miércoles, 21 de octubre de 2020

Rainer Maria Rilke; Cartas a un joven poeta

Prólogo
Nuestra alma a la vez niña y anciana, ya antigua y aún por venir.

 

Prólogo

Amada y amante

 

Prólogo

Esta diez cartas que comenzó cuando tenía veintiocho años y en las que nos dejó su retrato, el fruto de su experiencia y la intuición anticipada de su destin

 

Prólogo

En medio del absurdo y de la prueba

 

Prólogo

La existencia de Rilke fue y es algo bello, una obra de arte y, como la obra de arte, en palabras suyas, es un «ser misterioso, cuya vida perdura».

 

Prólogo

Ser valientes ante lo más extraño, prodigioso e inexplicable que nos pueda suceder.

 

Prólogo

La arriesgada aventura del vivir.

 

Carta número 1

La mayor parte de los acontecimientos son indecibles, se desarrollan en un ámbito donde nunca ha penetrado ninguna palabra. Y lo máximamente indecible son las obras de arte, existencias llenas de misterio cuya vida, en contraste con la nuestra, tan efímera, perdura.

 

Carta número 1

Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Sólo hay un medio. Entre en sí mismo. Investigue el fundamento de lo que usted llama escribir; compruebe si está enraizado en lo más profundo de su corazón; confiésese a sí mismo si se moriría irremisiblemente en el caso de que se le impidiera escribir.

 

Carta número 1

Excave en sí mismo en busca de una respuesta que venga de lo profundo.

 

Carta número 1

Preste atención a lo que su propia vida cotidiana le ofrece; describa sus tristezas y anhelos, los pensamientos fugaces y la fe en algo bello; descríbalo todo con sinceridad íntima, callada y humilde y, para expresarse, sírvase de las cosas que le rodean, de las imágenes de sus sueños y de los objetos de sus recuerdos.

 

Carta número 1

Si su vida diaria le parece pobre, no se queje de ella; quéjese de usted mismo, dígase que aún no es lo bastante poeta como para convocar su riqueza, pues para el creador no existe pobreza ni lugar pobre o indiferente.

 

Carta número 1

Y si de ese retorno hacia dentro, de esa inmersión en su propio mundo, surgen versos, no se le ocurrirá preguntar a nadie si son buenos o no.

 

Carta número 1

Tampoco intentará interesar a las revistas, pues verá en ese trabajo su propiedad amada y natural, un fragmento y una voz de su vida. Una obra de arte es buena cuando surge de la necesidad.

 

Carta número 2

En las cosas más profundas e importantes, estamos indeciblemente solos y, para que uno pueda aconsejar o ayudar a otro, tienen que ocurrir muchas cosas, muchas cosas han de producirse, toda una constelación de acontecimientos ha de suceder para que por una sola vez el consejo llegue a buen puerto.

 

Carta número 3

Ahora se le abrirá Niels Lyhne, un libro de delicias y profundidades; cuanto más se lee.

 

Carta número 3

Resonancia vibrante del recuerdo; ninguna experiencia ha sido demasiado pequeña, y el más diminuto acontecimiento se revela como un destino, y el destino mismo es como un maravilloso y amplio tapiz en el que cada hilo es llevado por una mano cariñosa e infinita, puesto junto a otros y soportado por otros cien.

 

Carta número 3

Las obras de arte son soledades infinitas.

 

Carta número 3

Todo progreso, debe venir, profundo, de dentro, y por nada puede ser presionado ni precipitado.

 

Carta número 3

Todo es gestar y después parir.

 

Carta número 3

Ser artista significa no calcular ni medir; madurar como el árbol que no apremia su savia y se yergue confiado en medio de las tormentas de primavera, sin miedo a que después pueda no llegar el verano.

 

Carta número 4

No busque ahora las respuestas: no le pueden ser dadas, porque no podría vivirlas. Y se trata de vivirlo todo. Viva ahora las preguntas. Quizá después, poco a poco, un día lejano, sin advertirlo, se adentrará en la respuesta. Quizá lleve usted en sí mismo la posibilidad de formar y crear como una manera de vivir especialmente feliz y auténtica. Prepárese para ella, pero acepte todo lo que venga con absoluta confianza. Y siempre que algo surja de su propia voluntad, de alguna honda necesidad, acéptelo como tal y no lo odie.

