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miércoles, 21 de octubre de 2020

Rainer Maria Rilke; Cartas a un joven poeta

Prólogo
Nuestra alma a la vez niña y anciana, ya antigua y aún por venir.

 

Prólogo

Amada y amante

 

Prólogo

Esta diez cartas que comenzó cuando tenía veintiocho años y en las que nos dejó su retrato, el fruto de su experiencia y la intuición anticipada de su destin

 

Prólogo

En medio del absurdo y de la prueba

 

Prólogo

La existencia de Rilke fue y es algo bello, una obra de arte y, como la obra de arte, en palabras suyas, es un «ser misterioso, cuya vida perdura».

 

Prólogo

Ser valientes ante lo más extraño, prodigioso e inexplicable que nos pueda suceder.

 

Prólogo

La arriesgada aventura del vivir.

 

Carta número 1

La mayor parte de los acontecimientos son indecibles, se desarrollan en un ámbito donde nunca ha penetrado ninguna palabra. Y lo máximamente indecible son las obras de arte, existencias llenas de misterio cuya vida, en contraste con la nuestra, tan efímera, perdura.

 

Carta número 1

Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Sólo hay un medio. Entre en sí mismo. Investigue el fundamento de lo que usted llama escribir; compruebe si está enraizado en lo más profundo de su corazón; confiésese a sí mismo si se moriría irremisiblemente en el caso de que se le impidiera escribir.

 

Carta número 1

Excave en sí mismo en busca de una respuesta que venga de lo profundo.

 

Carta número 1

Preste atención a lo que su propia vida cotidiana le ofrece; describa sus tristezas y anhelos, los pensamientos fugaces y la fe en algo bello; descríbalo todo con sinceridad íntima, callada y humilde y, para expresarse, sírvase de las cosas que le rodean, de las imágenes de sus sueños y de los objetos de sus recuerdos.

 

Carta número 1

Si su vida diaria le parece pobre, no se queje de ella; quéjese de usted mismo, dígase que aún no es lo bastante poeta como para convocar su riqueza, pues para el creador no existe pobreza ni lugar pobre o indiferente.

 

Carta número 1

Y si de ese retorno hacia dentro, de esa inmersión en su propio mundo, surgen versos, no se le ocurrirá preguntar a nadie si son buenos o no.

 

Carta número 1

Tampoco intentará interesar a las revistas, pues verá en ese trabajo su propiedad amada y natural, un fragmento y una voz de su vida. Una obra de arte es buena cuando surge de la necesidad.

 

Carta número 2

En las cosas más profundas e importantes, estamos indeciblemente solos y, para que uno pueda aconsejar o ayudar a otro, tienen que ocurrir muchas cosas, muchas cosas han de producirse, toda una constelación de acontecimientos ha de suceder para que por una sola vez el consejo llegue a buen puerto.

 

Carta número 3

Ahora se le abrirá Niels Lyhne, un libro de delicias y profundidades; cuanto más se lee.

 

Carta número 3

Resonancia vibrante del recuerdo; ninguna experiencia ha sido demasiado pequeña, y el más diminuto acontecimiento se revela como un destino, y el destino mismo es como un maravilloso y amplio tapiz en el que cada hilo es llevado por una mano cariñosa e infinita, puesto junto a otros y soportado por otros cien.

 

Carta número 3

Las obras de arte son soledades infinitas.

 

Carta número 3

Todo progreso, debe venir, profundo, de dentro, y por nada puede ser presionado ni precipitado.

 

Carta número 3

Todo es gestar y después parir.

 

Carta número 3

Ser artista significa no calcular ni medir; madurar como el árbol que no apremia su savia y se yergue confiado en medio de las tormentas de primavera, sin miedo a que después pueda no llegar el verano.

 

Carta número 4

No busque ahora las respuestas: no le pueden ser dadas, porque no podría vivirlas. Y se trata de vivirlo todo. Viva ahora las preguntas. Quizá después, poco a poco, un día lejano, sin advertirlo, se adentrará en la respuesta. Quizá lleve usted en sí mismo la posibilidad de formar y crear como una manera de vivir especialmente feliz y auténtica. Prepárese para ella, pero acepte todo lo que venga con absoluta confianza. Y siempre que algo surja de su propia voluntad, de alguna honda necesidad, acéptelo como tal y no lo odie.

