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jueves, 3 de diciembre de 2020

Philippe Lançon; El colgajo


¿Cómo es posible vivir después de haber sufrido un atentado, uno en el que tantos compañeros y amigos han perdido la vida? ¿Qué supone seguir viviendo cuando se ha estado en el infierno en la tierra? ¿No es eso también una condena?

 

La larga reconfiguración de una nueva identidad.

 

El nacimiento de la nueva existencia.

 

El ingreso modifica su vida y la vida de las personas de su entorno; modifica sus sentimientos, sus recuerdos, su manera de leer, de escribir y hasta de respirar. El miedo, la dependencia y la culpa se apoderan del narrador, que busca señales sin cesar cuando las referencias se pierden de continuo.

 

1. NOCHE DE REYES

Las últimas palabras que anoté esa noche, a oscuras y de cualquier manera, son de Shakespeare: «Nada de lo que es, es».

 

1. NOCHE DE REYES

Nada de lo que te dicen es, cuando entras en un mundo en el que lo que es no puede en verdad decirse.

 

1. NOCHE DE REYES

Tiene este extraño privilegio: ser una amiga y un recuerdo, una amiga que se ha alejado y un recuerdo que está vivo. No hay peligro de que la olvide, pero, si en lo que sigue de este libro está poco presente, es porque me cuesta hacerla vivir fuera de aquella noche y de todo lo que esta me recuerda. 

 

1. NOCHE DE REYES

Nunca estamos seguros de escapar del desastre.

 

1. NOCHE DE REYES

Es algo que noto en su sonrisa y en su mirada cuando la veo, cuando hablamos, ese algo que simplifica la existencia y que solo habita con esa naturalidad en muy pocas personas, y se lo agradezco.

 

1. NOCHE DE REYES

Yo creía que el bienestar me había dejado para siempre después de un divorcio y de una depresión, esos fenómenos casi normales de la vida occidental contemporánea. Me equivocaba.

 

1. NOCHE DE REYES

Shakespeare es siempre un guía excelente cuando uno trata de abrirse paso por una niebla equívoca y sangrienta. Da forma a lo que no tiene sentido alguno y, de esta manera, da sentido a lo que se ha sufrido, vivido.

 

1. NOCHE DE REYES

Maquiavélico y puritano, dos atributos que son tal para cual: quien quiere castigar a los hombres por sus placeres y sentimientos en nombre del bien que cree defender, en nombre de un dios, se cree con derecho a hacer todo el mal que esté en sus manos para conseguirlo.

 

1. NOCHE DE REYES

Pese a que unas horas antes estábamos sentados uno al lado de otro, yo me quedé en el lado bueno de la vida y tú te precipitaste en el horror. Estos dos mundos parecen en la actualidad ser paralelos, y no sé si algún día podrán volver a encontrarse.

 

1. NOCHE DE REYES

Aquella noche, para mí, sigue estando suspendida entre dos mundos. Al día siguiente, la caída fue vertiginosa. Haberte visto la víspera tan de cerca y saberte, al día siguiente, tan lejos de la misma humanidad es insoportable.

 

1. NOCHE DE REYES

No podrán, ni en la vida ni en este libro. Las palabras, por un lado, y nuestros encuentros, por otro, tienden a reconstruir entre nosotros el puente que quedó destruido. Pero hay un agujero en medio. Lo suficientemente estrecho para que, de un lado y del otro, podamos vernos, hablarnos, casi tocarnos.

 

1. NOCHE DE REYES

Lo suficientemente ancho para que ninguno de los dos pueda reunirse con el otro en esa zona hecha de costumbres, de improvisaciones, de amistad, pero sobre todo de continuidad.

 

2. ALFOMBRA VOLADORA

Lo que yo no sabía es que el atentado me iba a hacer vivir cada minuto como si fuera la última línea: olvidar lo menos posible se convierte en esencial cuando uno se torna de repente extraño a lo que ha vivido, cuando siente que pierde por todas partes.

