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miércoles, 25 de enero de 2012

Silencio y Palabra

El silencio y la palabra: dos momentos de la comunicación que deben equilibrarse, alternarse e integrarse para obtener un auténtico diálogo y una profunda cercanía entre las personas. Cuando palabra y silencio se excluyen mutuamente, la comunicación se deteriora, ya sea porque provoca un cierto aturdimiento o porque, por el contrario, crea un clima de frialdad; sin embargo, cuando se integran recíprocamente, la comunicación adquiere valor y significado. Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XLVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales “Silencio y Palabra: camino de evangelización” [Domingo 20 de mayo de 2012]. Vaticano, 24 de enero 2012, fiesta de San Francisco de Sales


El silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido. En el silencio escuchamos y nos conocemos mejor a nosotros mismos; nace y se profundiza el pensamiento, comprendemos con mayor claridad lo que queremos decir o lo que esperamos del otro; elegimos cómo expresarnos. Callando se permite hablar a la persona que tenemos delante, expresarse a sí misma; y a nosotros no permanecer aferrados sólo a nuestras palabras o ideas, sin una oportuna ponderación. Se abre así un espacio de escucha recíproca y se hace posible una relación humana más plena. En el silencio, por ejemplo, se acogen los momentos más auténticos de la comunicación entre los que se aman: la gestualidad, la expresión del rostro, el cuerpo como signos que manifiestan la persona. En el silencio hablan la alegría, las preocupaciones, el sufrimiento, que precisamente en él encuentran una forma de expresión particularmente intensa. Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XLVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales “Silencio y Palabra: camino de evangelización” [Domingo 20 de mayo de 2012]. Vaticano, 24 de enero 2012, fiesta de San Francisco de Sales


El silencio se hace esencial para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial. Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XLVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales “Silencio y Palabra: camino de evangelización” [Domingo 20 de mayo de 2012]. Vaticano, 24 de enero 2012, fiesta de San Francisco de Sales


“Necesitamos el silencio que se transforma en contemplación, que nos hace entrar en el silencio de Dios y así nos permite llegar al punto donde nace la Palabra, la Palabra redentora” (Homilía durante la misa con los miembros de la Comisión Teológica Internacional, 6 de octubre 2006). Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XLVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales “Silencio y Palabra: camino de evangelización” [Domingo 20 de mayo de 2012]. Vaticano, 24 de enero 2012, fiesta de San Francisco de Sales


Palabra y silencio. Aprender a comunicar quiere decir aprender a escuchar, a contemplar, además de hablar, y esto es especialmente importante para los agentes de la evangelización: silencio y palabra son elementos esenciales e integrantes de la acción comunicativa de la Iglesia, para un renovado anuncio de Cristo en el mundo contemporáneo. Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XLVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales “Silencio y Palabra: camino de evangelización” [Domingo 20 de mayo de 2012]. Vaticano, 24 de enero 2012, fiesta de San Francisco de Sales

miércoles, 19 de enero de 2011

Su modo de ser Dios pone en crisis nuestro modo de ser hombres

A veces la gente adora a “otros Dioses” sin darse cuenta.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.149.

La comunión diaria permite encontrar el centro de la vida. Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.165.

La confesión frecuente ayuda a la madurez de nuestra alma. Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.175.
Mientras se pierde el sentido del pecado aumentan los complejos de culpa.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.179.

La felicidad está en la entrega y no en la comodidad.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.181.

Convertirse quiere decir dejarse conquistar por Jesús.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.181.

Toda música de calidad remite a lo divino.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.186.

La señal de Dios es la sencillez.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.193.

Su modo de ser Dios pone en crisis nuestro modo de ser hombres.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.221.

No debemos sospechar nunca del amor de Dios.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.240.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

No podrás cuidar el alma de los demás si descuidas la tuya

La vida tiene valor sólo si teneís el arrojo de la aventura, la confianza de que el Señor nunca os dejará solos.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.119.

En ese ser guiados, que puede ir contra nuestras ideas y proyectos, experimentamos la novedad, la riqueza del amor de Dios.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.132.

No podrás cuidar el alma de los demás si descuidas la tuya.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.133.

Los sacramentos no pueden quedar postergados por el activismo.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.134.

Es especialmente inquietante la reducción de la preciosa y delicada área de la educación sexual a la gestión del “riesgo” sin referencia alguna a la belleza del amor conyugal.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.145.

A veces la gente adora a “otros Dioses” sin darse cuenta.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.149.

La comunión diaria permite encontrar el centro de la vida.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.165.

La confesión frecuente ayuda a la madurez de nuestra alma.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.175.

Mientras se pierde el sentido del pecado aumentan los complejos de culpa.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.179.

martes, 30 de noviembre de 2010

Sin compromiso la vida se pierde

La Iglesia no vive de sí misma, sino del Evangelio. Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.43.

Escuchar a Dios en la Escritura entre las mil voces de este mundo.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.45.
Que la novedad no se haga pasar por belleza.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.51.

Cristo no es indiferente a nuestras desorientaciones en la vida.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.57.

Prueba a hacer las cosas que hace un creyente, y después, con esta experiencia, verás que todo es lógico y verdadero.
Pascal en Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.61.
Dios es cercano en Jesucristo.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.62.

Sin sacrificios no existe una vida lograda.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.64.

Centrar la vida en nosotros mismos es una trampa mortal.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.99.