 

Carta número 4

Toda belleza en los animales y en las plantas es una forma perdurable y silenciosa del amor y del deseo y puede ver a los animales, como ve a las plantas, uniéndose paciente y gustosamente, multiplicándose y creciendo no a causa del placer ni del dolor físicos, sino obedeciendo a necesidades mayores que el placer y el dolor y que son más poderosas que la voluntad y la resistencia. ¡Ojalá que el ser humano perciba este secreto que llena el mundo hasta en lo más pequeño, que lo lleve en sí, lo soporte y sienta qué terriblemente difícil es en vez de vivirlo tan a la ligera! ¡Ojalá respete su propia fecundidad, que es sólo una, aunque se presente como espiritual o corporal! Porque también la creación espiritual procede de la física, forma un solo ser con ella, y es como una repetición más tenue, más asombrada y más eterna, de la voluptuosidad corporal.

 

Carta número 4

Conjuran el futuro; y aunque se equivoquen y se abracen a ciegas, el futuro acude, un ser nuevo se levanta, y en lo hondo del azar, que aquí parece consumarse, se despierta la ley por la que una semilla más fuerte y resistente se abre paso hacia el óvulo que, abierto, sale a su encuentro. No se deje engañar por la superficie. En lo profundo todo es ley.

 

Carta número 4

Quizá por encima de todo haya una gran maternidad como un anhelo común.

 

Carta número 4

La belleza de la virgen, un ser (que como usted tan hermosamente dice) «aún no ha realizado nada», es maternidad que presiente y se prepara, que teme y ansia. Y la belleza de la madre es maternidad entregada.

 

Carta número 4

Evite incrementar el drama siempre tenso entre padres e hijos. Les roba mucha fuerza a los hijos y agota el amor de los padres, que es eficaz y cálido, aunque no comprenda. No les exija ningún consejo y no cuente con ninguna comprensión de su parte, pero crea en su amor que le ha sido reservado como una herencia: en ese amor hay una fuerza

 

Carta número 4

Su soledad, en medio de relaciones muy extrañas, le será también apoyo y hogar.

 

Carta número 5

Disfrutaré del gran silencio, del que espero el regalo de buenas y laboriosas horas…

 

Carta número 6

Y si un día uno se da cuenta de que sus ocupaciones son infelices, que la profesión se ha petrificado sin relación con la vida, ¿por qué no continuar mirando como un niño lo extraño, desde lo profundo del mundo propio, desde la amplitud de la propia soledad, que en sí misma es trabajo, jerarquía y profesión?

 

Carta número 6

Las cosas grandes que trenzan la verdadera vida.

 

Carta número 6

Si siente que no hay nada en común entre los demás y usted, intente aproximarse a las cosas, que nunca lo desampararán; todavía existen noches y vientos que van a través de los bosques y recorren muchos países; aún hay acontecimientos entre cosas y animales, en los cuales le está permitido participar, y los niños son así, como usted cuando era niño, tristes y felices.

 

Carta número 7

Es bueno estar solo, pues la soledad es difícil; que algo sea difícil ha de ser para nosotros una razón de más para hacerlo.

 

Carta número 7

También amar es bueno, pues el amor es difícil. Amarse de persona a persona es quizá lo más difícil de todo lo que nos ha sido encomendado, lo más avanzado, la última prueba y examen, el trabajo por excelencia, para el que todo otro trabajo es sólo preparación. Por eso los jóvenes, que son principiantes en todo, todavía no conocen el amor: tienen que aprenderlo.

 

Carta número 7

Sin fuerza ni fruto.

 

Carta número 7

Aquel amor que consiste en que dos soledades se protejan, delimiten y respeten mutuamente.

 

Carta número 8

Vida no vivida, vida rechazada y perdida, por la que se puede morir.

 

Carta número 8

Quizá llegaríamos a soportar nuestras tristezas con mayor confianza que nuestras alegrías. Pues son momentos en los que algo nuevo se ha introducido en nosotros, algo desconocido. Nuestros sentidos enmudecen con tímido encogimiento, todo en nosotros se retrae, nace un silencio y lo nuevo, lo que nadie conoce, se yergue en el centro y calla.


Carta número 8

Yo creo que casi todas nuestras tristezas son momentos de tensión que nosotros percibimos como parálisis, porque ya no sentimos la vida de nuestros sentidos alienados. Porque estamos solos con el extraño que se nos ha introducido.