 

2. ALFOMBRA VOLADORA

Yo era ingenuo, optimista, ansioso, casi inocente.

 

3. LA REUNIÓN

Veía cómo su talento transformaba la realidad en directo.

 

3. LA REUNIÓN

Charlie era una bandera pirata que ondeaba en medio de la edad de oro del capitalismo.

 

5. ENTRE LOS MUERTOS

Recuerdos que te aíslan y que tiran de ti hacia atrás, hacia una escena en la que te gustaría volver a actuar de otra manera, con libertad, en las mejores condiciones, y que sin duda vuelve a empezar del mismo modo para encerrarte mejor.

 

5. ENTRE LOS MUERTOS

Los recuerdos subían a la superficie en desorden, deformados, inservibles, a veces incluso irreconocibles, pero con una presencia firme.

 

5. ENTRE LOS MUERTOS

La memoria es selectiva, cuanto más violento es lo que la llena, más selectiva es; y, no sé por qué, a usted no lo seleccionó.

 

5. ENTRE LOS MUERTOS

El idioma de las flores....

 

5. ENTRE LOS MUERTOS

Nunca habíamos sido íntimos, entre nosotros no había más que una simpatía instintiva.

 

6. EL DESPERTAR

Qué relaciones tienen los hermanos y hermanas? ¿Cómo se conjugan los recuerdos de una intimidad cotidiana —la de la infancia— con el alejamiento progresivo que le suele suceden?

 

6. EL DESPERTAR

Escribir era protestar, aunque también era ya una forma de aceptación. La primera frase, pues, tuvo esa virtud inmediata: hacerme comprender cuánto iba a cambiar mi vida, y que había que admitir sin vacilar todo lo que dicho cambio entrañaría. Las circunstancias eran tan nuevas que exigían un hombre, si no nuevo, al menos metamorfoseado en el plano moral como lo estaba en el plano físico. Todo se jugó, creo, en esos primeros minutos. Una combinación de estoicismo e indulgencia definió mi actitud en los meses que siguieron: nació en aquel instante, bajo aquella luz y con aquella sencilla frase: «Con Gabriela está jodido». Se trataba de una combinación no exenta de dandismo: quise aparecer en todas las circunstancias como aquel que había decidido ser, desde el quirófano al baño, desde la silla a la camilla, desde el pasillo austero del servicio al hermoso parque sombreado del hospital de la Salpêtrière. Pero en la medida en que mi cuerpo sufría una metamorfosis brutal e irreversible, esta manera de ser se convirtió en mi segunda naturaleza, en aquella que lo acompañaba. La necesidad (aceptar todo) y el deber (aceptarlo con la mayor gratitud y ligereza posibles, con una gratitud y una ligereza de hierro) iban a llevarme a convertir en inmutable lo único que podía y debía serlo: mi carácter en presencia de los demás: Los cirujanos ayudarían a la naturaleza a reparar mi cuerpo. Yo debía ayudar a esa naturaleza a fortalecer el resto. Y no rendir homenaje al horror vivido con una ira o una melancolía que tan a menudo hab´ñia expresado en días menos difíciles, ya pasados.

 

6. EL DESPERTAR

De lágrima fácil

 

6. EL DESPERTAR

Había que despedirse de muchas cosas, habría que dar la bienvenida a otras.

 

6. EL DESPERTAR

Pero ¿de qué era culpable, aparte de estar en el lugar equivocado en el momento menos oportuno?

 

6. EL DESPERTAR

Su elegancia y su porte.

 

6. EL DESPERTAR

Llegó el dolor, el de verdad, y con él, por un momento, como una luz roja a través de una persiana, la percepción de la batalla que iba a tener que librar.

 

6. EL DESPERTAR

Me encontraba en un estado y en una situación que hacían de mí, en sentido propio, un inocente, y tendría que ir venciendo poco a poco, si era posible, la sensación de que no sabía escribir nada de lo que me pasaba. Tendría que hacerlo, simplemente, para aprender de nuevo a vivir.

