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lunes, 13 de agosto de 2018

La muerte en Venecia


La muerte en Venecia
Thomas Mann

la grandeza de toda su obra estaba hecha de un minucioso trabajo cotidiano; era la resultante de cientos de inspiraciones breves, y debía la excelsa maestría de la concepción total y de cada uno de los detalles al hecho de que su creador, con tenacidad y energía semejantes a las del héroe que conquistara su provincia natal, supo perseverar años y años bajo la tensión de una misma obra, consagrando a la labor de ejecución, propiamente dicha, sus horas más preciosas e intensas. II

Casi todas las cosas grandes que existen son grandes porque se han creado contra algo, a pesar de algo: a pesar de dolores y tribulaciones, de pobreza y abandono; a pesar de la debilidad corporal, del vicio, de la pasión. II

Uno llega a dudar de que haya otro heroísmo que el heroísmo de la debilidad. II

Llegar por tierra a Venecia, bajando en la estación, era como entrar a un palacio por la escalera de servicio. Había que llegar, pues, en barco a la más inverosímil de las ciudades. III

Los sentimientos y observaciones del hombre solitario son al mismo tiempo más confusos y más intensos que los de las gentes sociables; sus pensamientos son más graves, más extraños y siempre tienen un matiz de tristeza. III

La soledad engendra lo original, lo atrevido, y lo extraordinariamente bello; la poesía. Pero engendra también lo desagradable, lo inoportuno, absurdo e inadecuado. III

Las profundidades del arrepentimiento. III

La dicha del escritor es su posibilidad de transformar la idea enteramente en sentimiento; el sentimiento, totalmente en idea. IV

El maravilloso acontecimiento de la aurora sumía en profunda adoración a su alma, consagrada por el sueño. Cielo, tierra y mar permanecían aún envueltos en la suave palidez fantástica del alba: una estrella lánguida flotaba aún en el infinito. Pero venía un suave soplo, como un dulce mensaje de inasequibles lugares con la nueva de que Eros se levantaba del lecho conyugal, y por ello acontecía aquel primer rubor dulcísimo de las lontananzas del cielo y del mar, por el cual se anuncia que la creación toma formas sensibles. IV

En el digno rostro del hombre maduro nada indicaba la conmoción interior; pero en los ojos de Tadzio brillaba una curiosidad, una interrogación pensativa; su paso vacilaba; bajaba la vista, volvía a alzarla graciosamente, y cuando ya estaba lejos, algo en su actitud indicaba que sólo la urbanidad le impedía volverse. IV

Aquella sonrisa fue recibida como un obsequio fatal. IV

La pasión, como el delito, no se encuentra a sus anchas en medio del orden y el bienestar cotidiano; todo aflojamiento de los resortes de la disciplina, toda confusión y trastorno le son propicios, porque le dan la esperanza de obtener ventajas de ellos. V

Así era Venecia, la bella insinuante y sospechosa; ciudad encantada de un lado, y trampa para los extranjeros de otro, en cuyo aire pestilente brilló un día, como pompa y molicie, el arte, y que a los músicos prestaba sones que adormecían y enervaban. El aventurero creía que sus ojos recogían todo aquel esplendor, que sus oídos estaban envueltos en aquellas melodías; recordaba también que la ciudad estaba enferma y que se trataba de ocultar tal circunstancia por codicia. Así avanzaba con ansia desenfrenada hacia la góndola que marchaba ante él. V

Sólo tenemos la edad que aparenta nuestro espíritu y nuestro corazón. V

Los poetas, no podemos andar el camino de la belleza sin que Eros nos acompañe y nos sirva de guía; y que si podemos ser héroes y disciplinados guerreros a nuestro modo, nos parecemos, sin embargo, a las mujeres, pues nuestro ensalzamiento es la pasión, y nuestras ansias han de ser de amor.V


martes, 29 de agosto de 2017

Doris Lessing; Diario de una buena vecina

Un libro sobre lo humano, sobre lo profundamente humano, sobre lo femeninamente humano que Logra Sensibilizarnos. Una mirada femenina sobre el cuidado de los otros.

Un relato sobre El compromiso personal con lo que nos rodea. Sobre ese cerrar los ojos, o hacer oídos sordos ante la mirada asustada y suplicante de una persona vulnerable. Un libro que no deja indiferente a nadie

Un libro que nos hace tomar conciencia, reflexionar y mirar una realidad cruda de la que muchas veces estamos tentados de huir. Cómo afrontamos nuestros compromisos con lo que nos rodea. Podemos huir y darle la espalda a los asuntos que tenemos delante o podemos involucrarnos y ofrecer ayuda en la medida de nuestras posibilidades. Una modalidad áspera, ruda, escueta y directa. Sin demasiadas descripciones conocernos profundamente la psicología de estos personajes.