 

Carta número 8

Porque, por un momento, se nos arrebata todo lo habitual y lo que nos inspiraba confianza; porque nos encontramos en una encrucijada donde no podemos permanecer.

 

Carta número 8

Por eso es tan importante estar solo y atento cuando se está triste; porque el instante aparentemente perplejo y vacío de acontecimientos en el que nuestro futuro nos alcanza, está mucho más próximo a la vida que aquel otro, ruidoso y fortuito, en que se nos presenta como venido de fuera.

 

Carta número 8

La soledad no es algo que se pueda dejar o tomar. Somos soledad.

 

Carta número 8

Hemos de aceptar nuestra existencia tan ampliamente como nos sea posible. Todo, incluso lo inaudito, ha de ser posible. Esto es lo fundamental, el único valor que se nos exige: ser valientes ante lo más extraño, maravilloso e inexplicable que nos pueda acontecer.

 

Carta número 8

Pues no sólo la indolencia hace que las relaciones humanas se repitan en cada caso de forma tan indeciblemente monótona y repetitiva, sino que existe también otra causa: el temor a cualquier acontecimiento nuevo, imprevisible, ante el que no se cree estar a su altura. Pero sólo quien está dispuesto a todo, quien no cierra la puerta a nada, ni siquiera a lo más enigmático, vivirá la relación con el otro como algo vivo y ahondará en sí mismo. Pues si concebimos la naturaleza del ser individual como una habitación más o menos grande, veremos que la mayoría sólo conoce una esquina, una ventana, una franja por la que repetidamente va y viene.

 

Carta número 8

No hay nada que deba asustarnos o torturarnos. Estamos puestos en la vida como en el elemento más afín y hemos llegado a hacernos tan similares a ella a través de siglos de adaptación que, si nos mantenemos en calma y en silencio, gracias a un feliz mimetismo, casi no se nos puede diferenciar de ella. No tenemos ningún fundamento para desconfiar de nuestro mundo, ya que no está contra nosotros. Si tiene miedos, son sólo nuestros miedos; si tiene abismos, esos abismos nos pertenecen; si hay peligros, debemos intentar amarlos. Y si disponemos nuestra vida según el principio que nos aconseja mantenernos siempre en lo difícil, lo que nos parecía extraño, se nos transformará en algo infinitamente fiel y digno de toda confianza.

 

Carta número 8

Quizá todos los dragones de nuestra vida sean princesas que sólo esperan vernos una vez hermosos y valientes. Quizá todo lo horrible, en el fondo, sea sólo una forma de desamparo que solicita nuestra ayuda.

 

Carta número 8

No se observe demasiado. No saque conclusiones precipitadas acerca de lo que le está ocurriendo; deje simplemente que las cosas le sucedan. De lo contrario, llegará con demasiada facilidad a mirar su pasado con reproches (es decir, como un moralista); un pasado que, como es natural, forma parte de lo que ahora le está sucediendo.

 

Carta número 8

Anhela desde lo grande lo máximo.

 

Carta número 9

Deje que la vida vaya sucediendo y traiga lo que tenga que traer. Créame, la vida siempre, siempre tiene razón.

 

 

viernes, 23 de noviembre de 2018

Cartas a un joven poeta


Rainer Maria Rilke; Cartas a un joven poeta.

La mayor parte de los acontecimientos son indecibles, se desarrollan en un ámbito donde nunca ha penetrado ninguna palabra. Y lo máximamente indecible son las obras de arte, existencias llenas de misterio cuya vida, en contraste con la nuestra, tan efímera, perdura. Carta número 1

Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Sólo hay un medio. Entre en sí mismo. Investigue el fundamento de lo que usted llama escribir; compruebe si está enraizado en lo más profundo de su corazón; confiésese a sí mismo si se moriría irremisiblemente en el caso de que se le impidiera escribir. Carta número 1

Excave en sí mismo en busca de una respuesta que venga de lo profundo. Carta número 1

Preste atención a lo que su propia vida cotidiana le ofrece; describa sus tristezas y anhelos, los pensamientos fugaces y la fe en algo bello; descríbalo todo con sinceridad íntima, callada y humilde y, para expresarse, sírvase de las cosas que le rodean, de las imágenes de sus sueños y de los objetos de sus recuerdos. Carta número 1

Si su vida diaria le parece pobre, no se queje de ella; quéjese de usted mismo, dígase que aún no es lo bastante poeta como para convocar su riqueza, pues para el creador no existe pobreza ni lugar pobre o indiferente. Carta número 1