 

7. GRAMÁTICA DE HABITACIÓN

También me inventé una palabra para eso: hay que estar «mejormejor».

 

7. GRAMÁTICA DE HABITACIÓN

Los recuerdos espesaban los momentos.

 

11. EL HADA IMPERFECTA

Cuanto que me aferraba a su humor para salir del mío.

 

11. EL HADA IMPERFECTA

Su humor un poco altivo, muy directo, la protegía de los demás, pero también, en cierta medida, de sí misma.


11. EL HADA IMPERFECTA

Sabía lo que valía


11. EL HADA IMPERFECTA

Sabía de su dureza y no ahorraba en muestras de atención e incluso de cariño.

 

11. EL HADA IMPERFECTA

Había entregado su vida a la cirugía, pero no lo pregonaba. Su aversión a la pompa y al sentimentalismo se notaba de inmediato y me obligaba a mantenerme en el papel del paciente estoico, incluso divertido.

 

11. EL HADA IMPERFECTA

Nos moriremos antes de haber envejecido.

 

11. EL HADA IMPERFECTA

Ella: «¿Se puede ser divertido sin tomarse en serio? Quiero decir, ¿divertido sin reírse de uno mismo?».

 

11. EL HADA IMPERFECTA

A lo largo de una vida uno se moría incontables veces, muertes pequeñas que nos dejaban allí, de pie, petrificados, supervivientes en una isla, como la de Robinson, que no hemos escogido, con nuestros recuerdos para construir como podamos un futuro y sin ningún Viernes que nos ayudara a labrarlo.

 

13. CALENDARIO ESTÁTICO

Aprovecha la ocasión para regalarme una antología de poemas persas, Oasis d’émeraude, de Sohrab Sepehri.

 

13. CALENDARIO ESTÁTICO

En fin, dejemos los recuerdos donde están.

 

14. LA CAJA DE GALLETAS

Cada momento se cerraba sobre sí mismo antes de que llegara el siguiente.

 

14. LA CAJA DE GALLETAS

Uno siembra psicología donde no comprende nada, me decía.

 

14. LA CAJA DE GALLETAS

Uno nace también donde decide renacer.

 

14. LA CAJA DE GALLETAS

Había leído varios libros en los que se hablaba de los vínculos entre fotografía y muerte. En general me parecían demasiado largos, se los podría resumir como sigue: lo que se ha capturado deja de existir al segundo siguiente; lo que vemos es la huella inmóvil de un instante, de una vida que ha terminado; e incluso esta huella terminará borrándose algún día. Lo que vemos al final es la condensación de todos estos fenómenos. No es por tanto ni una realidad, ni un recuerdo, ni una fantasía, ni una ensoñación, ni un ritual de resurrección, sino un poco todo a la vez. Como cualquier persona, había tenido ocasión de comprobarlo mirando fotos de infancia, de juventud y en última instancia incluso de un día antes; mirando sobre todo fotografías de juventud de mi madre y de mi padre que había encontrado en su casa o en la de mi abuela materna, y que había guardado: había pegado algunas en hojas de papel DIN-A4 y les había añadido poemas que, en el momento de escribirlos, me permitían apropiarme de estas vidas que me habían precedido. 

 

14. LA CAJA DE GALLETAS

Cuando estás muy mal, cuando la tristeza se te hace insoportable, tienes que buscar los gestos que te procuran alivio.

 

15. EL COLGAJO

«El cerebro necesita tiempo para comprender y traducir los mensajes que le mandan los nervios frenéticos; el paciente debe ser paciente, y debe serlo lo más rápido posible».

 

16. ESCENA CONYUGAL

No quería volver a salir del capullo, me sentía incapaz. La mera idea de abandonar el recinto del hospital me aterrorizaba. No porque fuera el lugar en el que era omnipotente, sino porque era el lugar en el que mi experiencia era vivible.