 

Carta número 4

Toda belleza en los animales y en las plantas es una forma perdurable y silenciosa del amor y del deseo y puede ver a los animales, como ve a las plantas, uniéndose paciente y gustosamente, multiplicándose y creciendo no a causa del placer ni del dolor físicos, sino obedeciendo a necesidades mayores que el placer y el dolor y que son más poderosas que la voluntad y la resistencia. ¡Ojalá que el ser humano perciba este secreto que llena el mundo hasta en lo más pequeño, que lo lleve en sí, lo soporte y sienta qué terriblemente difícil es en vez de vivirlo tan a la ligera! ¡Ojalá respete su propia fecundidad, que es sólo una, aunque se presente como espiritual o corporal! Porque también la creación espiritual procede de la física, forma un solo ser con ella, y es como una repetición más tenue, más asombrada y más eterna, de la voluptuosidad corporal.

 

Carta número 4

Conjuran el futuro; y aunque se equivoquen y se abracen a ciegas, el futuro acude, un ser nuevo se levanta, y en lo hondo del azar, que aquí parece consumarse, se despierta la ley por la que una semilla más fuerte y resistente se abre paso hacia el óvulo que, abierto, sale a su encuentro. No se deje engañar por la superficie. En lo profundo todo es ley.

 

Carta número 4

Quizá por encima de todo haya una gran maternidad como un anhelo común.

 

Carta número 4

La belleza de la virgen, un ser (que como usted tan hermosamente dice) «aún no ha realizado nada», es maternidad que presiente y se prepara, que teme y ansia. Y la belleza de la madre es maternidad entregada.

 

Carta número 4

Evite incrementar el drama siempre tenso entre padres e hijos. Les roba mucha fuerza a los hijos y agota el amor de los padres, que es eficaz y cálido, aunque no comprenda. No les exija ningún consejo y no cuente con ninguna comprensión de su parte, pero crea en su amor que le ha sido reservado como una herencia: en ese amor hay una fuerza

 

Carta número 4

Su soledad, en medio de relaciones muy extrañas, le será también apoyo y hogar.

 

Carta número 5

Disfrutaré del gran silencio, del que espero el regalo de buenas y laboriosas horas…

 

Carta número 6

Y si un día uno se da cuenta de que sus ocupaciones son infelices, que la profesión se ha petrificado sin relación con la vida, ¿por qué no continuar mirando como un niño lo extraño, desde lo profundo del mundo propio, desde la amplitud de la propia soledad, que en sí misma es trabajo, jerarquía y profesión?

 

Carta número 6

Las cosas grandes que trenzan la verdadera vida.

 

Carta número 6

Si siente que no hay nada en común entre los demás y usted, intente aproximarse a las cosas, que nunca lo desampararán; todavía existen noches y vientos que van a través de los bosques y recorren muchos países; aún hay acontecimientos entre cosas y animales, en los cuales le está permitido participar, y los niños son así, como usted cuando era niño, tristes y felices.

 

Carta número 7

Es bueno estar solo, pues la soledad es difícil; que algo sea difícil ha de ser para nosotros una razón de más para hacerlo.

 

Carta número 7

También amar es bueno, pues el amor es difícil. Amarse de persona a persona es quizá lo más difícil de todo lo que nos ha sido encomendado, lo más avanzado, la última prueba y examen, el trabajo por excelencia, para el que todo otro trabajo es sólo preparación. Por eso los jóvenes, que son principiantes en todo, todavía no conocen el amor: tienen que aprenderlo.

 

Carta número 7

Sin fuerza ni fruto.

 

Carta número 7

Aquel amor que consiste en que dos soledades se protejan, delimiten y respeten mutuamente.

 

Carta número 8

Vida no vivida, vida rechazada y perdida, por la que se puede morir.

 

Carta número 8

Quizá llegaríamos a soportar nuestras tristezas con mayor confianza que nuestras alegrías. Pues son momentos en los que algo nuevo se ha introducido en nosotros, algo desconocido. Nuestros sentidos enmudecen con tímido encogimiento, todo en nosotros se retrae, nace un silencio y lo nuevo, lo que nadie conoce, se yergue en el centro y calla.


Carta número 8

Yo creo que casi todas nuestras tristezas son momentos de tensión que nosotros percibimos como parálisis, porque ya no sentimos la vida de nuestros sentidos alienados. Porque estamos solos con el extraño que se nos ha introducido.