Y si de ese retorno hacia dentro, de esa inmersión en su propio mundo, surgen versos, no se le ocurrirá preguntar a nadie si son buenos o no. Tampoco intentará interesar a las revistas, pues verá en ese trabajo su propiedad amada y natural, un fragmento y una voz de su vida. Una obra de arte es buena cuando surge de la necesidad. Carta número 1

En las cosas más profundas e importantes, estamos indeciblemente solos y, para que uno pueda aconsejar o ayudar a otro, tienen que ocurrir muchas cosas, muchas cosas han de producirse, toda una constelación de acontecimientos ha de suceder para que por una sola vez el consejo llegue a buen puerto. Carta número 2

Resonancia vibrante del recuerdo; ninguna experiencia ha sido demasiado pequeña, y el más diminuto acontecimiento se revela como un destino, y el destino mismo es como un maravilloso y amplio tapiz en el que cada hilo es llevado por una mano cariñosa e infinita, puesto junto a otros y soportado por otros cien. Carta número 3

Las obras de arte son soledades infinitas. Carta número 3

Todo progreso, debe venir, profundo, de dentro, y por nada puede ser presionado ni precipitado.

Todo es gestar y después parir. Carta número 3

No se deje engañar por la superficie. En lo profundo todo es ley. Carta número 4

La belleza de la madre es maternidad entregada. Carta número 4

Evite incrementar el drama siempre tenso entre padres e hijos. Les roba mucha fuerza a los hijos y agota el amor de los padres, que es eficaz y cálido, aunque no comprenda. No les exija ningún consejo y no cuente con ninguna comprensión de su parte, pero crea en su amor que le ha sido reservado como una herencia: en ese amor hay una fuerza y una bendición, de las que no tendrá necesidad de salirse para ir muy lejos. Carta número 4

Disfrutaré del gran silencio, del que espero el regalo de buenas y laboriosas horas… Carta número 5

Quizá llegaríamos a soportar nuestras tristezas con mayor confianza que nuestras alegrías. Pues son momentos en los que algo nuevo se ha introducido en nosotros, algo desconocido. Nuestros sentidos enmudecen con tímido encogimiento, todo en nosotros se retrae, nace un silencio y lo nuevo, lo que nadie conoce, se yergue en el centro y calla. Yo creo que casi todas nuestras tristezas son momentos de tensión que nosotros percibimos como parálisis, porque ya no sentimos la vida de nuestros sentidos alienados. Porque estamos solos con el extraño que se nos ha introducido; porque, por un momento, se nos arrebata todo lo habitual y lo que nos inspiraba confianza; porque nos encontramos en una encrucijada donde no podemos permanecer. Carta número 8

La soledad no es algo que se pueda dejar o tomar. Somos soledad. Carta número 8

Hemos de aceptar nuestra existencia tan ampliamente como nos sea posible. Todo, incluso lo inaudito, ha de ser posible. Esto es lo fundamental, el único valor que se nos exige: ser valientes ante lo más extraño, maravilloso e inexplicable que nos pueda acontecer. Carta número 8

No hay nada que deba asustarnos o torturarnos. Estamos puestos en la vida como en el elemento más afín y hemos llegado a hacernos tan similares a ella a través de siglos de adaptación que, si nos mantenemos en calma y en silencio, gracias a un feliz mimetismo, casi no se nos puede diferenciar de ella. No tenemos ningún fundamento para desconfiar de nuestro mundo, ya que no está contra nosotros. Si tiene miedos, son sólo nuestros miedos; si tiene abismos, esos abismos nos pertenecen; si hay peligros, debemos intentar amarlos. Y si disponemos nuestra vida según el principio que nos aconseja mantenernos siempre en lo difícil, lo que nos parecía extraño, se nos transformará en algo infinitamente fiel y digno de toda confianza. Carta número 8

Quizá todos los dragones de nuestra vida sean princesas que sólo esperan vernos una vez hermosos y valientes. Quizá todo lo horrible, en el fondo, sea sólo una forma de desamparo que solicita nuestra ayuda. Carta número 8

Deje que la vida vaya sucediendo y traiga lo que tenga que traer. Créame, la vida siempre, siempre tiene razón. Carta número 9

domingo, 10 de junio de 2018

Stefan Zweig; Carta a una desconocida


Desde que sentí esa tierna y suave mirada, quedé a tu merced.