Quién ha elegido a Dios, incluso en la vejez tiene ante sí un futuro sin fin y sin amenazas.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.103.

Es muy importante que a los jóvenes no sólo les quede la opción de las discotecas.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.108.

Sin compromiso la vida se pierde.
Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.117.

martes, 23 de noviembre de 2010

La fe es sencilla

La fe es sencilla. Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.9. 

Nuestra fe es realmente luz para el mundo. Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.9. 

 Recibimos la fe para entregarla a los demás. Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.15. 

Transformar el lenguaje de la fe en vida y ejemplo para los demás. Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.15.

En la transmisión de la fe lo primero es el ejemplo personal. Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.17.

Nunca es suficiente una formación profesional sin formación del corazón. Y el corazón no puede formarse sin plantearse al menos el desafío de la presencia de Dios. Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.21. 

La firmeza en la fe supera cualquier contradicción. Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.25. 

Cuidar la relación personal con Dios. Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.27. 

La fe es una fuerza que lo supera todo. Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.29. 

La oración es la que mantiene encendida la llama de la fe. Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.30.

La fe en que Dios existe no es una información como otras. Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.38.

miércoles, 17 de marzo de 2010

¡No os dejéis desanimar y no renunciéis a vuestros sueños!

El cristianismo no es en primer lugar una moral, sino experiencia de Jesucristo, que nos ama personalmente, jóvenes o viejos, pobres o ricos; nos ama también cuando le damos la espalda.
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XXV Jornada Mundial de la Juventud (28 marzo 2010)."Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" (Mc 10,17). 22 de febrero de 2010.
¡si verdaderamente hemos encontrado a Jesús no podemos menos que dar testimonio de él a todos aquellos que aún no han cruzado la mirada con él!
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XXV Jornada Mundial de la Juventud (28 marzo 2010)."Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" (Mc 10,17). 22 de febrero de 2010.

¡No tengáis miedo, vosotros, queridos jóvenes y queridas jóvenes, si el Señor os llama a la vida religiosa, monástica, misionera o de especial consagración: Él sabe dar gozo profundo a quien responde con valor!.
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XXV Jornada Mundial de la Juventud (28 marzo 2010)."Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" (Mc 10,17). 22 de febrero de 2010.

Jesús recuerda al joven rico los diez mandamientos, como condiciones necesarias para “tener en herencia la vida eterna”. Estos son puntos de referencia esenciales para vivir en el amor, para distinguir claramente el bien del mal y construir un proyecto de vida sólido y duradero.
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XXV Jornada Mundial de la Juventud (28 marzo 2010)."Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" (Mc 10,17). 22 de febrero de 2010.

Dios nos da los mandamientos porque nos quiere educar en la verdadera libertad, porque quiere construir con nosotros un Reino de amor, de justicia y de paz. Escucharlos y ponerlos en práctica no significa alienarse, sino encontrar el camino de la libertad y del amor auténticos, porque los mandamientos no limitan la felicidad, sino indican cómo encontrarla.
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XXV Jornada Mundial de la Juventud (28 marzo 2010)."Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" (Mc 10,17). 22 de febrero de 2010.

¡A pesar de las dificultades, no os dejéis desanimar y no renunciéis a vuestros sueños! Cultivad en cambio en el corazón deseos grandes de fraternidad, de justicia y de paz. El futuro está en las manos de quienes saben buscar y encontrar razones fuertes de vida y de esperanza. ¡Si queréis, el futuro está en vuestras manos, porque los dones y las riquezas que el Señor ha puesto en el corazón de cada uno de vosotros, plasmados por el encuentro con Cristo, pueden traer auténtica esperanza al mundo! Es la fe en su amor la que, haciéndoos fuertes y generosos, os darás el valor de afrontar con serenidad el camino de la vida y a asumir responsabilidades familiares y profesionales. Empeñaos en construir vuestro futuro a través de itinerarios serios de formación personal y de estudio, para servir de modo competente y generoso al bien común.
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XXV Jornada Mundial de la Juventud (28 marzo 2010)."Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" (Mc 10,17). 22 de febrero de 2010.

viernes, 19 de febrero de 2010

¿Cuál es la Justicia de Cristo?

Aquello de lo que el hombre tiene más necesidad no se le puede garantizar por ley.
Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2010.

El hombre es frágil a causa de un impulso profundo, que lo mortifica en la capacidad de entrar en comunión con el prójimo. Abierto por naturaleza al libre flujo del compartir, siente dentro de sí una extraña fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos: es el egoísmo, consecuencia de la culpa original.
Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2010.

¿Cuál es la justicia de Cristo? Es, ante todo, la justicia que viene de la gracia, donde no es el hombre que repara, que se cura a sí mismo y a los demás.
Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2010.

Convertirse a Cristo, creer en el Evangelio, significa precisamente esto: salir de la ilusión de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su amistad.
Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2010.

La fe no es un hecho natural, cómodo, obvio: hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo “mío”, para darme gratuitamente lo “suyo”. Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Gracias a la acción de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia “más grande”, que es la del amor (cf. Rm 13,8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar.
Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2010.

sábado, 11 de julio de 2009

Benedicto XVI; Caritas in Veritatea

Cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Introducción, 29 de junio de 2009, Roma, 1.
Jesucristo purifica y libera de nuestras limitaciones humanas la búsqueda del amor y la verdad, y nos desvela plenamente la iniciativa de amor y el proyecto de vida verdadera que Dios ha preparado para nosotros. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Introducción, 29 de junio de 2009, Roma, 1.
La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad. Esta luz es simultáneamente la de la razón y la de la fe, por medio de la cual la inteligencia llega a la verdad natural y sobrenatural de la caridad, percibiendo su significado de entrega, acogida y comunión.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Introducción, 29 de junio de 2009, Roma, 3.

Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente. Éste es el riesgo fatal del amor en una cultura sin verdad. Es presa fácil de las emociones y las opiniones contingentes de los sujetos, una palabra de la que se abusa y que se distorsiona, terminando por significar lo contrario.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Introducción, 29 de junio de 2009, Roma, 3.

La caridad es amor recibido y ofrecido. Es «gracia» (cháris). Su origen es el amor que brota del Padre por el Hijo, en el Espíritu Santo. Es amor que desde el Hijo desciende sobre nosotros. Es amor creador, por el que nosotros somos; es amor redentor, por el cual somos recreados. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Introducción, 29 de junio de 2009, Roma,5.

Los hombres, destinatarios del amor de Dios, se convierten en sujetos de caridad, llamados a hacerse ellos mismos instrumentos de la gracia para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Introducción, 29 de junio de 2009, Roma, 5.

La «ciudad del hombre» no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Introducción, 29 de junio de 2009, Roma, 6.

Sin la perspectiva de una vida eterna, el progreso humano en este mundo se queda sin aliento. Encerrado dentro de la historia, queda expuesto al riesgo de reducirse sólo al incremento del tener; así, la humanidad pierde la valentía de estar disponible para los bienes más altos, para las iniciativas grandes y desinteresadas que la caridad universal exige.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Primero, El Mensaje de La Populorum Progressio, 29 de junio de 2009, Roma, 11.

Las instituciones por sí solas no bastan, porque el desarrollo humano integral es ante todo vocación y, por tanto, comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos. Este desarrollo exige, además, una visión trascendente de la persona, necesita a Dios: sin Él, o se niega el desarrollo, o se le deja únicamente en manos del hombre, que cede a la presunción de la auto-salvación y termina por promover un desarrollo deshumanizado. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Primero, El Mensaje de La Populorum Progressio, 29 de junio de 2009, Roma,11.
No hay dos tipos de doctrina social, una preconciliar y otra postconciliar.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Primero, El Mensaje de La Populorum Progressio, 29 de junio de 2009, Roma,12.

En la Encíclica Populorum progressio, Pablo VI señaló que las causas del subdesarrollo no son principalmente de orden material. Nos invitó a buscarlas en otras dimensiones del hombre. Ante todo, en la voluntad, que con frecuencia se desentiende de los deberes de la solidaridad. Después, en el pensamiento, que no siempre sabe orientar adecuadamente el deseo. Por eso, para alcanzar el desarrollo hacen falta «pensadores de reflexión profunda que busquen un humanismo nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a sí mismo»
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Primero, El Mensaje de La Populorum Progressio, 29 de junio de 2009, Roma,19.

La sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos. La razón, por sí sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad. Ésta nace de una vocación transcendente de Dios Padre, el primero que nos ha amado, y que nos ha enseñado mediante el Hijo lo que es la caridad fraterna.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Primero, El Mensaje de La Populorum Progressio, 29 de junio de 2009, Roma, 19.

La ganancia es útil si, como medio, se orienta a un fin que le dé un sentido, tanto en el modo de adquirirla como de utilizarla. El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Segundo, El Desarrollo Humano en Nuestro Tiempo, 29 de junio de 2009, Roma, 21.

Sin el saber, el hacer es ciego, y el saber es estéril sin el amor.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Segundo, El Desarrollo Humano en Nuestro Tiempo, 29 de junio de 2009, Roma, 30.

La caridad no es una añadidura posterior, casi como un apéndice al trabajo ya concluido de las diferentes disciplinas, sino que dialoga con ellas desde el principio. Las exigencias del amor no contradicen las de la razón. El saber humano es insuficiente y las conclusiones de las ciencias no podrán indicar por sí solas la vía hacia el desarrollo integral del hombre.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Segundo, El Desarrollo Humano en Nuestro Tiempo, 29 de junio de 2009, Roma, 30.

No existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Segundo, El Desarrollo Humano en Nuestro Tiempo, 29 de junio de 2009, Roma, 30.

La caridad en la verdad pone al hombre ante la sorprendente experiencia del don. La gratuidad está en su vida de muchas maneras, aunque frecuentemente pasa desapercibida debido a una visión de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad. El ser humano está hecho para el don, el cual manifiesta y desarrolla su dimensión trascendente. A veces, el hombre moderno tiene la errónea convicción de ser el único autor de sí mismo, de su vida y de la sociedad. Es una presunción fruto de la cerrazón egoísta en sí mismo, que procede —por decirlo con una expresión creyente— del pecado de los orígenes.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Tercero; Fraternidad, Desarrollo Económico y Sociedad Civil, 29 de junio de 2009, Roma, 34.

Por su naturaleza, el don supera el mérito, su norma es sobreabundar. Nos precede en nuestra propia alma como signo de la presencia de Dios en nosotros y de sus expectativas para con nosotros. La verdad que, como la caridad es don, nos supera, como enseña San Agustín. Incluso nuestra propia verdad, la de nuestra conciencia personal, ante todo, nos ha sido «dada». En efecto, en todo proceso cognitivo la verdad no es producida por nosotros, sino que se encuentra o, mejor aún, se recibe.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Tercero; Fraternidad, Desarrollo Económico y Sociedad Civil, 29 de junio de 2009, Roma, 34.