Es el relato de La inesperada amistad de dos mujeres muy diferentes y de distintas épocas. La historia se sitúa en los años 70. Epoca en que la mujer acaba de adquirir protagonismo en la sociedad y su papel como dueña de casa ya no es prioritario y tampoco depende de un hombre a su  lado.

sábado, 22 de abril de 2017

Ahora sé el precio que cuesta cuidar de los muy viejos

Janna y Maudie poco o nada tienen en común.

Janna, una mujer madura pero aún atractiva, dedica todos sus esfuerzos a una actividad profesional que en apariencia le permite realizarse; Maudie, una viejecita encorvada por los años y los sacrificios, se mantiene viva gracias al orgullo indomable que a menudo malogra sus relaciones con el Mundo.

Nace así una relación de amistad que descubre el lazo común entre las dos: una ternura secreta, tímida, y casi indecible que busca explayarse.

Aquí nadie sueña con permanecer casado durante un segundo, después de que uno ha dejado de pasarlo bien.

Así que usted es la Buena Vecina de Maudie? Estaba decidida a no dejar que a Maudie le estafaran la única amiga verdadera y propia, dije: —No, no soy una Buena Vecina. Soy amiga de Maudie. Ahora ya hace tiempo que nos conocemos.

Así la familia de Maudie le robó finalmente su logro, una verdadera amiga suya, alguien que la quiere. Porque quiero a Maudie, y no podía soportar tenerla sentada a mi lado, temblando, lloriqueando. Le dije: —Maudie, usted vale más que cien de éstos y estoy segura de que siempre ha sido así.

Ahora lo veo de una manera distinta a como lo veía mientras lo estaba viviendo.

Si perdiera mi empleo, no me quedaría mucha vida propia.

Hay que saber dejar que las cosas ocurran.

Ahora sé el precio que cuesta cuidar de los muy viejos, los desamparados.

Como siempre, los padres eran como apéndices a la escena de los cuatro hijos, que no les dejaban acabar ni una conversación si tenían la temeridad de iniciar alguna, o hablaban entre sí de un lado a otro de la mesa y se comportaban exactamente como si Georgie y Tom fueran unos útiles criados que podían tratar a su antojo.

¡Hacemos nuestra elección mucho antes de lo que creemos!

Con qué alivio di la espalda a esta escena de feliz vida familiar contemporánea y me dirigí a la puerta.

El cambio ha venido creciendo en el interior.

Hay ocasiones en que no puedes ir con prisas.

Me gusta cuando sus vivaces ojos azules brillan y ríen: me gusta cuando mira así porque olvido a la anciana y puedo verla fácilmente como era.

Escupía palabras, palabras, palabras. De repente comprendí que estaba hipnotizada. Se había autohipnotizado. Me interesó esta idea mía y al preguntarme cuántas veces nos hipnotizamos sin saberlo.

En tiempos difíciles necesitamos divertirnos.

Cuánto adoro el festín de posibilidades que siempre es esta ciudad. Pero no lo supe hasta que tuve tres largas y encantadoras semanas, para mí sola, largos días de primavera, para que me complaciera en ellos. De repente, me vi rodeada de océanos de tiempo. Comprendí que estaba viviendo el tiempo como lo viven los ancianos, o los muy jóvenes. Me podía sentar sobre el muro de un jardín y contemplar la actividad.

Sé demasiado bien por qué necesitamos embellecer nuestra historia. Resultaría intolerable tener el peso pesado de la verdad, todo sombrío y doloroso.

No eres vieja si tienes el corazón joven.

Mirada triunfante

Me entretenía con las mismas historias, porque se le han acabado los recuerdos.

Pobreza raída, pero valiente.

No lo aceptaron, cruzaron miradas sobreentendidas. Le lanzaban en voz alta preguntas protectoras a Maudie, como si se tratara de una medio tonta; y ella allí, entre ellos, con sus mejores galas, la cabeza que le temblaba un poco, desafiante y culpabilizada y, obviamente, indispuesta, pero intentó afrontar esta presión realmente horrible, que la hacía parecer ridícula y estúpida.

Crueldad descuidada.

Empecé a verlo todo a través de los ojos de Maudie.

Cuánto toleramos en la gente sin llamarlos nunca locos.

Nada de lo que sucede se acerca a la realidad, todo es una horrible farsa, porque no le puedo decir: Maudie, tiene cáncer. Pienso en mi madre, pienso en Freddie. Me despierto de noche y me pregunto, ¿cuál es la diferencia, que aquella gente pudiera decir, tengo cáncer, pero Maudie no pueda? ¿Educación? ¡Tonterías! En ningún momento antes de que mi madre, de que mi marido murieran perdieron contacto con lo que estaba pasando. ¡Era yo quien había perdido contacto!

No me convertiré en una desastrada, no lo haré. La trampa de la vejez.

Si ya no puedo preocuparme por mi estilo, que exige tiempo, complicaciones, detalles, pensaré en algo inteligente, en un compromiso.