 

16. ESCENA CONYUGAL

Sus nombres forman una guirnalda y no pasa un solo día en que no piense en uno u otro.

 

16. ESCENA CONYUGAL

La mujer a la que amaba se había convertido en la mujer que sobraba.

 

16. ESCENA CONYUGAL

Muestra cómo el atentado crea una cadena de sufrimientos súbitos, comunes y particulares, en el que cada amigo de la víctima parece de pronto marcado a fuego candente, como ganado: la violación es colectiva. Es por ello por lo que, a partir del 7 de enero, mi vida dejó de ser mía. Me convertí en responsable de aquellos que, de un modo u otro, me querían. Mis heridas eran también las suyas. Mi prueba, mi adversidad era cosa de todos.

 

16. ESCENA CONYUGAL

Todo lo que venía de Chloé me fortalecía especialmente.

 

16. ESCENA CONYUGAL

Cuando uno se calla, se siente casi inteligente.

 

16. ESCENA CONYUGAL

Escribir sobre mi propio caso era la mejor manera de comprenderlo, de asimilarlo, pero también de pensar en otra cosa, puesto que quien escribía dejaba de ser por unos minutos, por una hora, el paciente sobre el cual escribía: era un reportero y el cronista de una reconstrucción. Estaba como nunca agradecido a mi oficio, que era también una manera de ser y de vivir, a fin de cuentas: haberlo ejercido tantos años me permitía mantener a distancia mis propias penas justo cuando más lo necesitaba, y transformarlas, como un alquimista, en objetos de curiosidad.

 

16. ESCENA CONYUGAL

Escribir es la mejor manera de salir de uno mismo, aunque uno no hable de otra cosa.

 

17. EL ARTE DE LA FUGA

Uno no se libra del infierno en el que está, no hay forma de destruirlo. Yo no podía eliminar la violencia que me habían infligido, ni tampoco aquella que trataba de mitigar los efectos de la primera. Lo que sí podía hacer, en cambio, era aprender a convivir con ella, a domesticarla buscando, como decía Kafka, la mayor dulzura posible.

 

18. EL SEÑOR TARBES

Nunca sabemos lo que nos va a deparar el mañana.

 

19. EL MAL DEL PACIENTE

Cuando la intensidad se convierte en la regla, uno se pliega a ella con entusiasmo, y lo que carece de intensidad se asemeja al tiempo muerto y hace de uno una suerte de fantasma.

 

19. EL MAL DEL PACIENTE

Recuerdos apagados.

 

19. EL MAL DEL PACIENTE

En una primera vida

 

19. EL MAL DEL PACIENTE

Era un alivio, una simplificación y una elevación.

 

19. EL MAL DEL PACIENTE

El momento de buscar consuelo en una frase de Michel Foucault, cuyo padre era cirujano: “He reemplazado lo imborrable de la cicatriz por el signo perfectamente borrable y tachable de la escritura”».

 

20. LOS REGRESOS

No se regodeaba en ninguna de sus penas. Barría la evidencia de la soledad y de las incertidumbres de la vida con una cálida sonrisa.

 

20. LOS REGRESOS

«Usted y yo», le dije, «empezamos los dos una nueva vida».

 

20. LOS REGRESOS

Sus palabras me masajeaban tanto como sus manos.

 

20. LOS REGRESOS

Los acontecimientos más fugazmente violentos e inesperados se instalan y ocupan un lugar destacado en nuestras vidas porque van a trastocarlas, pero los detalles de los minutos irreversibles parecen sustraerse a nuestros recuerdos: y si yo escribo es solo con la tenue esperanza de restituirlos en parte.

 

lunes, 7 de mayo de 2018

La Delicadeza


La Delicadeza
David Foenkinos

No podría reconciliarme con las cosas, ni aunque cada instante tuviera que arrancarse al tiempo para besarme. Ciorana

Le gustaba reír, y también leer. Dos ocupaciones que rara vez podía simultanear, pues prefería las historias tristes.