La unidad del género humano, la comunión fraterna más allá de toda división, nace de la palabra de Dios-Amor que nos convoca. Al afrontar esta cuestión decisiva, hemos de precisar, por un lado, que la lógica del don no excluye la justicia ni se yuxtapone a ella como un añadido externo en un segundo momento y, por otro, que el desarrollo económico, social y político necesita, si quiere ser auténticamente humano, dar espacio al principio de gratuidad como expresión de fraternidad.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Tercero;Fraternidad, Desarrollo Económico y Sociedad Civil, 29 de junio de 2009, Roma, 34.

La actividad económica no puede resolver todos los problemas sociales ampliando sin más la lógica mercantil. Debe estar ordenada a la consecución del bien común, que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política. Por tanto, se debe tener presente que separar la gestión económica, a la que correspondería únicamente producir riqueza, de la acción política, que tendría el papel de conseguir la justicia mediante la redistribución, es causa de graves desequilibrios.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Tercero; Fraternidad, Desarrollo Económico y Sociedad Civil, 29 de junio de 2009, Roma, 36.

No es correcto considerar el aumento de población como la primera causa del subdesarrollo, incluso desde el punto de vista económico: baste pensar, por un lado, en la notable disminución de la mortalidad infantil y al aumento de la edad media que se produce en los países económicamente desarrollados y, por otra, en los signos de crisis que se perciben en la sociedades en las que se constata una preocupante disminución de la natalidad. Obviamente, se ha de seguir prestando la debida atención a una procreación responsable que, por lo demás, es una contribución efectiva al desarrollo humano integral. La Iglesia, que se interesa por el verdadero desarrollo del hombre, exhorta a éste a que respete los valores humanos también en el ejercicio de la sexualidad: ésta no puede quedar reducida a un mero hecho hedonista y lúdico, del mismo modo que la educación sexual no se puede limitar a una instrucción técnica, con la única preocupación de proteger a los interesados de eventuales contagios o del «riesgo» de procrear. Esto equivaldría a empobrecer y descuidar el significado profundo de la sexualidad, que debe ser en cambio reconocido y asumido con responsabilidad por la persona y la comunidad. En efecto, la responsabilidad evita tanto que se considere la sexualidad como una simple fuente de placer, como que se regule con políticas de planificación forzada de la natalidad. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 44.

La apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y económica. Grandes naciones han podido salir de la miseria gracias también al gran número y a la capacidad de sus habitantes. Al contrario, naciones en un tiempo florecientes pasan ahora por una fase de incertidumbre, y en algún caso de decadencia, precisamente a causa del bajo índice de natalidad, un problema crucial para las sociedades de mayor bienestar. La disminución de los nacimientos, a veces por debajo del llamado «índice de reemplazo generacional», pone en crisis incluso a los sistemas de asistencia social, aumenta los costes, merma la reserva del ahorro y, consiguientemente, los recursos financieros necesarios para las inversiones, reduce la disponibilidad de trabajadores cualificados y disminuye la reserva de «cerebros» a los que recurrir para las necesidades de la nación. Además, las familias pequeñas, o muy pequeñas a veces, corren el riesgo de empobrecer las relaciones sociales y de no asegurar formas eficaces de solidaridad. Son situaciones que presentan síntomas de escasa confianza en el futuro y de fatiga moral. Por eso, se convierte en una necesidad social, e incluso económica, seguir proponiendo a las nuevas generaciones la hermosura de la familia y del matrimonio, su sintonía con las exigencias más profundas del corazón y de la dignidad de la persona. En esta perspectiva, los estados están llamados a establecer políticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, célula primordial y vital de la sociedad, haciéndose cargo también de sus problemas económicos y fiscales, en el respeto de su naturaleza relacional.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 44.

Responder a las exigencias morales más profundas de la persona tiene también importantes efectos beneficiosos en el plano económico. En efecto, la economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 45.

La preocupación nunca puede ser una actitud abstracta.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 47.

La naturaleza es expresión de un proyecto de amor y de verdad. Ella nos precede y nos ha sido dada por Dios como ámbito de vida. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma,48.
Esta responsabilidad es global, porque no concierne sólo a la energía, sino a toda la creación, para no dejarla a las nuevas generaciones empobrecida en sus recursos. Es lícito que el hombre gobierne responsablemente la naturaleza para custodiarla, hacerla productiva y cultivarla también con métodos nuevos y tecnologías avanzadas, de modo que pueda acoger y alimentar dignamente a la población que la habita. En nuestra tierra hay lugar para todos: en ella toda la familia humana debe encontrar los recursos necesarios para vivir dignamente, con la ayuda de la naturaleza misma, don de Dios a sus hijos, con el tesón del propio trabajo y de la propia inventiva. Pero debemos considerar un deber muy grave el dejar la tierra a las nuevas generaciones en un estado en el que puedan habitarla dignamente y seguir cultivándola. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 50.

El modo en que el hombre trata el ambiente influye en la manera en que se trata a sí mismo, y viceversa.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 51.

