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martes, 24 de febrero de 2009

Damos demasiado poco si damos sólo lo material

Toda la obra de Jesús brota de su oración, es su soporte.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.166.


Nada puede llegar a ser correcto si no estamos en el recto orden con Dios.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.168.


Lo verdaderamente importante en la oración no es esto o aquello, sino que Dios se nos quiere dar….La oración es un camino para purificar poco a poco nuestros deseos, corregirlos e ir sabiendo lo que necesitamos de verdad: a Dios y a su espíritu.Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.171.


Damos siempre demasiado poco si sólo damos lo material.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.240.


Tenemos que aprender de nuevo, desde lo más íntimo, la valentía de la bondad; sólo lo conseguiremos si nosotros mismos nos hacemos “buenos” interiormente, si somos “prójimos” desde dentro y cada uno percibe qué tipo de servicios se necesita en mi entorno y en el radio más amplio de mi existencia, y como puedo prestarlo yo. Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.240.


Hay que recortar la autoexaltación del hombre y de las instituciones; todo lo que se ha vuelto demasiado grande debe volver de nuevo a la sencillez y a la pobreza del señor mismo. Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.308.

domingo, 25 de enero de 2009

Jesús de Nazaret

En todos los tiempos, el hombre no se ha preguntado sólo por su proveniencia originaria; más que la oscuridad de su origen, al hombre le preocupa lo impenetrable del futuro hacia el que se encamina.
Joseph Ratzinguer; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.23.

Jesús no aparece como un hombre genial con sus emociones, sus fracasos y sus éxitos, con lo que, como personaje de una época pasada, quedaría a una distancia insalvable de nosotros. Se presenta ante nosotros más bien como “el Hijo predilecto”.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.47.

Jesús tiene que entrar en el drama de la existencia humana – esto forma parte del núcleo de su misión – recorrerla hasta el fondo, para encontrar así a la “oveja descarriada”, cargarla sobre sus hombros y devolverla al redil.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.50.

El núcleo de toda tentación: apartar a Dios que, ante todo lo que parece más urgente en nuestra vida, pasa a ser algo secundario, o incluso superfluo y molesto. Poner orden en nuestro mundo por nosotros solos, sin Dios, contando únicamente con nuestras propias capacidades, reconocer como verdaderas sólo las realidades políticas y materiales, y dejar a Dios de lado como algo ilusorio, ésta es la tentación que nos amenaza de muchas maneras.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.52.

Es propio de la tentación adoptar una apariencia moral.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.53.

Cuando a Dios se le da una importancia secundaria, que se puede dejar de lado temporal o permanentemente, entonces fracasan precisamente estas cosas presuntamente más importantes.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.58.

Si el corazón del hombre no es bueno, ninguna otra cosa puede llegar a ser buena. Y la bondad de corazón sólo puede venir de Aquel que es la bondad misma, el Bien.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.58.

El tentador no es tan burdo como para proponernos directamente adorar al diablo. Sólo nos propone decidirnos por lo racional, preferir un mundo planificado y organizado, en el que Dios puede ocupar un lugar, pero como asunto privado, sin interferir en nuestros propósitos esenciales.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.67.

¿Qué ha traído Jesús realmente, si no ha traído la paz al mundo, el bienestar para todos, un mundo mejor? ¿Qué ha traído? La respuesta es muy sencilla: a Dios. Ha traído a Dios.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.69.

Ha traído a Dios: ahora conocemos su rostro, ahora podemos invocarlo. Ahora conocemos el camino que debemos seguir como hombres en este mundo. Jesús ha traído a Dios y, con El, la verdad sobre nuestro origen y nuestro destino; la fe, la esperanza y el amor. Sólo nuestra dureza de corazón nos hace pensar que esto es poco.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.70.

sábado, 12 de enero de 2008

La Sal de la Tierra / Joseph Ratzinger

El hombre es un ser moral, responsable de sí mismo y de toda la humanidad, y un ser que para poder seguir adelante, necesita recibir ayuda de Dios.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, Madrid, 2007, p.41.