Había atravesado la adolescencia sin tropiezos, respetando los pasos de cebra. A los veinte años, el porvenir era para ella una promesa.

Una entrada en materia muy clásica, que a menudo determina el punto de partida de algo que, por lo general, con el tiempo deja de ser tan clásico.

Aunque sometido a la dictadura de la sensualidad, no dejaba de ser un hombre romántico, que pensaba que el mundo de las mujeres podía resumirse a una sola.

La literatura estaba allí, en ese momento, entre ellos.

Los tres libros preferidos de Nathalie: Bella del señor, de Albert Cohen,  El amante, de Marguerite Duras, La separación, de Dan Franck

Quizá haya una dictadura de lo concreto que contraría siempre las vocaciones.

Era de esa clase de hombres que abordan a una mujer una sola vez en la vida, y van y aciertan.

Con François, el tiempo transcurría a velocidad de vértigo. Era como si tuviera la capacidad de saltarse días, de crear extrañas semanas sin jueves. Acababan de conocerse y ya estaban celebrando su segundo aniversario de noviazgo. Dos años sin el más mínimo nubarrón, su relación habría dejado pasmados a todos los especialistas en tirarse los trastos a la cabeza.

Ese puzzle parecía distinto a los demás. No se veía ningún dibujo, no había castillos ni personajes. Se trataba de un fondo blanco sobre el que destacaban líneas curvas de color rojo. Líneas que resultaron ser letras. Era un mensaje en forma de puzzle. Nathalie dejó el libro que acababa de abrir para observar el progreso del puzzle. De vez en cuando, François volvía la cabeza hacia ella. El espectáculo de la revelación avanzaba hacia su desenlace. Sólo quedaban unas pocas piezas, y ya Nathalie acertaba a adivinar el mensaje, un mensaje construido con meticulosidad, mediante cientos de piezas. Sí, ahora ya podía leer lo que ponía: «¿Quieres casarte conmigo?»

Como no podía ser de otra manera, la boda fue preciosa.

Había una botella de champán para cada invitado, lo cual resultaba de lo más práctico.

Hay una jerarquía en la obligación de la alegría, y las bodas están en la cúspide de la pirámide.

Felicidad absoluta

A François le encantaba John Lennon. De hecho, en su honor, se casó vestido de blanco de los pies a la cabeza. Así, cuando los novios bailaban, la blancura de uno se perdía en la del otro.

Amputado esos momentos de aire libre.

En la felicidad siempre llega un momento en que uno está solo entre la multitud.

Organizar una boda es como formar gobierno después de una guerra

Nadie podía imaginar que a veces esa felicidad le daba miedo, Nathalie temía que pudiera llevar intrínseca la amenaza de la desgracia.

Por primera vez, vivían la vida en su densidad única y total: la del momento presente.

La familia y los amigos presentes el día de su boda formaban lo que podría llamarse el primer círculo de presión social. Presión que pedía la venida al mundo de un niño. ¿Tanto se aburrían en su vida como para que les interesara hasta ese punto la de los demás

Vivimos sometidos a la tiranía de los deseos ajenos.

Frases que se le antojan sublimes.

Nathalie vivía en la extraña bruma de la monogamia. Perdón, del amor.

Así fueron pasando los años, y todo parecía tan sencillo, mientras que para los demás todo se hacía más cuesta arriba. Nathalie no comprendía esta expresión: «La relación de pareja hay que trabajarla todos los días.» Según ella, las cosas eran sencillas o no. Resulta muy fácil pensar eso cuando todo va como la seda, cuando nunca hay oleaje. Bueno, sí, alguna vez. Pero cabe preguntarse si no se peleaban simplemente por el placer de reconciliarse. ¿Entonces? Que todo les fuera tan bien ya casi resultaba inquietante. El tiempo pasaba sobre esa facilidad, sobre esa rara habilidad que tienen los vivos.