La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y la debe hacer valer en público. Y, al hacerlo, no sólo debe defender la tierra, el agua y el aire como dones de la creación que pertenecen a todos. Debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo. Es necesario que exista una especie de ecología del hombre bien entendida. En efecto, la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana: cuando se respeta la «ecología humana» en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia. Así como las virtudes humanas están interrelacionadas, de modo que el debilitamiento de una pone en peligro también a las otras, así también el sistema ecológico se apoya en un proyecto que abarca tanto la sana convivencia social como la buena relación con la naturaleza.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 51.
Para salvaguardar la naturaleza no basta intervenir con incentivos o desincentivos económicos, y ni siquiera basta con una instrucción adecuada. Éstos son instrumentos importantes, pero el problema decisivo es la capacidad moral global de la sociedad. Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace artificial la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigación, la conciencia común acaba perdiendo el concepto de ecología humana y con ello de la ecología ambiental. Es una contradicción pedir a las nuevas generaciones el respeto al ambiente natural, cuando la educación y las leyes no las ayudan a respetarse a sí mismas. El libro de la naturaleza es uno e indivisible, tanto en lo que concierne a la vida, la sexualidad, el matrimonio, la familia, las relaciones sociales, en una palabra, el desarrollo humano integral. Los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 51.

La verdad, y el amor que ella desvela, no se pueden producir, sólo se pueden acoger. Su última fuente no es, ni puede ser, el hombre, sino Dios, o sea Aquel que es Verdad y Amor. Este principio es muy importante para la sociedad y para el desarrollo, en cuanto que ni la Verdad ni el Amor pueden ser sólo productos humanos; la vocación misma al desarrollo de las personas y de los pueblos no se fundamenta en una simple deliberación humana, sino que está inscrita en un plano que nos precede y que para todos nosotros es un deber que ha de ser acogido libremente. Lo que nos precede y constituye —el Amor y la Verdad subsistentes— nos indica qué es el bien y en qué consiste nuestra felicidad. Nos señala así el camino hacia el verdadero desarrollo. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 52.

Una de las pobrezas más hondas que el hombre puede experimentar es la soledad. Ciertamente, también las otras pobrezas, incluidas las materiales, nacen del aislamiento, del no ser amados o de la dificultad de amar. Con frecuencia, son provocadas por el rechazo del amor de Dios, por una tragedia original de cerrazón del hombre en sí mismo, pensando ser autosuficiente, o bien un mero hecho insignificante y pasajero, un «extranjero» en un universo que se ha formado por casualidad. El hombre está alienado cuando vive solo o se aleja de la realidad, cuando renuncia a pensar y creer en un Fundamento. Toda la humanidad está alienada cuando se entrega a proyectos exclusivamente humanos, a ideologías y utopías falsas. Hoy la humanidad aparece mucho más interactiva que antes: esa mayor vecindad debe transformarse en verdadera comunión. El desarrollo de los pueblos depende sobre todo de que se reconozcan como parte de una sola familia, que colabora con verdadera comunión y está integrada por seres que no viven simplemente uno junto al otro.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Quinto; La Colaboración de la Familia Humana, 29 de junio de 2009, Roma, 53.

Pablo VI señalaba que «el mundo se encuentra en un lamentable vacío de ideas». La afirmación contiene una constatación, pero sobre todo una aspiración: es preciso un nuevo impulso del pensamiento para comprender mejor lo que implica ser una familia; la interacción entre los pueblos del planeta nos urge a dar ese impulso, para que la integración se desarrolle bajo el signo de la solidaridad en vez del de la marginación. Dicho pensamiento obliga a una profundización crítica y valorativa de la categoría de la relación. Es un compromiso que no puede llevarse a cabo sólo con las ciencias sociales, dado que requiere la aportación de saberes como la metafísica y la teología, para captar con claridad la dignidad trascendente del hombre.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Quinto; La Colaboración de la Familia Humana, 29 de junio de 2009, Roma, 53.

La criatura humana, en cuanto de naturaleza espiritual, se realiza en las relaciones interpersonales. Cuanto más las vive de manera auténtica, tanto más madura también en la propia identidad personal. El hombre se valoriza no aislándose sino poniéndose en relación con los otros y con Dios. Por tanto, la importancia de dichas relaciones es fundamental. Esto vale también para los pueblos.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Quinto; La Colaboración de la Familia Humana, 29 de junio de 2009, Roma, 53.

El mundo de hoy está siendo atravesado por algunas culturas de trasfondo religioso, que no llevan al hombre a la comunión, sino que lo aíslan en la búsqueda del bienestar individual, limitándose a gratificar las expectativas psicológicas. También una cierta proliferación de itinerarios religiosos de pequeños grupos, e incluso de personas individuales, así como el sincretismo religioso, pueden ser factores de dispersión y de falta de compromiso. Un posible efecto negativo del proceso de globalización es la tendencia a favorecer dicho sincretismo, alimentando formas de «religión» que alejan a las personas unas de otras, en vez de hacer que se encuentren, y las apartan de la realidad. Al mismo tiempo, persisten a veces parcelas culturales y religiosas que encasillan la sociedad en castas sociales estáticas, en creencias mágicas que no respetan la dignidad de la persona, en actitudes de sumisión a fuerzas ocultas. En esos contextos, el amor y la verdad encuentran dificultad para afianzarse, perjudicando el auténtico desarrollo. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Quinto; La Colaboración de la Familia Humana, 29 de junio de 2009, Roma, 55.