Deseo comunicarme, aunque sólo sea momentáneamente, con la auténtica Maudie. Pero se ha encerrado en su rabia, sus sospechas: y desde esta prisión, contempla aquella horrible sonrisa encantadora que siento que toma forma en mí cara cuando entro allí.

Esta Janna que visita a Maudie cada día, una hora, dos horas, tres (aunque nunca el tiempo suficiente, porque siempre se siente rechazada cuando me voy), no es la Janna que se negó participar cuando su marido, su madre, murieron.

Cuando te comprometes con los infinitamente indigentes, se supone que aceptas la carga de la culpabilidad. Necesitan mucho: les puedes dar muy poco.

Soy amiga (más que esto, quiero creer) de Maudie, sólo porque decidí serlo. Lo decidí. Por lo tanto, funciona. Si aceptas libremente hacer algo, entonces no resulta absurdo, por lo menos para ti.

Lo que pienso cuando me encuentro aquí, sosteniendo la mano de Maudie, es que debería estar en una familia numerosa y cariñosa, que fuera como una red de goma que se puede estirar por aquí o por allá para encajarla a ella, pero esto es una tontería. También me digo que se merecía ser una niña inteligentemente querida por sus inteligentes padres y que su madre no tenía que morir cuando ella tenía quince años, y que tenía el derecho de haber sido una persona feliz, sana, próspera durante toda su vida.

Ha habido nunca lugar mejor que un hospital para las cosas no dichas, no habladas, para que la gente se comprenda sólo con una mirada.

En el pasado temía tanto la vejez, la muerte, que me negaba a ver gente anciana por las calles... no existían para mí. Ahora, me paso horas en aquel pabellón y miro, me maravillo, me hago preguntas y me asombro.

Tiene una cara dulce y penetrante con los ojos llenos de vida. Porque mira cuanto la rodea, no se pierde nada, sonríe para sus adentros cuando sucede algo agradable o divertido.


La necesidad de quienes los contemplan, los familiares próximos, los más cercanos y queridos, es que el pobre paciente muera lo antes posible, porque la tensión es demasiado horrible. Pero, posiblemente no sea tan horrible para quien se está muriendo como para quienes lo contemplan.

martes, 5 de diciembre de 2006

Romain Rolland

Cuando se cree, se obra, sin preocuparse del resultado.
Romain Rolland; Juan Cristóbal, Compañía General de Ediciones, México, 1996, T.I, p.12.
*
No estoy escribiendo una obra de literatura. Estoy escribiendo una obra de fe.
Romain Rolland; Juan Cristóbal, Compañía General de Ediciones, México, 1996, T.I, p.12.
*
¡Hay tanta necesidad de admiración en un niño!
Romain Rolland; Juan Cristóbal, Compañía General de Ediciones, México, 1996, T.I, p.57.
*
La música comunicaba al alma una necesidad desatinada de amar; y al mismo tiempo le ofrecía por todas partes fantasmas de amor, con qué llenar el vacío que ella misma había abierto.
Romain Rolland; Juan Cristóbal, Compañía General de Ediciones, México, 1996, T.I, p.83.
*Todo es música para un corazón de músico.
Romain Rolland; Juan Cristóbal, Compañía General de Ediciones, México, 1996, T.I, p.90.
*
El artista de experiencia sabe muy bien que la inspiración es rara, y que corresponde a la inteligencia acabar la obra de la intuición; pone sus ideas bajo la prensa, y les hace dar hasta la última gota del jugo divino que las llena.
Romain Rolland; Juan Cristóbal, Compañía General de Ediciones, México, 1996, T.I, p.358.
*
No se puede escribir nada grande sin arriesgarse al ridículo.
Romain Rolland; Juan Cristóbal, Compañía General de Ediciones, México, 1996, T.I, p.377.
*
Un alma grande jamás está sola; que, por desprovista que esté de amigos, por la fortuna, siempre acaba por crearlos; que irradia en torno suyo el amor de que está henchida, y que en el momento mismo en que se cree aislada para siempre, es la más rica en amor que los más dichosos del mundo.
Romain Rolland; Juan Cristóbal, Compañía General de Ediciones, México, 1996, T.I, p.711.
*
Hay hombres que irradian en torno suyo una atmósfera apaciguadora, con sus miradas, sus gestos, con el contacto silencioso de su alma serena.
Romain Rolland; Juan Cristóbal, Compañía General de Ediciones, México, 1996, T.II, p.204.
*
No se equivocan al decir que la mujer es la mitad del hombre. Porque un hombre casado no es más que una mitad de hombre.
Romain Rolland; Juan Cristóbal, Compañía General de Ediciones, México, 1996, T.II, p.289.

Mercedes Salisachs; El secreto de las flores

1 Y lo que es peor, el desmoronamiento se produjo de repente, sin que hubiera intervenido antes un signo de alerta, ni los ecos de aquella n...