 

Carta número 8

Porque, por un momento, se nos arrebata todo lo habitual y lo que nos inspiraba confianza; porque nos encontramos en una encrucijada donde no podemos permanecer.

 

Carta número 8

Por eso es tan importante estar solo y atento cuando se está triste; porque el instante aparentemente perplejo y vacío de acontecimientos en el que nuestro futuro nos alcanza, está mucho más próximo a la vida que aquel otro, ruidoso y fortuito, en que se nos presenta como venido de fuera.

 

Carta número 8

La soledad no es algo que se pueda dejar o tomar. Somos soledad.

 

Carta número 8

Hemos de aceptar nuestra existencia tan ampliamente como nos sea posible. Todo, incluso lo inaudito, ha de ser posible. Esto es lo fundamental, el único valor que se nos exige: ser valientes ante lo más extraño, maravilloso e inexplicable que nos pueda acontecer.

 

Carta número 8

Pues no sólo la indolencia hace que las relaciones humanas se repitan en cada caso de forma tan indeciblemente monótona y repetitiva, sino que existe también otra causa: el temor a cualquier acontecimiento nuevo, imprevisible, ante el que no se cree estar a su altura. Pero sólo quien está dispuesto a todo, quien no cierra la puerta a nada, ni siquiera a lo más enigmático, vivirá la relación con el otro como algo vivo y ahondará en sí mismo. Pues si concebimos la naturaleza del ser individual como una habitación más o menos grande, veremos que la mayoría sólo conoce una esquina, una ventana, una franja por la que repetidamente va y viene.

 

Carta número 8

No hay nada que deba asustarnos o torturarnos. Estamos puestos en la vida como en el elemento más afín y hemos llegado a hacernos tan similares a ella a través de siglos de adaptación que, si nos mantenemos en calma y en silencio, gracias a un feliz mimetismo, casi no se nos puede diferenciar de ella. No tenemos ningún fundamento para desconfiar de nuestro mundo, ya que no está contra nosotros. Si tiene miedos, son sólo nuestros miedos; si tiene abismos, esos abismos nos pertenecen; si hay peligros, debemos intentar amarlos. Y si disponemos nuestra vida según el principio que nos aconseja mantenernos siempre en lo difícil, lo que nos parecía extraño, se nos transformará en algo infinitamente fiel y digno de toda confianza.

 

Carta número 8

Quizá todos los dragones de nuestra vida sean princesas que sólo esperan vernos una vez hermosos y valientes. Quizá todo lo horrible, en el fondo, sea sólo una forma de desamparo que solicita nuestra ayuda.

 

Carta número 8

No se observe demasiado. No saque conclusiones precipitadas acerca de lo que le está ocurriendo; deje simplemente que las cosas le sucedan. De lo contrario, llegará con demasiada facilidad a mirar su pasado con reproches (es decir, como un moralista); un pasado que, como es natural, forma parte de lo que ahora le está sucediendo.

 

Carta número 8

Anhela desde lo grande lo máximo.

 

Carta número 9

Deje que la vida vaya sucediendo y traiga lo que tenga que traer. Créame, la vida siempre, siempre tiene razón.

 

 