La religión cristiana y las otras religiones pueden contribuir al desarrollo solamente si Dios tiene un lugar en la esfera pública, con específica referencia a la dimensión cultural, social, económica y, en particular, política. La doctrina social de la Iglesia ha nacido para reivindicar esa «carta de ciudadanía»de la religión cristiana. La negación del derecho a profesar públicamente la propia religión y a trabajar para que las verdades de la fe inspiren también la vida pública, tiene consecuencias negativas sobre el verdadero desarrollo. La exclusión de la religión del ámbito público, así como, el fundamentalismo religioso por otro lado, impiden el encuentro entre las personas y su colaboración para el progreso de la humanidad. La vida pública se empobrece de motivaciones y la política adquiere un aspecto opresor y agresivo. Se corre el riesgo de que no se respeten los derechos humanos, bien porque se les priva de su fundamento trascendente, bien porque no se reconoce la libertad personal. En el laicismo y en el fundamentalismo se pierde la posibilidad de un diálogo fecundo y de una provechosa colaboración entre la razón y la fe religiosa. La razón necesita siempre ser purificada por la fe, y esto vale también para la razón política, que no debe creerse omnipotente. A su vez, la religión tiene siempre necesidad de ser purificada por la razón para mostrar su auténtico rostro humano. La ruptura de este diálogo comporta un coste muy gravoso para el desarrollo de la humanidad.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Quinto; La Colaboración de la Familia Humana, 29 de junio de 2009, Roma, 56.

En la búsqueda de soluciones para la crisis económica actual, la ayuda al desarrollo de los países pobres debe considerarse un verdadero instrumento de creación de riqueza para todos. ¿Qué proyecto de ayuda puede prometer un crecimiento de tan significativo valor —incluso para la economía mundial— como la ayuda a poblaciones que se encuentran todavía en una fase inicial o poco avanzada de su proceso de desarrollo económico? En esta perspectiva, los estados económicamente más desarrollados harán lo posible por destinar mayores porcentajes de su producto interior bruto para ayudas al desarrollo, respetando los compromisos que se han tomado sobre este punto en el ámbito de la comunidad internacional. Lo podrán hacer también revisando sus políticas internas de asistencia y de solidaridad social, aplicando a ellas el principio de subsidiaridad y creando sistemas de seguridad social más integrados, con la participación activa de las personas y de la sociedad civil. De esta manera, es posible también mejorar los servicios sociales y asistenciales y, al mismo tiempo, ahorrar recursos, eliminando derroches y rentas abusivas, para destinarlos a la solidaridad internacional. Un sistema de solidaridad social más participativo y orgánico, menos burocratizado pero no por ello menos coordinado, podría revitalizar muchas energías hoy adormecidas en favor también de la solidaridad entre los pueblos.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Quinto; La Colaboración de la Familia Humana, 29 de junio de 2009, Roma, 60.

Una posibilidad de ayuda para el desarrollo podría venir de la aplicación eficaz de la llamada subsidiaridad fiscal, que permitiría a los ciudadanos decidir sobre el destino de los porcentajes de los impuestos que pagan al Estado. Esto puede ayudar, evitando degeneraciones particularistas, a fomentar formas de solidaridad social desde la base, con obvios beneficios también desde el punto de vista de la solidaridad para el desarrollo.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Quinto; La Colaboración de la Familia Humana, 29 de junio de 2009, Roma, 53.

El tema del desarrollo de los pueblos está íntimamente unido al del desarrollo de cada hombre. La persona humana tiende por naturaleza a su propio desarrollo. Éste no está garantizado por una serie de mecanismos naturales, sino que cada uno de nosotros es consciente de su capacidad de decidir libre y responsablemente. Tampoco se trata de un desarrollo a merced de nuestro capricho, ya que todos sabemos que somos un don y no el resultado de una autogeneración. Nuestra libertad está originariamente caracterizada por nuestro ser, con sus propias limitaciones. Ninguno da forma a la propia conciencia de manera arbitraria, sino que todos construyen su propio «yo» sobre la base de un «sí mismo» que nos ha sido dado. No sólo las demás personas se nos presentan como no disponibles, sino también nosotros para nosotros mismos. El desarrollo de la persona se degrada cuando ésta pretende ser la única creadora de sí misma. De modo análogo, también el desarrollo de los pueblos se degrada cuando la humanidad piensa que puede recrearse utilizando los «prodigios» de la tecnología. Lo mismo ocurre con el desarrollo económico, que se manifiesta ficticio y dañino cuando se apoya en los «prodigios» de las finanzas para sostener un crecimiento antinatural y consumista. Ante esta pretensión prometeica, hemos de fortalecer el aprecio por una libertad no arbitraria, sino verdaderamente humanizada por el reconocimiento del bien que la precede. Para alcanzar este objetivo, es necesario que el hombre entre en sí mismo para descubrir las normas fundamentales de la ley moral natural que Dios ha inscrito en su corazón.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea,Capítulo Sexto, El Desarrollo de los Pueblos y la Técnica, 29 de junio de 2009, Roma, 68.

