Mostrando las entradas con la etiqueta Rachel Cusk. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Rachel Cusk. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de septiembre de 2022

Rachel Cusk; A contraluz



1

Lo inesperado a veces parece una invitación del destino.

 

1

Explicar por qué el matrimonio se había roto: el matrimonio es, entre otras cosas, un sistema de creencias, un relato, y aunque se manifiesta en cosas muy reales, sigue un impulso que, en última instancia, es un misterio. Al final, lo real era la pérdida de la casa, que se había convertido en el emplazamiento geográfico de todas las cosas que habían desaparecido y que representaba, suponía yo, la esperanza de que un día esas cosas pudieran regresar.

 

1

Durante unas semanas, vivió en un estado de ilusión pura que, en realidad, era aturdimiento, como el aturdimiento que sigue a una herida antes de que el dolor asome abriéndose paso lenta pero implacablemente por entre la cerrada niebla analgésica. El tiempo empeoró; el yate se volvió frío e incómodo. El padre de su mujer lo convocó a una reunión en la que le pidió que renunciara a cualquier derecho sobre los bienes que el matrimonio tuviera en común, y él accedió.

 

1

En un naufragio se pierden muchísimas cosas. Lo que queda son fragmentos, y si no te agarras bien a ellos, el mar te lleva a ti también.

 

2

Estaba rodeado de personas para las que el concepto de transformación personal era artículo de fe.

 

2

Universidad, una de antes de marcharse a América. Lo que Ryan había aprendido de todo aquello era que tus fracasos nunca dejan de regresar a tu lado, mientras que tus éxitos son algo de lo que siempre tendrás que convencerte.

 

2

Demasiados vínculos con lo que eras. No está muy seguro de qué ha sucedido; lo único que sabe es que él ya no se reconoce en esos cuentos, aunque sí recuerda la efervescencia que sentía al escribirlos, recuerda que algo en su interior se concentraba, pujando irresistiblemente para nacer. No ha vuelto a tener esa sensación; está casi convencido de que para seguir escribiendo tendría que partir de cero, y entonces, ya puestos, también podría acabar haciéndose astronauta o granjero. Es como si no fuera capaz de recordar qué lo había empujado hacia las palabras en primer lugar, hacía ya tantos años, pero aun así sigue tratando con ellas. Supongo que es un poco como el matrimonio, dice. La estructura entera la levantas en un momento de intensidad que ya no volverá a repetirse. Es la base de tu fe y a veces te despierta recelos, pero nunca renuncias a ella porque es ahí donde reside buena parte de tu vida.

 

2

El manejo de un hogar tiene algo de negocio. Para no tener que abandonarlo, lo mejor es que, desde el primer momento, todos se sinceren sobre sus necesidades.

 

2

La escritura nace de la tensión, la tensión entre lo que está dentro y lo que está fuera. La tensión superficial, ¿no se dice así? 

 

2

Por muy ocupado que estés, por muchos hijos y compromisos que tengas, si hay pasión, sacas tiempo.

 

2

Cuando haces sitio para una pasión, la pasión no aparece. Al final me moría de ganas de volver al trabajo, solo para descansar de tanta vida doméstica.

 

4

El éxito te aleja de las cosas que conoces, por lo visto, mientras que el fracaso te condena a ellas.

 

4

Empezaba a ver en las vidas ajenas un comentario de la mía. Observando a la familia del barco, yo veía una visión de lo que ya no tenía: veía algo, en otras palabras, que no estaba allí. Esa gente habitaba su propio momento, y aunque yo podía verlo, era tan incapaz de regresar a ese momento como de caminar sobre las aguas que nos separaban. Y de esas dos maneras de vivir —habitar el momento y vivir fuera de él—, ¿cuál era la más real?

 

4

Su madre le dijo que la vida familiar era agridulce hicieras lo que hicieras. Si no era el divorcio, sería otra cosa, le dijo. La infancia perfecta no existía, aunque la gente haría lo que hiciera falta para convencerte de lo contrario. La vida sin dolor no existía. Y por lo que al divorcio respectaba, ya podías llevar una vida de santo, que experimentarías las mismas pérdidas, por mucho que trataras de justificarlas.

 

4

Lo daría todo para volver a verte con seis años una vez más. Pero todo acaba desmoronándose, por mucho que trates de evitarlo. Y si algo regresa, hay que estar agradecido.