domingo, 18 de octubre de 2020

Mathias Malzieu; La alargada sombra del amor

I
¿Sabes que hay flores que adornan tu cielo?
I
Todo se parece en la oscuridad.
I
El reloj de tu corazón
I
Tras la muerte uno siempre se espera que algo aún se mueva, aunque sean las perlitas de un cocodrilo roto.
I
Ahora, papá, Lisa y yo somos huesos y músculos, nada más.
I
Los relojes siguen desgranando los segundos como si nada.
I
Fingimos caminar, imitamos a las personas que éramos antes, cuando aún estabas aquí.
I
Pues aquello no era nada en comparación con el vacío que nos estalló silenciosamente delante de las narices con el breve «se acabó» de la enfermera. Todo el mundo tenía miedo. Miedo de que te fueras. Y ahora que te has ido, tenemos más miedo aún.
I
Es espantoso el ruido de un corazón cuando se rompe.
I
Queremos seguir oyendo un poco del tú y del nosotros funcionando con normalidad, con palabras, y sin tubos de plástico. ¡Queremos «antes» y ahora!
I
Hemos recogido los corazones, nos hemos agarrado unos a otros con el mecanismo de los brazos y nos hemos marchado de la habitación.
I
Nos hemos despeñado. Igual que unos alpinistas a los que acabaran de quitar la pared montañosa, el punto de apoyo al que se aferraban para no perder pie. Aunque te hayas hecho a la idea de que va a suceder lo peor, la caída siempre es un brutal golpetazo.
I
Surge la noche en pleno día, en plena cara, y ya nunca nada será como antes.
I
Él también se marchará con su saco de vacío para el resto de su vida.
I
Es el vacío que se hincha y me hincha.
I
Ahí empiezan las caricias cortantes, las que se clavan en los antiguos recuerdos.
I
Cuando tuviste que marcharte de casa para ir al hospital, unas sombras ocuparon tu lugar. Las he visto extenderse, primero por la cocina, por entre las cazuelas inmóviles, luego se enredaron entre tus peinecitos y en el cuarto de la plancha, como unas telas de araña opacas. Al principio, me bastaba con soplarles un poco encima para que desapareciesen. Y mientras, pensaba y decía en voz alta que regresarías.
I
Después transcurrieron los días, tuviste que quedarte en el hospital, y las sombras se solidificaron en casa. Se extendían por debajo de la puerta de tu habitación, parecían auténticas plantas carnívoras. Los últimos días, era imposible tocar, ni siquiera acercarse al pomo de la puerta. Las sombras se aferraban a los cuadros colgados en el pasillo y trepaban por la pintura. Parecía que las paredes se agrietaban.
I
Ni siquiera estoy seguro de saber todavía cómo va eso de sacar notas musicales de mi cuerpo, ahora que tengo un agujero dentro.
I
Si es preciso, trucaré los relojes del mundo entero.
I
El que será el último vestido que te pondrás.
II
el corazón, cuando eres un gigante de ciento treinta años, lo tienes roto en mil pedazos! ¡Has conocido el amor y la muerte, y te han arrancado el corazón en más de una ocasión! Entonces es cuando compensas el dolor con las sombras
II
Tú acabas de sufrir un grave accidente de corazón. Tenderás a encogerte bajo el peso de las cosas; sin embargo, tendrás que crecer de golpe,
II
Al igual que cualquier capullo, las sombras pueden generar metamorfosis.
II
para empezar, debes luchar solo. No mezcles a nadie en esto, ni siquiera a las personas que quieres, principalmente a los que quieres.
II
En segundo lugar, no debes utilizar las puertas que conducen al país de la muerte. Luchar contra la muerte no significa ir a verla de cerca. El único modo de matar a la muerte es seguir vivo. Mantente orientado hacia la vida. La sombra funciona como una especie de vacuna, contiene la muerte, pero tú no debes tocarla. No bromees con eso, es lo que hace que con mayor frecuencia fracase el tratamiento. Eso y las personas que no aceptan la vida. Pero estos morirían de todas maneras.
II
Leo un fragmento, saborear las palabras igual que si metieras el dedo en una salsa, y respirar el olor del papel totalmente nuevo o completamente viejo, y oler la cola que une las páginas.
II
¿Y este libro tendrá magia dentro? El gigante me dijo que los libros eran instrumentos para luchar contra la noche.
II
Empezó a escribir relatos cortos, historias que ocultaba dentro de ella desde hacía demasiado tiempo.
II
Creo que, durante una época, los «libros» que escribía en su habitación le procuraron bienestar y le resultaron saludables.
II
Había santificado el acto de la escritura sin darse demasiada cuenta de ello.
II
Para mí se había convertido en una escritora-gran chef, sus creaciones siempre resultaban originales y ceremoniosas.
II
Ya hemos compartido la complicidad de la risa.
II
Solo con notar que mi hermana tenía ganas de soltar una carcajada, yo ya sentía el cosquilleo.
II
Me pesa todo el cuerpo, creo que es porque un corazón roto se diluye por todas partes a través de las venas, se extiende y se infla.
III
No sabemos qué hacer con todo ese amor en los ojos de la gente, con las flores y con la beatería que parece impregnarlo todo.
III
La gente nos mira como si tuviéramos la cara llena de sangre; sin duda debe de ser así.
III
Vivo en tu sueño, nadie puede ver tus sueños
III
Tienes que volver a aprender a reír, a comer con gusto, ¡debes reeducar tu gusto! Utiliza la sombra, lee, sueña, descansa, diviértete, aunque eso te parezca tan imposible como el día en que trataste de hacer el primer acorde de guitarra. Todo te parecerá ridículo, pero no abandones nada. ¡No cedas nada a la desesperación! Usa tus sueños. ¡Y si están rotos, pégalos! ¡Frótalos con tu sombra mágica, ya verás, amigo! Un sueño roto bien pegado puede volverse aún más bello y sólido. Hasta el punto de hacer añicos los límites de lo real. —Lo dice con una sonrisa acuchillada en su rostro tan viejo, tan viejo, que uno pensaría que es más viejo que los muertos—. ¡Ama las cosas! ¡Estás vivo! Y si te sientes muerto de tristeza, es normal, asúmelo. Sin embargo, no te dejes llevar, vamos… ¡Reivindícame un poco ese corazón!
III
Los cataclismos son pesados de digerir. Pero métete bien la idea de vida en la cabeza. Aunque te parezca algo lejano, inaccesible, esfuérzate y ve a tu ritmo. Además yo estoy aquí para engrasar los mecanismos. Puedo tratar de aterrorizarte, jovencito; y también de hacerte reír. Necesitas historias, no solo para divertirte. Has de reaprender tus recuerdos sin permitir que el miedo te bloquee. Ahora esto es lo más importante.
III
Los niños, más o menos afectados por la tristeza, según la edad, juegan en el columpio. El vaivén me reconforta.
III
Fragancias de verano.
III
Nos besamos, y puesto que ella era muy pequeña, cayó enamorada dentro de mí.
IV
Su cocina era su taller, su antro de perfumes y ahumados. Montaba las claras a punto de nieve con un golpe de puño ligero como un redoble de tambores.
IV
Para mí, el objetivo de este «juego» consiste en seguir vivo pese a la muerte.
IV
Pequeñas victorias sobre lo cotidiano.
IV
Huele a homenaje.
VI
Cuando era aún más pequeño que hoy, papá era el gigante que me llevaba a mi cama. Yo me dormía delante de la tele. Pero ahora que soy un gran pequeño grande, necesito un gigante para que me transporte a mi habitación.
IV
Te gustaba mucho poner mesas tan bonitas para comer como para mirar.
VII
Amor a montones
 