El problema del desarrollo en la actualidad está estrechamente unido al progreso tecnológico y a sus aplicaciones deslumbrantes en campo biológico. La técnica — conviene subrayarlo — es un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre. En la técnica se manifiesta y confirma el dominio del espíritu sobre la materia. «Siendo éste [el espíritu] “menos esclavo de las cosas, puede más fácilmente elevarse a la adoración y a la contemplación del Creador”». La técnica permite dominar la materia, reducir los riesgos, ahorrar esfuerzos, mejorar las condiciones de vida. Responde a la misma vocación del trabajo humano: en la técnica, vista como una obra del propio talento, el hombre se reconoce a sí mismo y realiza su propia humanidad. La técnica es el aspecto objetivo del actuar humano, cuyo origen y razón de ser está en el elemento subjetivo: el hombre que trabaja. Por eso, la técnica nunca es sólo técnica. Manifiesta quién es el hombre y cuáles son sus aspiraciones de desarrollo, expresa la tensión del ánimo humano hacia la superación gradual de ciertos condicionamientos materiales. La técnica, por lo tanto, se inserta en el mandato de cultivar y custodiar la tierra (cf. Gn 2,15), que Dios ha confiado al hombre, y se orienta a reforzar esa alianza entre ser humano y medio ambiente que debe reflejar el amor creador de Dios.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Sexto, El Desarrollo de los Pueblos y la Técnica, 29 de junio de 2009, Roma, 69.
Mentalidad tecnicista, que hace coincidir la verdad con lo factible.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea,Capítulo Sexto, El Desarrollo de los Pueblos y la Técnica, 29 de junio de 2009, Roma, 70.

Cuando el único criterio de verdad es la eficiencia y la utilidad, se niega automáticamente el desarrollo.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea,Capítulo Sexto, El Desarrollo de los Pueblos y la Técnica, 29 de junio de 2009, Roma, 70.

Esta posible desviación de la mentalidad técnica de su originario cauce humanista se muestra hoy de manera evidente en la tecnificación del desarrollo y de la paz. El desarrollo de los pueblos es considerado con frecuencia como un problema de ingeniería financiera, de apertura de mercados, de bajadas de impuestos, de inversiones productivas, de reformas institucionales, en definitiva como una cuestión exclusivamente técnica. Sin duda, todos estos ámbitos tienen un papel muy importante, pero deberíamos preguntarnos por qué las decisiones de tipo técnico han funcionado hasta ahora sólo en parte. La causa es mucho más profunda. El desarrollo nunca estará plenamente garantizado plenamente por fuerzas que en gran medida son automáticas e impersonales, ya provengan de las leyes de mercado o de políticas de carácter internacional. El desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común. Se necesita tanto la preparación profesional como la coherencia moral. Cuando predomina la absolutización de la técnica se produce una confusión entre los fines y los medios, el empresario considera como único criterio de acción el máximo beneficio en la producción; el político, la consolidación del poder; el científico, el resultado de sus descubrimientos. Así, bajo esa red de relaciones económicas, financieras y políticas persisten frecuentemente incomprensiones, malestar e injusticia; los flujos de conocimientos técnicos aumentan, pero en beneficio de sus propietarios, mientras que la situación real de las poblaciones que viven bajo y casi siempre al margen de estos flujos, permanece inalterada, sin posibilidades reales de emancipación.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Sexto, El Desarrollo de los Pueblos y la Técnica, 29 de junio de 2009, Roma,71.
Uno de los aspectos del actual espíritu tecnicista se puede apreciar en la propensión a considerar los problemas y los fenómenos que tienen que ver con la vida interior sólo desde un punto de vista psicológico, e incluso meramente neurológico. De esta manera, la interioridad del hombre se vacía y el ser conscientes de la consistencia ontológica del alma humana, con las profundidades que los Santos han sabido sondear, se pierde progresivamente. El problema del desarrollo está estrechamente relacionado con el concepto que tengamos del alma del hombre, ya que nuestro yo se ve reducido muchas veces a la psique, y la salud del alma se confunde con el bienestar emotivo. Estas reducciones tienen su origen en una profunda incomprensión de lo que es la vida espiritual y llevan a ignorar que el desarrollo del hombre y de los pueblos depende también de las soluciones que se dan a los problemas de carácter espiritual. El desarrollo debe abarcar, además de un progreso material, uno espiritual, porque el hombre es «uno en cuerpo y alma», nacido del amor creador de Dios y destinado a vivir eternamente. El ser humano se desarrolla cuando crece espiritualmente, cuando su alma se conoce a sí misma y la verdad que Dios ha impreso germinalmente en ella, cuando dialoga consigo mismo y con su Creador. Lejos de Dios, el hombre está inquieto y se hace frágil. La alienación social y psicológica, y las numerosas neurosis que caracterizan las sociedades opulentas, remiten también a este tipo de causas espirituales. Una sociedad del bienestar, materialmente desarrollada, pero que oprime el alma, no está en sí misma bien orientada hacia un auténtico desarrollo. Las nuevas formas de esclavitud, como la droga, y la desesperación en la que caen tantas personas, tienen una explicación no sólo sociológica o psicológica, sino esencialmente espiritual. El vacío en que el alma se siente abandonada, contando incluso con numerosas terapias para el cuerpo y para la psique, hace sufrir. No hay desarrollo pleno ni un bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea,Capítulo Sexto, El Desarrollo de los Pueblos y la Técnica, 29 de junio de 2009, Roma, 76.