La contemplación cotidiana de esa feminidad inaccesible le resultaba agotadora.

Quizá fuera ésa su mejor cualidad: la de saber esconder sus flaquezas.

Un segundo después, su vida ya no era la misma.

Letanía alucinatoria

Por la mañana todavía era una mujer. Y ahora se dormía como una niña.

¿Cómo podía tanta felicidad hacerse pedazos de esa manera?

Unos años después, volvemos a reunirnos, y algunos seguramente van igual vestidos que entonces. Habrán sacado del armario su único traje oscuro, que lo mismo vale para la felicidad que para la desgracia. Única diferencia: el tiempo.

Recorría el salón, y todo estaba ahí. Exactamente igual que antes. No se había movido nada. La manta seguía sobre el sofá. También la tetera, sobre la mesa baja, con el libro que estaba leyendo. Le impresionó especialmente ver el señalador. El libro quedaba así dividido en dos; la primera parte la había leído mientras aún vivía François. Y, en la página 321, François había muerto. ¿Qué hay que hacer en esos casos?

¿Puede alguien proseguir la lectura de un libro interrumpido por la muerte de su marido?

Nadie escucha a los que dicen querer estar solos.

La voluntad de soledad sólo puede ser una pulsión patológica. Por mucho que Nathalie se esforzara por tranquilizar a todo el mundo, la gente se empeñaba en ir a visitarla.

Le costaba entender que se pudiera tener fe después de haber vivido una tragedia.

Qué difícil mantener la fe después de una tragedia....

Para que el trauma no gangrenara su inconsciente.

Entonces se arrodillaba, y era como una santa con un demonio en el corazón.

Algo, en el movimiento de los días, se había roto de manera brutal.

Recuperar así una especie de soltura nocturna.

Desdoblada así, observaba pasmada la mujer que ya no era.

Estaba sumido en lo que él mismo llamaba «la vida de ca(n)sado».

La velada había seguido la misma línea que el Titanic. Una velada festiva al principio, que al final terminaba en un naufragio. A menudo la verdad se parecía mucho a un iceberg. Nathalie seguía en su campo visual, y quería verla alejarse lo más rápido posible. Incluso el puntito que era ahora se le antojaba desmesuradamente insoportable.

Hay en el duelo una fuerza contradictoria, una fuerza absoluta que lo propulsa a uno tanto hacia la necesidad de cambio como hacia la tentación morbosa de la fidelidad al pasado.

Es que bastaba cambiar de ambiente para cambiar de humor

Una bulimia del trabajo.

Sólo buscaba ahogarse en trabajo y más trabajo

Quizá el dolor sea eso: una forma permanente de estar desarraigado de lo inmediato.

Si supieras lo que tengo en la cabeza, tengo algo tan bonito que borra todos los datos inútiles...

Repasaba en su cabeza una y otra vez la escena del beso. Era ya una película de culto en su memoria.

Silogismos de la amargura, de Cioran.

Permite ver en El beso la realización postrera de la búsqueda humana de la felicidad.

Tres aforismos de Cioran leídos por Markus en el tren de cercanías: El arte de amar consiste en saber unir a un temperamento de vampiro la discreción de una anémona. * En el corazón de cada deseo se enfrentan un monje y un carnicero. * El espermatozoide es un bandido en estado puro.

La pena de amores: no sabes cuándo se te pasará. En el momento más crudo del dolor, piensas que la herida siempre estará abierta. Y, de pronto, una mañana te extrañas de no sentir ya ese peso terrible.
Qué sorpresa darse cuenta de que el dolor ya no está. ¿Por qué ese día? ¿Por qué no más tarde, o antes? Es la decisión totalitaria de nuestro cuerpo. Para ese impulso del beso, Markus no debía buscar una explicación concreta. Había aparecido en el momento adecuado. La mayoría de las relaciones se resumen de hecho a esa simple cuestión del momento adecuado.