lunes, 31 de agosto de 2020

El entierro de Roger Malvin


Susceptibles de recibir la luz de luna de lo novelesco.

 

La imaginación, si tiene el juicio de dejar en la sombra ciertos incidentes.

 

Luz alegre

 

Cabellos entrecanos

 

Deja que el deseo de un moribundo tenga influencia en ti.

 

No soy un hombre de débil corazón y, si lo fuera, existe un soporte más seguro que el de los amigos terrenales.

 

Déjame por mi bien, de modo que, tras rezar una oración por tu seguridad, me quede tiempo para rendir cuentas sin que me perturben las penas de este mundo.

 

Dile a mi hija —dijo Roger Malvin— que aunque tú mismo estabas gravemente herido, y débil, y agotado, por varias leguas dirigiste mis pasos vacilantes y que me abandonaste sólo a instancias de mis sinceras súplicas, porque yo no quería que tu sangre me manchara el alma. Dile que fuiste leal en el dolor y en el peligro y que si tu flujo vital hubiera podido salvarme, se habría derramado hasta la última gota. Y dile que serás algo más preciado que un padre, que mi bendición cae sobre ambos y que mis ojos moribundos columbran un camino largo y placentero que habrán de recorrer en compañía.

 

Créeme, Rubén, mi corazón estará más alegre con cada paso que des en dirección a casa.

 

La miserable y humillante tortura del elogio inmerecido.

 

Deploraba honda y amargamente la cobardía moral que había refrenado sus palabras cuando estuvo a punto de revelarle la verdad a Dorcas. Pero el orgullo, el temor de perder su cariño, el miedo del desprecio general, le prohibían enmendar su falsedad.

 

Mientras que la razón le decía que había obrado bien, padecía en alto grado los horrores mentales que castigan al autor de un crimen secreto.

 

La tristeza del adiós tuvo para cada uno de los peregrinos mitigaciones particulares.

 

Algo nos hace estremecer —y sin embargo nos caldea el corazón— cuando pensamos en los tres, unidos por los fuertes lazos del amor y separados de todos los que vivían por fuera de este vínculo.

