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sábado, 9 de enero de 2021

Stefan Zweig; ¿Fue él?

Pasar los días ya un poco apagados de nuestra vejez ocupándonos de los asuntos más nimios y plácidos de la vida, como las flores y los libros.


Pero resultaba difícil de soportar por la manera sonora y ostentosa que tenía de ser permanentemente feliz.


Jamás, antes de conocer a Limpley, habíamos visto nosotros, gente mayor, que virtudes tan justas como la bondad, la cordialidad, la franqueza y la afectuosidad, por culpa de un estridente exceso, pudieran llevarle a uno a la desesperación.


Es una desfachatez ser feliz de una manera tan ostentosa y andar por ahí ventilando con tanto descaro sus sentimientos.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Stefan Zweig ; Miedo


La saciedad puede ser tan estimulante como el hambre, y esa vida regalada, carente de peligros, despertó en ella la sed de aventuras.


Todo lo que antes le parecía superficial, lo veía de repente como algo imprescindible, y le resultaba absurdo, prácticamente un sueño irreal, que una vagabunda a la que no conocía de nada la acechase por la calle y tuviera el poder de hacer saltar por los aires su vida familiar con una sola palabra.

Su miedo se había convertido en un delicado martillo con el que golpeaba cada uno de sus recuerdos, tratando de encontrar una entrada a las cámaras secretas del corazón de su marido.

Soledad suicida impuesta por el temor.

Adormecida por la tibia dicha en la que se había instalado, no había sentido la necesidad de salir de sí misma y aproximarse a ellos. Entre ella y su familia mediaban personas a las que se pagaba para que la dispensasen de cualquier obligación, de cualquier compromiso. Institutrices y sirvientes asumían esas pequeñas tareas en las que ahora —desde que había intentado entrar en la vida de sus hijos— empezaba a descubrir un atractivo del que carecían las ardientes miradas de los hombres o la pasión de un abrazo.

Se había sentido tentada por lo prohibido y había acabado perdiendo todo lo que tenía.

Bienestar con el que su alma se había adormecido.

El miedo es peor que el castigo, porque éste es algo determinado y, por severo que sea, no se puede comparar con el temor que despierta en nosotros lo incierto, una tensión espantosa, que no conoce límite.

Los acusados sufren por la carga que supone tener que fingir, por la amenaza de ser descubiertos, por la necesidad de defender una mentira vulnerable en mil pequeños detalles, que a ellos se les escapan.

En secreto deseaba lo que hasta entonces más había temido: verse descubierta, que cayera sobre ella un rayo liberador y la fulminara.

Cada vez que entregaba dinero compraba una tarde sin preocupaciones, unas horas con los niños, un paseo.

domingo, 10 de junio de 2018

Stefan Zweig; Carta a una desconocida


Desde que sentí esa tierna y suave mirada, quedé a tu merced.

Creí que esa ternura sólo era para mí, para mí sola.

No hay nada más terrible que estar sola cuando estás rodeada de gente.

Todas las vías de desprecio, de frialdad, de indiferencia, todas me las había representado

No me reconociste, ni entonces ni en ningún otro momento, nunca me has reconocido. ¿Cómo te puedo describir, querido, la decepción

La expectativa era paralizante.

Porque a ti, ciertamente, sólo te gustan las cosas fáciles, juguetonas, nada pesadas, tienes miedo de inmiscuirte en un destino ajeno.

Pero tu bondad es peculiar, está abierta a cualquiera para darle todo lo que le quepa en las manos, tu bondad es grande, infinitamente grande, pero es —discúlpame— indolente.

Ayudas cuando te llaman, ayudas por vergüenza, por debilidad, no por placer. Déjame que te lo diga sinceramente: te gusta más un compañero en la fortuna que un pobre necesitado. Y a las personas que son como tú, aunque sean muy buenas, cuesta pedirles cualquier favor.

Nunca he conocido a ningún hombre que se entregue en esos momentos con tanta ternura, que ofrezca su profunda intimidad con tanto altruismo y que después lo diluya todo en un olvido infinito, casi inhumano.

Entonces su mirada se posó en el jarrón azul que tenía ante él, encima del escritorio. Estaba vacío, por primera vez desde hacía años estaba vacío en el día de su cumpleaños, y se asustó: fue como si, de repente, se hubiese abierto una puerta invisible y un golpe de aire frío hubiera penetrado desde el más allá en su tranquila habitación. Sintió a la muerte y sintió un amor inmortal: algo le atravesó el alma y pensó en aquella mujer invisible, etérea y apasionada como el recuerdo de una lejana melodía.

Mercedes Salisachs; El secreto de las flores

1 Y lo que es peor, el desmoronamiento se produjo de repente, sin que hubiera intervenido antes un signo de alerta, ni los ecos de aquella n...