Mi vida no consiste en meras casualidades, sino que hay alguién que me precede y ha previsto todo para mí, que piensa y dispone mi vida. Yo puedo rehusarlo – por supuesto – pero también puedo aceptarlo, y entonces es cuando soy consciente de que, en efecto, hay una luz “providente” que me dirige.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, Madrid, 2007, p.46.

La música de Mozart encierra toda la tragedia de la existencia humana.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, Madrid, 2007, p.52.

La fe da al cristiano luz.
Joseph Ratzinger;La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, Madrid, 2007, p.59.

Si el hombre no reconoce la verdad, se degrada.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, Madrid, 2007, p.73.

La libertad del hombre es siempre una libertad compartida. Es una libertad vivida entre todos y eso exige servir.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, Madrid, 2007, p.87.

Nosotros somos servidores de la Iglesia, y no los que decidimos lo que es la Iglesia.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, Madrid, 2007, p.87.

La espera en un mundo mejor no sirve para nadie, porque cada uno debe encontrar una solución en su propio mundo, en su momento presente.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, Madrid, 2007, p.126.

El juicio es alegría, porque nos da la seguridad de que el mundo es justo, y siempre vence el bien. Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, Madrid, 2007, p.200.

martes, 18 de diciembre de 2007

La Sal de la Tierra / Joseph Ratzinger

En el trato con Dios no hay hastío posible. Tal vez pueda haberlo en algún ejercicio de piedad, en alguna lectura piadosa, pero nunca en una relación con Dios como tal.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, , Madrid, 2007, p.14.

Los caminos de Dios nunca conducen a resultados rápidamente mensurables, y eso puede comprobarse viendo cómo Jesucristo acabó en la cruz.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, , Madrid, 2007, p.18.

Yo diría que el catolicismo sólo puede entenderse debidamente, poniéndose en camino. Pensamiento y vida son una misma cosa; no hay otro modo de entender lo católico.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, , Madrid, 2007, p.22.

La teología de lo pequeño es fundamental en el cristianismo.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, , Madrid, 2007, p.22.

La fuerza de la historia se encuentra siempre en el hombre que ama, es decir en una fuerza que no se puede medir como se miden las categorías del poder.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, , Madrid, 2007, p.23.

Una pequeña partícula de amor, pareciendo tan débil, es muy superior a la máxima capacidad de destrucción.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, , Madrid, 2007, p.23.

Dios se ha fijado en mí, una certeza en la que puedo basar mi vida, y con la que puedo vivir y morir.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, , Madrid, 2007, p.23.

Si decido vivir sin Dios, o contra Dios – cosa que por supuesto tengo libertad para poder hacer -, todos mis actos serán, lógicamente, distintos a si pretendo vivir cara a Dios. Es una decisión que abarca plenamente todo mi ser: mi concepto del mundo, cómo quiero ser y cómo soy.No es una decisión cualquiera, como una de tantas que pueda tomar en el mercado de posibilidades que se me ofrece. Ahí se decide todo el proyecto de mi vida.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, , Madrid, 2007, p.24.

Lo esencial en la religión es la relación del hombre con el Desconocido que le trasciende y al que la fe llama Dios, y la facultad del hombre de entrar en esta relación original por encima de lo sensible y de lo mensurable. El hombre vive de relacionarse y la calidad de su vida depende de que sean justas sus relaciones esenciales – con el padre, la madre, el hermano, la hermana, etc – o aquellas fundamentales que están escondidas en su ser. Pero si la primera de todas esas relaciones, es decir, si la relación con Dios no es buena, entonces ninguna de las otras podrá ser buena.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, , Madrid, 2007, p.25.

Las cuestiones de fe requieren tiempo y paciencia.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, , Madrid, 2007, p.34.

Mercedes Salisachs; El secreto de las flores

1 Y lo que es peor, el desmoronamiento se produjo de repente, sin que hubiera intervenido antes un signo de alerta, ni los ecos de aquella n...