 

Le habló con el tono compungido que los de tierno corazón asignan a las penas que hace tiempo se enfriaron y murieron.


domingo, 12 de julio de 2020

Rabindranath Tagore; Gitanjali

1

Este frágil vaso mío tú lo derramas una y otra vez, y lo vuelves a llenar con nueva vida.

 

1

Tú has llevado por valles y colinas esta flautilla de caña, y has silbado en ella melodías eternamente nuevas.

 

3

Mudo de asombro

 

3

La luz de tu música ilumina el mundo

 

4

Voy a guardar mi corazón de todo mal, y a tener siempre mi amor en flor.

 

4

Será mi afán revelarte en mis acciones.

 

5

Es el tiempo de sentarse quieto frente a ti, el tiempo de cantarte, en un ocio mudo y rebosante, la ofrenda de mi vida.

 

5

Sé indulgente conmigo un momento, y déjame sentarme a tu lado, que luego terminaré lo que estoy haciendo.

 

6

Anda, no esperes más; toma esta florcita, no se mustie y se deshoje. Quizás no tengas sitio para ella en tu guirnalda; pero hónrala, lastimándola con tu mano, y arráncala, no sea que se acabe el día sin que yo me dé cuenta; y se pase el tiempo de la ofrenda. Aunque su color sea tan pobre, y tan poco su olor, ¡anda, ten esta flor para ti, arráncala ahora que es tiempo!

 

7

Señor, poeta mío. Aquí me tienes sentado a tus pies. Déjame sólo hacer recta mi vida y sencilla, como una flauta de caña, para que tú la llenes de música.

 

7

Mi canción, sin el orgullo de su traje, se ha quitado sus galas para ti. Porque ellas estorbarían nuestra unión, y su campanilleo ahogaría nuestros suspiros.

 

8

El niño vestido de príncipe, colgado de ricas cadenas, pierde el gusto de su juego, porque su atavío le estorba a cada paso. Por temor a rozarse o a empolvarse, se aparta del mundo, y no se atreve ni siquiera a moverse. Madre, ¿gana él algo con ser esclavo de ese lujo que le aparta del polvo saludable de la tierra, que le roba el derecho de entrar en la gran fiesta de la vida de todos los hombres?

Que no nos estorbe el atavío ...

 

9

Necio, que intentas llevarte sobre tus propios hombros!

 

9

Deja todas las cargas en las manos de aquel que puede con todo, y nunca mires atrás nostálgico.

 

10

Mi corazón no sabe encontrar su senda, la senda de los solitarios, por donde tú vas entre los más pobres, los más humildes y perdidos.

 

13

Mis días se me han ido afinando las cuerdas de mi arpa; pero no he hallado el tono justo, y las palabras no venían bien. ¡Sólo la agonía del afán en mi corazón!

 

14

Mis deseos son infinitos, lastimeros mis clamores; pero tú me salvas siempre con tu dura negativa. Y esta recta merced ha traspasado de parte a parte mi vida.

 

14

Día tras día me haces digno de los dones grandes y sencillos que me diste sin yo pedírtelos, el cielo y la luz, mi cuerpo, mi vida y mi entendimiento; y me has salvado, día tras día, del escollo de los deseos violentos.

 

15

Hónrame tú ordenando mi presencia!

 

16

Fui invitado a la fiesta de este mundo, y así mi vida fue bendita. Mis ojos han visto, y oyeron mis oídos. Mi parte en la fiesta fue tocar este instrumento; y he hecho lo que pude.

 

18

Las nubes se amontonan sobre las nubes, y oscurece.

 

18

Pero en esta oscuridad solitaria, no tengo más que tu esperanza.

 

19

Si no hablas, llenaré mi corazón de tu silencio, y lo tendré conmigo. Y esperaré, quieto, como la noche en su desvelo estrellado, hundida pacientemente mi cabeza.

 

19

Tu voz se derramará por todo el cielo, en arroyos de oro.

 

22

Hoy, la mañana ha cerrado sus ojos, sin hacer caso de la insistente llamada del huracán del este, y un espeso manto ha caído sobre el azul siempre alerta del cielo.

 

22

Los bosques han dejado de cantar.

 

22

Único amigo mío, mi más amado amigo; mira abiertas las puertas de mi casa; no pases de largo como un sueño!