Markus, que se había perdido tantas cosas en la vida, acababa de descubrir su capacidad de aparecer en el momento ideal en el campo visual de una mujer.

Hay gente fantástica a la que se conoce en mal momento. Y hay gente que es fantástica porque se la conoce en el momento adecuado.

Lágrimas imprevisibles

Utilizaría el sábado y el domingo como dos gruesas mantas.

Su primera decisión fue muy simple: la reciprocidad. Si ella lo había besado sin pedirle su opinión, no veía por qué no podría él hacer lo mismo.

Entonces es que no sabe usted nada de la sensualidad. Un beso suyo, y luego nada... Pues claro que es un crimen. En el reino de los corazones secos sería usted condenada.

Se daban por fin todas las condiciones para una velada indolora.

El vacío sideral del después.

La vida son sobre todo momentos de borrador, tachones y espacios en blanco.

La belleza estaba ahí, delante de él, mirándolo fijamente a los ojos, como una anticipación de lo trágico.

Sentía que todo lo que sabía del amor había sido saqueado.

Tienen una manera de no hablarse de lo más elocuente

Y Markus se dijo: ¿cómo he podido pensar que podía no verla más? Le sonrió, y Nathalie contestó a su sonrisa con otra sonrisa. Habían vuelto las sonrisas. Es curioso cómo a veces uno decide algo muy en serio, se dice que todo será así a partir de ahora, y basta un ínfimo gesto de los labios para quebrar la seguridad de una certeza que parecía casi eterna. Toda la voluntad de Markus acababa de derrumbarse ante una evidencia, la del rostro de Nathalie. Un rostro cansado, un rostro apenado por la incomprensión, pero no dejaba de ser el rostro de Nathalie. Sin hablar, abandonaron discretamente la fiesta para reunirse en el despacho de Markus.

Agarrarse al blanco; a la inmensidad del blanco.

Se quedaron un momento así, un momento que dura todavía

Uno nunca debería tratar de evitarse un dolor potencial.

Tenía ganas de partir hacia un destino desconocido. Nada era trágico. Sabía que existían transbordadores entre la isla del dolor, la del olvido y aquélla, más lejana todavía, de la esperanza.

En una historia de amor, el alcohol acompaña dos momentos opuestos: cuando se descubre al otro y hay que narrarse uno mismo, y cuando ya no hay nada que decirse.

Las veladas pueden ser extraordinarias, las noches, inolvidables, y, sin embargo, todas desembocan siempre en mañanas normales y corrientes.

Quizá no haya nada tan extenuante como vivir bajo la tiranía sensual de una belleza fija, detenida en el tiempo.

Era la encarnación violenta de la feminidad.

Ello había originado incluso en su vida, por lo absurdo del mecanismo sensual, un renacer con su mujer. Durante semanas, no habían dejado de hacer el amor, de reencontrarse a través del cuerpo. Se podía hablar incluso de una época magnífica. A veces es mucho más emocionante recuperar un viejo amor que descubrir uno nuevo. Y luego la agonía se había reanudado despacio, como una risa malévola: ¿cómo habían podido creer que volvían a quererse? Aquello había sido una transición, un paréntesis en forma de desesperación disfrazada, una ligera llanura entre dos montañas patéticas.

Una posición frágil, a la espera

Pensó enseguida: esa sonrisa es un crimen.

Un pasado que no termina nunca de pasar.

En Suecia, las carreteras son rectas; llevan a un destino que se ve.

Era la oscuridad más luminosa de su vida

Redescubrir juntos el manual de instrucciones de la ternura.

La vida podía avanzar, la vida podía arrasarlo todo, pero allí nada se movía: era la esfera de lo inmutable.

Instantes robados a la perfección

Mercedes Salisachs; El secreto de las flores

1 Y lo que es peor, el desmoronamiento se produjo de repente, sin que hubiera intervenido antes un signo de alerta, ni los ecos de aquella n...