Creí que esa ternura sólo era para mí, para mí sola.

No hay nada más terrible que estar sola cuando estás rodeada de gente.

Todas las vías de desprecio, de frialdad, de indiferencia, todas me las había representado

No me reconociste, ni entonces ni en ningún otro momento, nunca me has reconocido. ¿Cómo te puedo describir, querido, la decepción

La expectativa era paralizante.

Porque a ti, ciertamente, sólo te gustan las cosas fáciles, juguetonas, nada pesadas, tienes miedo de inmiscuirte en un destino ajeno.

Pero tu bondad es peculiar, está abierta a cualquiera para darle todo lo que le quepa en las manos, tu bondad es grande, infinitamente grande, pero es —discúlpame— indolente.

Ayudas cuando te llaman, ayudas por vergüenza, por debilidad, no por placer. Déjame que te lo diga sinceramente: te gusta más un compañero en la fortuna que un pobre necesitado. Y a las personas que son como tú, aunque sean muy buenas, cuesta pedirles cualquier favor.

Nunca he conocido a ningún hombre que se entregue en esos momentos con tanta ternura, que ofrezca su profunda intimidad con tanto altruismo y que después lo diluya todo en un olvido infinito, casi inhumano.

Entonces su mirada se posó en el jarrón azul que tenía ante él, encima del escritorio. Estaba vacío, por primera vez desde hacía años estaba vacío en el día de su cumpleaños, y se asustó: fue como si, de repente, se hubiese abierto una puerta invisible y un golpe de aire frío hubiera penetrado desde el más allá en su tranquila habitación. Sintió a la muerte y sintió un amor inmortal: algo le atravesó el alma y pensó en aquella mujer invisible, etérea y apasionada como el recuerdo de una lejana melodía.

miércoles, 25 de enero de 2017

Jorge Bucay; Cartas a Claudia

Juntos hemos recorrido los más insólitos caminos del amor, o mejor dicho del A-M-O-R. Desde las formas más perversas hasta las más tiernas. Siempre creando. También nada. … Por momentos, fuimos Jorge y July y por momentos fuimos Jorge con July, por momentos JorgeJuly y por momentos Jorge—————July. Aun en nuestros silencios o en nuestras distancias, nos sabemos. 
Prólogo de la doctora Zulema Leonor Saslavsky

Jorge fue para mí más que un hijo, porque además lo elegí. Y digo fue porque ahora, ahora es independiente. Me hace feliz verlo andar por sí mismo y a la vez me encuentro con el sentimiento opuesto y encontrado y simultáneo de la nostalgia que me provoca que el hijo ya no sea hijo. Creo que lo vivo más como mi trascendencia, en parte resuelta, enriquecida por las contradicciones y el acuerdo de los desacuerdos entre él y yo. 
Prólogo de la doctora Zulema Leonor Saslavsky

Quiero que me oigas sin juzgarme. Quiero que opines sin aconsejarme. Quiero que confíes en mí sin exigirme. Quiero que me ayudes sin intentar decidir por mí. Quiero que me cuides sin anularme. Quiero que me mires sin proyectar tus cosas en mí.  
Quiero que me abraces sin asfixiarme. Quiero que me animes sin empujarme. Quiero que me sostengas sin hacerte cargo de mí. Quiero que me protejas sin mentiras. Quiero que te acerques sin invadirme. Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten. Quiero que las aceptes y no pretendas cambiarlas. Quiero que sepas que HOY contás conmigo… Sin condiciones. 
Introducción.

Nietzsche cuenta que la memoria y el orgullo peleaban: la memoria sostenía que había sucedido y el orgullo que no podía haber sucedido así. Se miraron… ¡y la memoria se dio por vencida!
En última instancia nuestro pasado es una suposición, una fantasía, una explicación de cómo los hechos llegaron a ser los actuales.
El recuerdo es útil —es cierto—, a veces es útil. Pero no lo es cuando apoyo mi vida en él. Cuando dependo de él, cuando digo «a mí me lo enseñaron así”. 
Carta 2

Estoy hablando de ELEGIR. No de optar. No de descartar las alternativas indeseables y quedarme con el resto. 
Carta 2