 

5

Las personas interesantes eran como las islas, me dijo: no te las encontrabas por la calle o en una fiesta, tenías que saber dónde estaban y concertar una cita con ellas.

 

5

Me parece que la vida es una serie de castigos por esos momentos de inconsciencia, que el destino de uno se labra con aquello en lo que no nos fijamos o de lo que no nos apiadamos; que lo que ignoras o no te molestas en comprender se convertirá, precisamente, en aquello que no te quedará más remedio que conocer.

 

5

Olga también tenía su dimensión romántica, solo que el romance era maternofilial…

 

5

Qué dices, Paniotis? —exclamó Angeliki—. ¿Que tus hijos han emigrado porque sus padres se divorciaron? Amigo mío, me temo que te equivocas dándote tanta importancia. Que los hijos se queden o se vayan depende de sus ambiciones: su vida es suya. Hemos acabado convenciéndonos, no sé cómo, de que si decimos ni que sea una palabra fuera de lugar ya los hemos marcado para siempre, pero eso es ridículo, claro está, y, de todos modos, ¿por qué su vida tendría que ser perfecta? Esta idea nuestra de perfección es lo que nos agobia, y está profundamente arraigada en nuestros deseos.

 

7

Son curiosas las ganas con las que los demás te animan a hacer cosas que ellos no harían ni en sueños, ese entusiasmo con el que te guían hacia tu propia destrucción: es dificilísimo que hasta los más bondadosos, los que más te quieren, se tomen tus intereses verdaderamente en serio, porque suelen aconsejarte desde una vida más segura y más aislada que la tuya, en la que escapar no es una realidad, sino algo con lo que de vez en cuando sueñan.

 

7

La sensación de entusiasmo que también es un renacimiento de la identidad.

 

7

Ha estado presente en todas sus experiencias de enamoramiento; y, al final, a pesar de todo, esos han sido los momentos más absorbentes de su vida.

miércoles, 12 de mayo de 2021

Rachel Cusk; Prestigio


Porque si el mundo parecía lleno de gente malvada que no sufría ninguna represalia por sus actos, y de gente virtuosa que no recibía ninguna recompensa, la tentación de abandonar la moral personal podía presentarse justo cuando la moral personal era más necesaria. Dicho de otro modo, había que hacer honor a la justicia en sí misma… Rachel Cusk; Prestigio, 1.

 


Evitaba las tareas domésticas, siguió diciendo, porque le hacían sentirse tan insignificante que pensaba que después sería incapaz de escribir nada.
 
Después de sobrevivir a tu propia muerte, lo único que podías hacer era contarlo, contárselo a un extraño en un avión o a cualquiera dispuesto a escuchar. 
 
Solo sabía que el sufrimiento llevaba aparejado una especie de honor, si eras capaz de sobrevivir, y que te permitía establecer una relación más íntima con la verdad, al menos en apariencia, aunque en realidad tal vez fuera idéntica a la lealtad de quedarse siempre en el mismo sitio. 
 
Parte del placer residía en mostrar nuestro secreto sin contarlo.
 
En los veinte años que llevábamos casados nuestras cualidades masculinas y femeninas se habían erosionado mutuamente. Vivíamos como las ovejas, paciendo juntos, acurrucados en la cama, por puro hábito y sin pensar. Consideré la posibilidad de que pudiera haber otros hombres, y lo cierto es que desde hacía mucho tiempo aparecían otros hombres en mis sueños, que normalmente estaban poblados de personas, situaciones y preocupaciones familiares. Los hombres que aparecían en mis sueños siempre eran extraños, no se parecían a nadie que conociera o hubiera visto nunca, y sin embargo me reconocían con una ternura y un deseo excepcionales, y yo también los reconocía: reconocía en sus caras algo que me parecía haber sabido alguna vez, pero lo había olvidado o no había llegado a encontrarlo, y ahora solo podía recordarlo en sueños. Naturalmente, nunca le hablé a nadie de estos sueños, de los que me despertaba con una sensación de felicidad insoportable y exquisita que se enfriaba muy deprisa con la luz del amanecer en nuestro dormitorio……
 
 
Una noche, cuando estábamos en la cocina, mi marido me dijo de pronto, en un tono muy serio, que tenía que contarme algo. En ese momento, sentí que nuestra vida se rajaba, como si alguien la cortase con un cuchillo enorme y brillante. Casi me pareció ver el cielo y el aire a través del techo de la cocina, que el viento y la lluvia entraban por las paredes. Había visto separarse a otras parejas, y normalmente era como la separación de unos gemelos siameses: una larga agonía que termina por convertir lo que antes era una sola persona en dos personas incompletas y desgarradas de dolor.
 