 

25

Acaso no eres tú quien corre el velo de la noche sobre los ojos rendidos del día, para renovar su sentido con la refrescada alegría del despertar?

 

27

¡Enciende la lámpara del amor con tu vida!

 

29

Este hermoso muro es mi orgullo, y lo enluzco con cal y arena, no vaya a quedar el más leve resquicio. Y con tanto y tanto cuidado, pierdo de vista mi verdadero ser.

 

34

Que sólo quede de mí, Señor, aquel poquito con que pueda llamarte mi todo. Que sólo quede de mi voluntad aquel poquito con que pueda sentirte en todas partes, volver a ti en cada cosa, ofrecerte mi amor en cada instante. Que sólo quede de mí aquel poquito con que nunca pueda esconderte. Que sólo quede de mis cadenas aquel poquito que me sujete a tu deseo, aquel poquito con que llevo a cabo tu propósito en mi vida; la cadena de tu amor.

 

35

Permite, Padre, que mi patria se despierte en ese cielo donde nada teme el alma, y se lleva erguida la cabeza; donde el saber es libre; donde no está roto el mundo en pedazos por las paredes caseras; donde la palabra surte de las honduras de la verdad; donde el luchar infatigable tiende sus brazos a la perfección; donde la clara fuente de la razón no se ha perdido en el triste arenal desierto de la yerta costumbre; donde el entendimiento va contigo a acciones e ideales ascendentes… ¡Permite, Padre mío, que mi patria se despierte en ese cielo de libertad

 

36

Mi oración, Dios mío, es ésta: Hiere, hiere la raíz de la miseria en mi corazón. Dame fuerza para llevar ligero mis alegrías y mis pesares. Dame fuerza para que mi amor dé frutos útiles. Dame fuerza para no renegar nunca del pobre, ni doblar mi rodilla al poder del insolente. Dame fuerza para levantar mi pensamiento sobre la pequeñez cotidiana. Dame, en fin, fuerza para rendir mi fuerza, enamorado, a tu voluntad

 

37

He visto que tu voluntad no se acaba nunca en mí. Y cuando las palabras viejas se caen secas de mi lengua, nuevas melodías estallan en mi corazón; y donde las veredas antiguas se borran, aparece otra tierra maravillosa.

 

39

Cuando esté duro mi corazón y reseco, baja a mí como un chubasco de misericordia. Cuando la gracia de la vida se me haya perdido, ven a mí con un estallido de canciones. Cuando el tumulto del trabajo levante su ruido en todo, cerrándome el más allá, ven a mí, Señor del silencio, con tu paz y tu sosiego. Cuando mi pordiosero corazón esté acurrucado cobardemente en un rincón,

 

39

Cuando esté duro mi corazón y reseco, baja a mí como un chubasco de misericordia. Cuando la gracia de la vida se me haya perdido, ven a mí con un estallido de canciones. Cuando el tumulto del trabajo levante su ruido en todo, cerrándome el más allá, ven a mí, Señor del silencio, con tu paz y tu sosiego. Cuando mi pordiosero corazón esté acurrucado cobardemente en un rincón, rompe tú mi puerta, Rey mío, y entra en mí con la ceremonia de un rey. Cuando el deseo ciegue mi entendimiento, con polvo y engaño, ¡Vigilante santo, ven con tu trueno y tu resplandor!

 

39

Rompe tú mi puerta, Rey mío, y entra en mí con la ceremonia de un rey. Cuando el deseo ciegue mi entendimiento, con polvo y engaño, ¡Vigilante santo, ven con tu trueno y tu resplandor

 

43

Fue un día en que yo no te esperaba. Y entraste, sin que yo te lo pidiera, en mi corazón, como un desconocido cualquiera, Rey mío; y pusiste tu sello de eternidad en los instantes fugaces de mi vida.

 

44

La sombra va tras la luz.

 

44

Mensajeros, que traen nuevas de cielos desconocidos, me saludan y siguen aprisa por la senda. Mi corazón late contento dentro de mí, y el aliento de la brisa que pasa me es dulce.

 

44

Mientras, el aire se está llenando del aroma de la promesa.

 

47

Que se aparezca él a mis ojos como la luz primera y la primera forma! ¡Que el primer estremecimiento de alegría le venga a mi alma amanecida de su mirar! ¡Que mi retorno a mí mismo sea volver de pronto a él!

 

56

Tu voluntad está siempre recreándose en mi vida.

