundo.

- La vida nos esclaviza, nos hace desear descendencia, nos genera mil ilusiones sobre el amor y lo que haga falta, con tal de lograr reproducirse.

- Él sólo reconocía las olas que volvían a llevárselos a un lugar en el que estaban solos en un amor y una tristeza que nadie más podía compartir, solos y cada uno aferrado al otro en aquella realidad para la que tanto se habían preparado y para la que ninguna preparación era suficiente.

- Sintió que estaban juntos, entonces, en un nivel nuevo, más viejo, más sabio, con el dolor como nexo de unión.

- Él recordó de pronto la criatura, el nadador del mar secreto. Él también lucha, lucha por estar con nosotros, lucha igual que nosotros.

- Se adentró en un dormir caleidoscópico, tan plagado de imágenes que no era capaz de clasificarlas en ningún sueño reconocible, de manera que se le derramaron por encima como un caudal de agua.

- Construí nuestra casa, con una habitación para él, y ahora le estoy haciendo su ataúd. En nada difiere el trabajo. Sólo hemos de seguir adelante, con los ojos abiertos, contemplando con atención lo que hacemos, sin pensar en nada ajeno a la tarea. Entonces, fluimos con la noche.

- Este momento muere y lo sigue otro momento que muere también. Voy de un momento al siguiente.

- Quizá nada sea mejor. Pero ha sido una sensación muy fuerte y estoy intentando fluir con ella.

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