Lo que tenía que decirme no era que nuestra vida en común se había terminado y que yo era libre, sino que estaba enfermo: tenía una enfermedad que no iba a precipitar su muerte, sino a convertir en un suplicio hasta el último aspecto de la vida que le quedaba por delante. Llevábamos veinte años casados, y podía vivir fácilmente otros veinte según los médicos, pero perdiendo día a día alguna faceta de su autonomía y de su fuerza; sufriría una especie de evolución a la inversa y tendría que pagar por todo lo que la vida le había dado. Y yo también tendría que pagar, porque lo único que me estaba prohibido era abandonarlo en aquel momento de necesidad, aunque hubiera dejado de quererlo, aunque quizá nunca lo hubiera querido de verdad y quizá él a mí tampoco. Aquel sería el último secreto que tendríamos que guardar —dijo—, y el más importante de todos, porque si ese secreto salía a la luz todos los demás también saldrían, y eso aniquilaría por completo la imagen que teníamos de nuestra vida y la de nuestros hijos
 
Ya no me lo cuenta, y es precisamente ese detalle —que su vida ahora tiene un secreto propio— lo que me demuestra que esta vez por fin está dispuesta a conservar lo que tiene.  
 
Obsesionado con el deporte, como si sacara toda su ética vital de las reglas y las recompensas deportivas.
 
No estamos dispuestos a tolerar ese comportamiento depresivo —le advirtió Sophia con su risa efervescente—. Vamos a retenerte en el mundo de los vivos. 
 
No entendía cómo podían soportar la monotonía de las residencias de ancianos, con comodidades tan insulsas como la televisión y la calefacción central, en comparación con aquellos recuerdos tan hermosos.
 
Detrás de cada hombre está su madre, que de tanto elogiarlo lo ha estropeado para siempre.
 
Los ingleses —añadió, mirándome a mí— son los peores según mi experiencia, porque no son ni buenos amantes ni niños dulces, y creen que las mujeres somos de plástico en vez de carne.
 
Pero mientras oía la llave en la cerradura, de repente pensé que quien estaba a punto de entrar podía ser mi marido, aunque daría lo mismo, porque la mujer a la que él conocía —la mujer que había creído en su personaje— ya no estaba allí.
 
Ha sido un poco como si los pavos votaran a favor de la Navidad
 
Una obra de arte no podía en última instancia ser negativa. 
 
Ya no me interesa tener un hombre a mi lado —dijo—. Mi cuerpo me pide intimidad.
 
Mi cuerpo por fin ha desterrado la creencia en el amor romántico que he tenido toda la vida, porque incluso a los cincuenta seguía esperando en cierto modo encontrar un compañero de verdad, como el héroe de una novela que no ha podido aparecer primero, y hay que salir a buscarlo antes de que termine la historia. Pero mi cuerpo es sabio y exige que lo dejen en paz. 
 
 

sábado, 17 de abril de 2021

Rachel Cusk; Despojos. Sobre el matrimonio y la separación


Rachel Cusk; Despojos. Sobre el matrimonio y la separación

 

Rastrojos

Un plato se cae al suelo: la nueva realidad es que está roto.

 

Rastrojos

La nueva realidad, hasta donde yo era capaz de ver, sencillamente estaba rota.

 

Rastrojos

El relato o la verdad.

 

Rastrojos

Cuando escribo mal una novela, termina colapsando, se viene abajo, se detiene y no se deja seguir escribiendo, y tengo que retroceder y buscar los defectos de su estructura. El problema reside normalmente en la relación entre el relato y la verdad.

 

Rastrojos

Neutralidad, algo firme aunque vacío, algo ligeramente acusador a pesar de la vacuidad. Es como si estas horas solitarias, en las que por primera vez en muchos años no se espera ni se necesita nada de mí, fueran mi botín de guerra, lo que he recibido a cambio de todo este conflicto.

 

Parejas

Su idilio ha concluido, y ahora puede que sientan mutuamente una rabia asesina. Puede que ella pensara que él la querría más al nacer su hijo, pero lo cierto es que parece que lo ha perdido: él ha utilizado al hijo para librarse de ella. Ella en realidad no quiere un muñeco: quiere un hombre, un hombre que la ame y la desee. Ifigenia, con su túnica de novia de color azafrán, quizá sea el sacrificio que reside en el núcleo de todo matrimonio, la muerte sobre la que se construye toda la empresa.