El absolutismo de la técnica tiende a producir una incapacidad de percibir todo aquello que no se explica con la pura materia. Sin embargo, todos los hombres tienen experiencia de tantos aspectos inmateriales y espirituales de su vida. Conocer no es sólo un acto material, porque lo conocido esconde siempre algo que va más allá del dato empírico. Todo conocimiento, hasta el más simple, es siempre un pequeño prodigio, porque nunca se explica completamente con los elementos materiales que empleamos. En toda verdad hay siempre algo más de lo que cabía esperar, en el amor que recibimos hay siempre algo que nos sorprende. Jamás deberíamos dejar de sorprendernos ante estos prodigios. En todo conocimiento y acto de amor, el alma del hombre experimenta un «más» que se asemeja mucho a un don recibido, a una altura a la que se nos lleva. También el desarrollo del hombre y de los pueblos alcanza un nivel parecido, si consideramos la dimensión espiritual que debe incluir necesariamente el desarrollo para ser auténtico. Para ello se necesitan unos ojos nuevos y un corazón nuevo, que superen la visión materialista de los acontecimientos humanos y que vislumbren en el desarrollo ese «algo más» que la técnica no puede ofrecer. Por este camino se podrá conseguir aquel desarrollo humano e integral, cuyo criterio orientador se halla en la fuerza impulsora de la caridad en la verdad. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea,Capítulo Sexto, El Desarrollo de los Pueblos y la Técnica, 29 de junio de 2009, Roma, 77.

Sin Dios el hombre no sabe donde ir ni tampoco logra entender quién es. Ante los grandes problemas del desarrollo de los pueblos, que nos impulsan casi al desasosiego y al abatimiento, viene en nuestro auxilio la palabra de Jesucristo, que nos hace saber: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Y nos anima: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final del mundo» (Mt 28,20). Ante el ingente trabajo que queda por hacer, la fe en la presencia de Dios nos sostiene, junto con los que se unen en su nombre y trabajan por la justicia. Pablo VI nos ha recordado en la Populorum progressio que el hombre no es capaz de gobernar por sí mismo su propio progreso, porque él solo no puede fundar un verdadero humanismo. Sólo si pensamos que se nos ha llamado individualmente y como comunidad a formar parte de la familia de Dios como hijos suyos, seremos capaces de forjar un pensamiento nuevo y sacar nuevas energías al servicio de un humanismo íntegro y verdadero. Por tanto, la fuerza más poderosa al servicio del desarrollo es un humanismo cristiano,que vivifique la caridad y que se deje guiar por la verdad, acogiendo una y otra como un don permanente de Dios. La disponibilidad para con Dios provoca la disponibilidad para con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa. Al contrario, la cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador y corre el peligro de olvidar también los valores humanos, se presentan hoy como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo. El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano. Solamente un humanismo abierto al Absoluto nos puede guiar en la promoción y realización de formas de vida social y civil —en el ámbito de las estructuras, las instituciones, la cultura y el ethos—, protegiéndonos del riesgo de quedar apresados por las modas del momento. La conciencia del amor indestructible de Dios es la que nos sostiene en el duro y apasionante compromiso por la justicia, por el desarrollo de los pueblos, entre éxitos y fracasos, y en la tarea constante de dar un recto ordenamiento a las realidades humanas. El amor de Dios nos invita a salir de lo que es limitado y no definitivo, nos da valor para trabajar y seguir en busca del bien de todos, aun cuando no se realice inmediatamente, aun cuando lo que consigamos nosotros, las autoridades políticas y los agentes económicos, sea siempre menos de lo que anhelamos. Dios nos da la fuerza para luchar y sufrir por amor al bien común, porque Él es nuestro Todo, nuestra esperanza más grande.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Conclusión, 29 de junio de 2009, Roma, 78.

El desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios en oración, cristianos conscientes de que el amor lleno de verdad, caritas in veritate, del que procede el auténtico desarrollo, no es el resultado de nuestro esfuerzo sino un don. Por ello, también en los momentos más difíciles y complejos, además de actuar con sensatez, hemos de volvernos ante todo a su amor. El desarrollo conlleva atención a la vida espiritual, tener en cuenta seriamente la experiencia de fe en Dios, de fraternidad espiritual en Cristo, de confianza en la Providencia y en la Misericordia divina, de amor y perdón, de renuncia a uno mismo, de acogida del prójimo, de justicia y de paz. Todo esto es indispensable para transformar los «corazones de piedra» en «corazones de carne» (Ez 36,26), y hacer así la vida terrena más «divina» y por tanto más digna del hombre. Todo esto es del hombre, porque el hombre es sujeto de su existencia; y a la vez es de Dios, porque Dios es el principio y el fin de todo lo que tiene valor y nos redime: «el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Co 3,22-23). El anhelo del cristiano es que toda la familia humana pueda invocar a Dios como «Padre nuestro». Que junto al Hijo unigénito, todos los hombres puedan aprender a rezar al Padre y a suplicarle con las palabras que el mismo Jesús nos ha enseñado, que sepamos santificarlo viviendo según su voluntad, y tengamos también el pan necesario de cada día, comprensión y generosidad con los que nos ofenden, que no se nos someta excesivamente a las pruebas y se nos libre del mal (cf. Mt 6,9-13).
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Conclusión, 29 de junio de 2009, 79.

Al concluir el Año Paulino, me complace expresar este deseo con las mismas palabras del Apóstol en su carta a los Romanos: «Que vuestra caridad no sea una farsa: aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo» (12,9-10).
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Conclusión, 29 de junio de 2009, Roma, 79.

Mercedes Salisachs; El secreto de las flores

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