lunes, 27 de junio de 2022

Nuria Labari: La mejor madre del mundo


Nuria Labari: 
La mejor madre del mundo

 

 

Para el corazón femenino de todos los hombres.

 

Las madres son cotorras mudas.

 

Las madres no escriben, están escritas», sentenció la psicoanalista Helene Deutsch allá por los setenta.

 

Casi siempre preferimos utilizar la creación para conectar con ese otro yo que somos cuando no estamos criando.

 

No existen temas universales sin dolor. Puede que no exista universo sin dolor.

 

El vientre de una madre es un lugar en el mundo.

 

He sido madre de todos mis muñecos.

 

El amor puede ser un refugio del desamparo y la intemperie. O puede ser amor.

 

Las madres buscamos ese instante dorado, a veces pagaríamos por él. A veces amamos por él, por ese brillo que marca el camino hacia el amor pero no es amor. Porque es brillo. Podemos entregar nuestra vida a una estrella fugaz. O a un fuego fatuo.

 

Cada hijo tendrá su ración de amor infinito todos los días, todas las veces.

 

Ser madre es dar a luz a mujeres que te habitan sin tu permiso.

 

Despídete del precioso tiempo de la eficacia si estás acunando un recién nacido. Porque la productividad no se entiende con el tempo del amor. El amor es un lapso inútil, es el momento de quitarse el reloj. Y ese tiempo es el único que aún nadie ha podido pagar con dinero, lo que no significa necesariamente que sea un tiempo mejor.

 

Acaba de nacer y todo el mundo ha venido a vernos al hospital. La habitación está llena de gente que me quiere y que la quiere nada más verla. Incluso más que a mí. Porque a ella le entregan el amor que no me supieron dar, el que no tuve tiempo de recibir, el que nunca supe que existía. Todo es ahora suyo.

 

En realidad, nada ni nadie te cambiará la vida si no es capaz de cambiar tu memoria.

 

Un charco de pena.

 

Lo mismo pasa con una madre muerta. Se queda dentro, anida en el hueco que dejaron nuestros hijos, los que tuvimos y los que no. El caso es que se queda ahí. Algún día inventarán un doppler de última generación capaz de oír el latido de los muertos que llevamos dentro.

 

Una madre que cría a su hijo se convierte, antes o después, en una mujer que espera dentro de una casa.

 

Aunque es evidente que no estoy sola, lo cierto es que no puedo hablar con nadie de esto. Y esa es otra forma de soledad.

 

Sin maternidad no hay escritura ni historia alguna que contar. La primera madre tuvo que inventar la memoria. Y de aquella mujer nació el primer ser humano.

 

Es así. Un inocente paseo con las niñas puede estar cargado de imágenes y amenazas nuevas. 

 

Vida con hijos implica una sola certeza: se acabaron los días sin miedo.

 

Tejiendo con hilos dorados los días de nuestra vida.

 

Cuando todo está bien, puede ser que nada esté bien.

 

He tardado más de cuatro años de crianza en comprender algo tan sencillo como que el amor no lo puede todo, ni siquiera el mejor amor del mundo, ni siquiera el nuestro. Al principio, cuando nuestra relación no llegaba donde yo quería, pensaba que era porque tenía impurezas. Como si tuviéramos que poner a prueba nuestros sentimientos una y otra vez. Pero no hay nada que temer. Porque donde el amor no pudo llegar, Sacrificio me estaba esperando…

 

Una sociedad que tiene cabreadas a sus mujeres es una sociedad en peligro de extinción.

 

La felicidad puede arrasar con todo a su paso, arrancarte lo que tienes y hasta lo que no tienes mientras tú contemplas exultante el panorama, sin saber si asistes a tu naufragio o a tu triunfo.

  

No hay comentarios.:

Mercedes Salisachs; El secreto de las flores

1 Y lo que es peor, el desmoronamiento se produjo de repente, sin que hubiera intervenido antes un signo de alerta, ni los ecos de aquella n...