 

Parejas

Familia y tragedia son lo mismo en cierto modo.

 

Parejas

El sufrimiento era una especie de formalismo, pero era también una perversión, un mal uso de las emociones.

 

Parejas

Es una mujer que manifiesta la tristeza con comportamientos extrovertidos y hedonistas.

 

Parejas

La mayoría de los matrimonios tienen una fachada pública, un aspecto de representación, como el cuerpo tiene su piel. Una pareja que discute en público es como un cuerpo que se desangra, pero existen otras formas de morir que no se ven desde fuera.

 

Parejas

Es curioso lo que la gente puede llegar a perdonar, lo que puede llegar a tolerar cuando tiene una creencia. Cuando duda, la gente no tolera nada, y todos dudan de Egisto, menos Clitemnestra.

 

Parejas

La forma de lo masculino y lo femenino se ha puesto a prueba y ha demostrado ser limitación y mentira.

 

Parejas

Todo son secuelas de la muerte de lo que existía antes. Para engendrar hace falta que una cosa domine a la otra, que el contenido masculino domine a la forma femenina; luego, para criar lo que se ha engendrado, hace falta lo contrario.

 

Parejas

¿Tienen todas las mujeres una capacidad especial para odiar a sus maridos, y todos los maridos la capacidad de odiar a sus mujeres con un odio fundado en los mismos orígenes de la vida?

 

Parejas

La primera vez que vi a mi marido después de la separación, me di cuenta, y me sorprendió mucho, de que me odiaba. Nunca lo había visto odiar a nadie: era como si estuviera lleno de una sustancia que no era suya, contaminado, como la costa teñida de negro por un vertido de petróleo. Varios meses estuvo supurando odio venenoso la herida mortal de nuestro matrimonio, brotando de todas las fuentes y conductos, empapándolo todo, hasta que cubrió a las niñas de alquitrán, como las cabezas sedosas de las aves costeras.

 

Parejas

Desterrada del matrimonio, veo a los matrimonios con otros ojos.

 

Parejas

Felicito en silencio a las parejas con las que me cruzo por la calle, a la vez que me pregunto por qué ellos están juntos y yo estoy sola. Sé que han triunfado en lo que yo he fracasado, pero no consigo recordar por qué.

 

Parejas

Hemos perdido el rumbo, perdido nuestra historia, y yo soy el capitán del barco que lleva el timón, lleno de temor.

 

Ventanas oscuras

Se ha instalado en casa una especie de letargo que puede transformar cualquier movimiento en dolor.

 

Ventanas oscuras

Yo creía que debía haber sido una tranquilidad para ella quedarse sola, después de tantos años. Aunque quería mucho a mi abuelo, veía su muerte como un indulto, una liberación, como quitarse unos zapatos que hacen daño.

 

Ventanas oscuras

Los hombres ofrecían protección y dinero.

 

Ventanas oscuras

Comprendí que una mujer no podía liberarse con tanta facilidad, no podía largarse a otra parte, sin más, con sus dones de amor y calidez.

 

Ventanas oscuras

Nunca se me ocurrió que mi abuela pudiera volver a casarse, que pudiera someterse de nuevo a ese cautiverio, y no lo hizo. Tampoco se me ocurrió nunca que pudiera seguir sola por lealtad a la empresa familiar; que pudiera sentirse sola y enfermar por falta de compañía, y aun así seguir interpretando su papel por el bien de sus hijos; que pudiera haber comprendido, como yo no supe, que el puzle es frágil, no fuerte, que es un espejismo, no una prisión. Que lo que exige fortaleza es conservarlo, no desmantelarlo, porque puede romperse en un instante.

 

Ventanas oscuras

Esa imagen se romperá, y lo que quede de ella no será una imagen diferente o nueva, sino un montón de piezas que no significan nada.

 

Ventanas oscuras

La doble naturaleza entre el ser y el aparentar.

 

Ventanas oscuras

Debajo de esos manteles tan bonitos hay una estructura improvisada, sin forma ni belleza propias.

 

Ventanas oscuras

El lado romántico del matrimonio como la envoltura de algo categóricamente práctico, lo veía como la metáfora de una mujer, esa hermosa criatura que limpia y cocina. ¿Por qué no podían ser iguales lo exterior y lo interior?