En el dar hay implícita una doble dirección: doy recibiendo. Cuando doy, algo que es mío pasa a ser tuyo y en el mismo instante algo tuyo —tu aceptación— pasa a ser mío. En el regalar, en cambio, no hay bidirección; te brindo algo pero no recibo nada. Cuando te regalo, te paso algo que de alguna manera siempre fue tuyo. (Te compro un disco: lo compro para vos pero nunca fue mío). 
Carta 3

La terapia gestáltica. Prefería llamarla: Terapia del darse cuenta. 
Carta 6

Qué diferente es el proyecto (proyectarse-lanzarse-ir hacia adelante), de la expectativa (expectativa deriva de expectante, espectador).En la expectativa, mi actitud es pasiva; simplemente espero que suceda algo. 
Carta 10

Cuando decís necesito no te hacés responsable. Yo quiero, en cambio, es una expresión comprometida con todo mi ser. 
Carta 10

El miedo es siempre un invento del pensamiento, «una frustración del pasado, fantaseada en el futuro». 
Carta 10

Asisto al siguiente instante, donde encuentro que un pedacito de todo eso que salió mal me sirve; algo de ello me enriquece; toda la situación me hace crecer. 
Carta 12

Dice Prather: Una piedra nunca me irrita, a menos que esté en mi camino». 
Carta 12

No nos damos cuenta de que la respuesta del otro a mi exigencia no puede ser mejor. Su respuesta solo puede ser más. Cuando me pongo necio te exijo que me prestes más atención, que te ocupes más de mí, que me des más cosas, que me dediques más tiempo, que me quieras más… ¡que me quieras más!, como si vos pudieras hacer algo para quererme más. 
Carta 19

No toda la gente sabe pedir. Conozco a quienes jamás han pedido nada, o «peor» dicho jamás pedir nada. Ellos sienten que pedir es ponerse en manos del otro. No pueden aceptar que no son autosuficientes. Temen a sus propias debilidades y, sobre todo, cualquier rasgo que implique dependencia, los aterra. Muchos de ellos se ufanan de no pedirle nada a nadie. Pero buceando un poco en su historia personal, en sus conductas habituales, en sus relaciones más cercanas y encontrarás siempre lo mismo: exigencias veladas y detrás de ellas más exigencias.
Carta 19

Cuando sentimos insatisfacción, a veces, exigimos más y en realidad queremos mejor. Carta 19

Que la más cruel y hostil de mis exigencias es aquella en la que ni siquiera te digo lo que quiero. Lo que espero de vos ahora es titánico. 
Carta 19

Primero, tenés que adivinar qué es lo que estoy esperando y después, por supuesto, dármelo. 
Carta 19

Aprender a pedir es uno de los grandes desafíos del ser persona. Carta 19

Berne dice que hay seis maneras de estructurar el tiempo (y solo seis) y que, además, todos tenemos «hambre» de tiempo estructurado.
Las seis maneras de Berne son: La intimidad, Los juegos de vida, La actividad, Los pasatiempos, Los ritos, El aislamiento. 
Carta 21.

Eric Berne escribió todo un libro listando los juegos que jugamos (Games the people play), que yo creo vale la pena leer. 
Carta 21

Eric Berne tiene una frase en su libro que me parece genial: ¡CÚRESE PRIMERO Y PSICOANALÍCESE DESPUÉS! 
Carta 23

Tengo seis razones: la primera es que no quiero, las otras cinco… ¿qué importan? 
Carta 23

Recuerdo los ejercicios del darse cuenta de John Stevens: el darse cuenta del afuera y el darse cuenta del adentro… 
Carta 24

Describiendo la casa a un amigo, le decía: «Es hermosa y muy grande; tiene 10 metros de frente y 45 metros de fondo, pero para arriba y para abajo ¡no tiene límites!». 
Carta 25

El dolor aparece como una terrible amenaza a nuestra integridad… Y entonces, nos defendemos. 
Carta 26

La mayoría de nosotros tememos separarnos de las cosas, porque nos asusta necesitarlas mañana. 
Carta 26

El objetivo es claro: no vivir el duelo que implicaría una separación.
Carta 26

Si no me puedo separar de aquello que hoy no está, no podré encontrarme libre para vincularme con lo que en este momento sí está aquí conmigo. 
Carta 26

Imaginemos que alguien te quiere, te quiere mucho y vos no te sentís querida en absoluto: ¿para qué te serviría su cariño? 
Carta 29

Siempre pensé que la respuesta más hermosa a un «te quiero mucho» es «y yo me siento muy querido por vos». 
Carta 29