 

58

¡Que todas las alegrías se unan en mi última canción: la alegría que hace desbordarse a la tierra en el exceso desenfrenado de la yerba; la alegría que echa a bailar vida y muerte, hermanas gemelas, por el vasto mundo; la alegría que la tempestad barre adentro, despertando y sacudiéndolo todo con su carcajada; la alegría que se sienta, en paz con sus lágrimas, en el abierto loto rojo del dolor; la alegría que tira cuando tiene; la alegría que lo ignora todo!

 

62

Cuando beso tu cara, amor mío, para hacerte sonreír, sé bien cuál es la alegría que mana del cielo en la luz del amanecer, y el deleite que traen a mi cuerpo las brisas del verano…, cuando beso tu cara, amor mío, para hacerte sonreír.

 

63

Tú me has traído amigos que no me conocían. Tú me has hecho sitio en casas que me eran extrañas. Tú me has acercado lo distante y me has hermanado con lo desconocido. Mi corazón se me inquieta si tengo que dejar mi albergue acostumbrado. Olvido que lo antiguo está en lo nuevo, que en lo nuevo vives también tú.

 

65

Poeta mío, ¿te encanta ver la creación con mis ojos; oír, silencioso, en los umbrales de mis oídos, tu propia armonía eterna? Tu mundo teje palabras en mi pensamiento, y tu alegría las hace más melodiosas. Te me das, enamorado, y luego sientes toda tu propia dulzura en mí.

 

67

Eres, a un tiempo, el cielo y el nido. Hermoso mío, aquí en el nido, tu amor aprisiona el alma con colores, olores y música. ¡Cómo viene la mañana, con su cesta de oro en la diestra, donde trae la guirnalda de la hermosura, para coronar, en silencio, la tierra!


72

Es él, mi más íntimo él, quien despierta mi vida con sus profundas llamadas secretas. El, quien pone este encanto en mis ojos; quien pulsa, alegremente, las cuerdas de mi corazón en su múltiple armonía de placer y de pesar. El, quien teje la tela de esta maya con matices tornasoles de oro y plata, azul y verde; quien asoma por sus pliegues los pies, cuyo contacto me enajena. Los días pasan, mueren los años, y él sigue moviendo mi corazón con mil nombres, con mil disfraces, en innumerables transportes de placer y de pesar.

 

81

Escondido en el corazón de las cosas, tú nutres las semillas y las tornas en brotes, y los capullos en flores, y las flores en frutos. Estaba yo dormitando, rendido, en mi lecho ocioso, y pensaba que no hacía cosa alguna. Cuando desperté, en la mañana, vi mi jardín lleno de flores maravillosas.

 

81

Cuántos días ociosos he sentido pena por el tiempo perdido! Pero ¿ha sido perdido alguna vez, Señor? ¿No has tenido tú mi vida, cada instante, en tus manos?

 

82

El tiempo es infinito en tus manos, Dios mío. ¿Quién podrá contar tus minutos? Pasan días y noches, se abren los años y luego se mustian, como flores. Tú sabes esperar. Tus siglos vienes, uno tras otro, perfeccionando la florecilla del campo. Pero nosotros no podemos perder nuestro tiempo, y tenemos que echarnos de cabeza a nuestras ocasiones. ¡Somos demasiado pobres para llegar tarde! Y así, el tiempo se va mientras yo se lo estoy dando a los otros que, irritados, lo reclaman. Y así tu altar está sin una sola ofrenda. Por la tarde, me apresuro temeroso, no vaya a estar cerrado tu portal. Pero siempre llego a tiempo.

 

83

Madre, yo te haré una cadena de perlas para tu garganta, con las lágrimas de mi dolor. Las estrellas forjaron con luz las ajorcas de tus pies; pero mi cadena va a ser para tu pecho. Riqueza y nombradía vienen de ti, y tú puedes darlas o no a tu gusto. Pero mi dolor es sólo mío, y cuando te lo ofrezco, tú me pagas con tu gracia.

 

93

Recibí, más de lo que pude dar.

 

95

Y como amo tanto esta vida, sé que amaré lo mismo la muerte.

 

 

Mercedes Salisachs; El secreto de las flores

1 Y lo que es peor, el desmoronamiento se produjo de repente, sin que hubiera intervenido antes un signo de alerta, ni los ecos de aquella n...