 

Ventanas oscuras

Mi abuela había sido valiente en el matrimonio: había conservado la fachada más de cuarenta años.

 

Ventanas oscuras

Tienes que aprender a esconder tus sentimientos delante de las niñas. Acabarán sintiendo lo que creen que tú sientes, porque son meros reflejos tuyos.


¿Tú no tomas nada?

Él conoció a otra mujer, tuvo hijos con ella y se compró otra casa de lujo para sustituir a la primera; y mi amiga y sus hijas se quedaron cortadas, como un retal caído de la mesa de una modista porque el patrón no lo necesita.

 

¿Tú no tomas nada?

Mi amiga se mudó a esta ciudad más barata y menos elegante, buscó un trabajo compatible con el horario escolar de sus hijas, dejó de beber y empezó a practicar yoga. Ahora se relaciona con otro tipo de gente, tiene opiniones nuevas y un corte de pelo distinto. En su casita de muñecas, todo es delicado, blanco y fresco. Parece como si, al no tener un hombre, la mujer aprovechara la oportunidad de recuperar su inocencia, de reconstruir su mundo virginal, de limpiarse la sangre de la sexualidad y de perfeccionar su feminidad.

 

¿Tú no tomas nada?

La comida que preparan habla de ellos: sana, moderada, lo contrario de punitiva o insulsa.

 

¿Tú no tomas nada?

No tengo ninguna sensación de futuro.

 

¿Tú no tomas nada?

El drama de mi vida domina, consume el combustible de la conversación como un feo tanque militar que traga gasolina.

 

¿Tú no tomas nada?

Tenía café en las venas en vez de sangre.

 

¿Tú no tomas nada?

Un presente itinerante y frágil.

 

¿Tú no tomas nada?

He aprendido a asustarme de las cosas bonitas, por miedo a que escondan lacerantes astillas de nostalgia.

 

¿Tú no tomas nada?

Delante de la floristería, siento de golpe la magnitud de mi empobrecimiento. Siento que la pérdida me ha vuelto transparente: ya no hay nada que, al mirarlo, me haga sentir segura.

 

El filo de la navaja

Este esfuerzo incesante por producir normalidad es como una falsificación artística, tan laborioso comparado con la facilidad con que se creó el original.

 

El filo de la navaja

Habla de la pérdida de valor de una mujer cuando envejece, de la decadencia de un cuerpo que antes era el origen de su autoridad humana, de su rabia porque la han dejado sola: los hombres y los hijos se han ido. Impresiona a la gente con sus ganas de vivir: todos esperan que se rinda, que se retire en silencio, que se esconda en cualquier parte y se pudra sin molestar. Y ella ha aprendido a disfrutar con la sorpresa de los demás, con su desaprobación. Se viste con colores chillones. Sale a pelearse con el mundo y, tanto si resulta herida en ese campo de batalla, tanto si cae derrotada y encuentra su final como si no, ese final es mejor que el que la sociedad ha previsto para ella, es una especie de rebelión suicida, un intento de exhibirse rodeada por un halo de gloria.

 

El filo de la navaja

Sentí que tenía que amarla, porque de pronto comprendí que su fracaso no venía de una intención perversa, sino del hecho de que nadie la quería. Ese fracaso me asustó, me intimidó más que la peor amenaza directa a mi seguridad; necesitaba protegerme de él y proteger a mis hijas, pero mientras estaba sola en aquella casa, comprendí que el verdadero logro, la verdadera seguridad, la verdadera autoridad podían estar más allá del instinto de salvaguardar lo que era mío.

 

XYZ

No tengo ganas de hablar. No tengo nada que decir.

 

XYZ

Cargada de experiencias que me han silenciado, ahogado en el silencio de la experiencia.

 

XYZ

Nuestra conversación es como masticar un alambre de acero, como comer cristal molido. Nuestra conversación es como un pozo envenenado, pero bebo de él de todos modos.

 

XYZ

La antigua guerra puede transformarse en palabras, pero un silencio vivo no se debe alterar.

 

XYZ

Procesar el violento pasado en resmas de conversación. El presente es un presente hablador, pero del futuro ¿qué se puede decir?

 

 

Mercedes Salisachs; El secreto de las flores

1 Y lo que es peor, el desmoronamiento se produjo de repente, sin que hubiera intervenido antes un signo de alerta, ni los ecos de aquella n...