La inmadurez y agregué que este concepto se relaciona con transferir el apoyo ambiental al autoapoyo. Carta 33


Hay tres clases de personas. Una, la que cuando tiene frío regala toda su ropa de abrigo. Otra, que cuando siente frío se pone su ropa de abrigo. Y una tercera, que cuando siente frío prende un fuego, para calentarse a sí misma y a todos los otros que quieran disfrutar del calor. La primera persona es suicida: se morirá de frío. La segunda es miserable: se morirá sola. La tercera es un ser humano normal, adulto y egoísta (enciende el fuego porque él tiene frío). Carta 35

Nunca he matado a nadie —y agrego—… porque nunca he tenido un buen motivo. 
Carta 37

Moral enlatada. 
Carta 37

Barry Stevens: »Si por vivir todo lo bueno hube de vivir todo lo malo, no renuncio a nada de lo malo por no perder nada de lo bueno». 
Carta 39

LO BUENO DE LO MALO ES QUE NO ES LO PEOR». 
Carta 39

La gran llave de este tema consiste en darme cuenta de mis guiones. Investigarlos y descubrirlos. Encontrar cuáles actitudes de mi vida cotidiana no son en verdad sino elección, sino parte de un argumento que trato de cumplir. Este es el primer paso. El segundo es romper el guión. Renunciar a él de cabo a rabo; y después, si todavía quiero un argumento (déjame llamarlo proyecto), entonces puedo escribir uno nuevo desde mi realidad, desde mis gustos y apetencias de aquí. Y de ahora. Y, si es posible, escribirlo con lápiz, para poder borrar lo que quiera cuando tenga ganas. Y, sobre todo, un argumento que esté siempre dispuesto a ser destruido y reemplazado por otro; uno nuevo más acorde con mi vida, con mi persona, con mi sentir de hoy. 
Carta 41

La muerte conecta con la gran impotencia. 
Carta 49

La próxima vez que te encuentres en una actitud hostil (esto es: destructiva o cruel, dañosa o hiriente), la próxima vez, miráte hacia adentro. Buscá la impotencia implícita. Y cuando la encuentres, cuando sepas qué es lo que no aceptás, qué es lo que no podés modificar, intentá aceptar simplemente que quizás no puedas, date cuenta de que, si podés, quizás no sea en este momento o por este camino. Aceptá tu impotencia. 
Carta 49

Entramos en nuestro envejecimiento espiritual dejando de crecer, dejando de aprender, reaprender y desaprender, dejando de vibrar con las cosas nuevas, dejando de arriesgar. Pues bien, estamos envejeciendo. ¡Pero la fuente de la juventud está en nuestras manos!! No hay envejecimiento durante el crecimiento. Por lo tanto, si seguimos creciendo, si a lo largo de nuestra vida no dejamos de crecer, ¡entonces nuestro espíritu no envejecerá jamás! 
Carta 54

Un viejo chiste dice: «Cuando esté en un callejón sin salida, salga por donde entró». 
Carta 54

La Oración Gestáltica de Fritz, según yo mismo, dice: Yo soy Yo. Vos sos vos. Yo no estoy en este mundo para llenar todas tus expectativas. Y sé que vos no estás en este mundo para llenar todas las mías. Porque yo soy yo. Y vos sos vos. Y cuando vos y yo nos encontramos, es hermoso. Y cuando encontrándonos, no nos encontramos, no hay nada que hacer. 
Epílogo


lunes, 23 de julio de 2012

la comprensión exige silencio


Sé que los muertos pesan, no tanto por la ausencia, como por todo aquello que entre ellos y nosotros no ha sido dicho.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 17.

La infancia y al vejez se parecen. En ambos casos, por motivos diferentes, somos más bien inermes, todavía no participamos - o ya no participamos - en la vida activa y eso nos permite vivir con una sensibilidad sin esquemas, abierta.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 17.

Si alguna vez llegas a los 80 años, comprenderás que a esta edad nos sentimos como hojas a finales de septiembre. 
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 18-19.

Las lágrimas que no brotan se depositan sobre el corazón, con el tiempo lo cubren de costras y lo paralizan como la cal que se deposita y paraliza los engranajes de la lavadora.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 20.

Cada cual obtiene su inspiración del mundo que mejor conoce.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 20.

Los pensamientos de un viejo no tienen futuro, por lo general son tristes, y si no tristes, melancólicos.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 21.

Hay verdades que llevan consigo una sensación de liberación y otras que imponen el sentido de lo tremendo.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 28.

El azar con su imprevisible generosidad, me había ofrecido una ocasión más.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 51.

Detrás de la máscara de la libertad se esconde frecuentemente la dejadez, el deseo de no implicarse. hay una frontera sutilísima; atravesarla o no es asunto de un instante, de una decisión que se asume o se deja de asumir; de su importancia te das cuenta sólo cuando el instante ya ha pasado. Sólo entonces te arrepientes, solo entonces comprendes que en aquel momento no tenía que haber libertad, sino intromisión.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 58.

El amor no conviene a los perezosos, para existir en plenitud exige gestos fuertes y precisos.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 58.

Yo había disfrazado mi cobardía y mi indolencia con los nobles ropajes de la libertad.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 58.

En pasar de largo o desviarte a menudo esta en juego tu existencia, y la de quien está a tu lado.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 59.

Tan moderna es la mente, como antiguo el corazón.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 83.

La comprensión exige silencio.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 83.

Algún día el hijo, mirándose al espejo, comprendería que dentro de él había algún otro y que querría saberlo todo acerca de ese otro.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 101.

Embustera podría haber sido el título de mi autobiografía. Desde que nací sólo he dicho una mentira. Con ella he destruído 3 vidas.

Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 105.

El destino tiene mucha más fantasía que nosotros.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 125.

Lentamente la incomodidad se ha convertido en alivio.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 127.

Entre todas las costumbres del hombre moderno....la lectura de la prensa diaria es una de las peores. Por la mañana, en el momento en que el alma está más abierta, la prensa vuelca sobre la persona todo lo malo que el mundo ha producido el día anterior.

Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 127.

Cometer errores es natural, irse sin haberlos comprendido hace que se vuelva vano el sentido de una existencia. Las cosas que nos ocurren nunca son finalidades en sí mismas, gratuitas; cada encuentro, cada pequeño suceso encierra un significado, la comprensión de nosotros mismos nace de la disponibilidad para recibirlos, la capacidad de cambiar de dirección en cualquier momento, de dejar la vieja piel como las lagartijas al cambiar la estación.

Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 163.

La vida es un recorrido cuesta arriba.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 163.

Cuando lo que esperas es oir las cosas mas grandes, aparecen ante tí las pequeñas.

Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 164.

La muerte, en sí misma, ella sola, no acarrea ninguna clase de dolor. Hay un vacío repentino - el vacío es siempre igual - pero justamente es en ese vacío donde cobra forma la diversidad del dolor. Todo lo que no se ha dicho en ese espacio se materializa y se dilata, se dilata y sigue dilatándose. Es un vacío sin puertas, sin ventanas, sin vías de escape, y lo que allí queda suspendido se queda para siempre, está sobre tu cabeza, contigo, a tu alrededor, te envuelve y te confunde con una niebla densa.

Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 167.

Los muertos pesan, no tanto por su ausencia, como por lo que entre nosotros y ellos no ha sido dicho.

Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 167.

"Sólo el dolor hace crecer - decía -, pero al dolor hay que enfrentarlo directamente; quién se escabulle o se compadece está destinado a perder" palabras del Jesuita en Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 168

En su opinión (el Jesuita), el corazón del hombre era como la tierra, una mitad iluminada por el sol y la otra por la sombra.

Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 168.

Mi inseguridad, el ambiente en que había crecido, ya me habían entregado a la tiranía de la exterioridad.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 180.

Cada vez que te sientas extraviada, confusa, piensa en los árboles, recuerda su manera de crecer. Recuerda que un árbol de gran copa y pocas raíces es derribado por la primera ráfaga de viento, en tanto que un árbol con muchas raíces y poca copa a duras penas deja circular su savia. Raíces y copas han de tener la misma medida, has de estar en las cosas y sobre ellas: solo así podrás ofrecer sombra y reparo, sólo así al llegar la estación apropiada podrás cubrirte de flores y frutos.
Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día en que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga:aguarda y aguarda más aún. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve.
Susanna Tamaro; Donde el corazón te lleve (1994), Seix Barral, séptima impresión, 2010, p. 187.


Mercedes Salisachs; El secreto de las flores

1 Y lo que es peor, el desmoronamiento se produjo de repente, sin que hubiera intervenido antes un signo de alerta, ni los ecos de aquella n...