sábado, 7 de junio de 2008

La oración es el antídoto perfecto del odio

Para Dios, este es el séptimo día; El está “descansando” y deja que nosotros continuemos (bajo su dirección) la obra de la Creación.
Leo J. Trese: Puedes Volar como las Aguilas; (1960), Palabra S.A., sexta edición, Madrid, 1998, p.80.

La oración es el antídoto perfecto del Odio. Si eres capaz de rezar por una persona, no la odiarás. Quizá sientas aún una fuerte aversión por ella, pero tu amor sobrenatural está por encima del sentimiento, como la luz del sol sobre las nubes.
Leo J. Trese: Puedes Volar como las Aguilas; (1960), Palabra S.A., sexta edición, Madrid, 1998, p.86.

Nadie tiene derecho a ser él mismo hasta que sea lo que Dios quiere.
Leo J. Trese: Puedes Volar como las Aguilas; (1960), Palabra S.A., sexta edición, Madrid, 1998, p.117.

Hay una tremenda fuerza animante en una sonrisa.
Leo J. Trese: Puedes Volar como las Aguilas; (1960), Palabra S.A., sexta edición, Madrid, 1998, p.121.
Lo que caracteriza a las células sanas de un cuerpo vivo es la capacidad de reproducirse por sí mismas. En el Cuerpo de Cristo hay muchas, demasiadas, células estériles.
Leo J. Trese: Puedes Volar como las Aguilas; (1960), Palabra S.A., sexta edición, Madrid, 1998, p.127.

La vitalidad de nuestra vida interior depende también de una autoevaluación periódica.
Leo J. Trese: Puedes Volar como las Aguilas; (1960), Palabra S.A., sexta edición, Madrid, 1998, p.129.

Nuestra fe es un antídoto maravilloso contra esas tentaciones de sentirnos inferiores.
Leo J. Trese: Puedes Volar como las Aguilas; (1960), Palabra S.A., sexta edición, Madrid, 1998, p.134.

Un niño debería oir “Dios te quiere” con la misma frecuencia que “Mamá te quiere”.
Leo J. Trese: Puedes Volar como las Aguilas; (1960), Palabra S.A., sexta edición, Madrid, 1998, p.157.

Preocuparse no es cristiano.
Leo J. Trese: Puedes Volar como las Aguilas; (1960), Palabra S.A., sexta edición, Madrid, 1998, p.184.

viernes, 30 de mayo de 2008

Somos amados, antes que débiles.

Ser recordatorio viviente de Cristo para los demás.
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 7.

Recordar que somos amados, antes que débiles.
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 7.

No siempre sabemos las repercusiones que puede tener la más pequeña de nuestras buenas acciones.
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 11.

O permitir que Dios hable o dejar que el ser herido nuestro grite….
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 16.

Que disminuya mi miedo a no tener nada que dar, y mi fe crezca por no tener nada que demostrar.
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 21.

Que pueda darle la bienvenida al extraño que viene de afuera y al extraño que proviene de adentro.
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 33.

Ahora en la mitad de mi vida, me siento bendecido si puedo ¡cambiar yo mismo!
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 39.

La religión no es lo que haces con tu aislamiento sino con tu comunicación aún cuando estás solo. Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 43.

El sólo hecho de haber llegado a cierta edad revela una fortaleza que merece admiración.
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 109.

Atravesamos el canal del nacimiento más de una vez en la vida.
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 113.

Creer que controlamos nuestra propia vida es una ilusión.
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 123.

Sólo aquello que se ha convertido en amor en tu vida será preservado.
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 138.

Nuestra vida se completa vaciándola.
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 144.

La Juventud no es un requisito para cumplir la voluntad de Dios.
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 158.

Comprender el cuidado de los hijos como un movimiento espiritual.
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 179.

Sé que actúo mejor luego de haber hecho oración. Soy más amable, amistoso y atento, en parte porque cuidé mis propias necesidades. Recordé quién era y a quién pertenezco, contemplé mi propia vida e historia, me vinculé con un ámbito más amplio, dándole un sentido a mi vida más contextualizado. El recuerdo de los hechos y de las personas durante la oración me permite responder mejor a sus necesidades, inclusive a las que no me fueron expresadas. Dios hará algo por ellos a través mío porque formo parte del cuerpo místico de Cristo.
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 187.

Cuidemos ese pedacito de Dios presente en nosotros mismos.. Y quizás en los demás también. Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 189.

No maté a nadie con mis manos pero ¿acaso conozco bien los sentimientos de mi corazón?
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 190.

Has estado mirando fijamente un obstáculo sin considerar que el obstáculo estaba puesto allí para mostrarte el camino.
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 193.
Elaborar el duelo por nuestras pérdidas, permiténdonos sentir aflicción porque la vida no siempre se da como la planeamos.
Chris Glaser; Meditando con Henri Nouwen, Editorial Epifanía, Buenos Aires, 2004, p. 193.

sábado, 24 de mayo de 2008

Sacar de los males bienes

Si los hombres se sintiesen siempre mirados por Dios su vida sería bien distinto.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 58.

Llena de esperanza contemplar la obra de Dios en un alma fiel. Dios es siempre el mismo, somos nosotros los que podemos responder mejor o peor a su labor en nuestras almas.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 78.

Sacar de los males bienes, y de los grandes males, grandes bienes.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 86.

Servir es una de las formas de caridad más fina y delicada. El que sirve no alardea de virtud, pero la vive.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 88.

Los soberbios no entienden el servicio, quieren ser servidos por los demás.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 90.

En las discusiones es frecuente que ceda primero la persona de más categoría, ya que la terquedad es propia de personas de corta mente y flaca voluntad.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 97.

La fe es la condición de todo milagro.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 100.

viernes, 16 de mayo de 2008

Mujeres Valientes

Primero la oración y unida a ella el trabajo, lo demás puede esperar.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 12.

La diferencia entre ocuparse y preocuparse es enorme. Ocuparse es trabajar bien y con rectitud de intención. Preocuparse es dejar que se altere la imaginación y, a través de ella, se mueva el orgullo. La preocupación altera el ánimo, aumenta los problemas, impide que se actúe con humildad y con caridad. El que se preocupa se ocupa mal de las cosas.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 13.


No se debe separar a Marta y María, sino ser Marta y María. Activos y rezando.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 16.

La vida interior es como el hilo que une las perlas del collar, no se ve, pero sin él serían cuentas sueltas nada más.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 16.

San Agustín dirigiéndose a marta le dice: Tú no elegiste mal, pero ella eligió mejor. No hay aquí menosprecio, ni exclusión, sólo un orden de prioridades según la regla de oro recogida en el Evangelio: “Buscad el reino de Dios y todo lo demás se os dará por añadidura”.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 17.

La muerte es igual para todos, pero no todos reaccionan igual ante ella.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 19.

La muerte es también una penitencia para los que quedan vivos.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 21.

Es cosa clara que entiende mejor las cosas quién más ama. El que ama poco entiende menos, el que no ama no comprenderá el sentido de un regalo, el que odia lo entiende todo al revés. Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 28.

La luz sin los ojos abiertos de nada sirven.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 34.

No cuentan las diferencias de edades cuando hay amor verdadero. Las incomprensiones suelen darse más por egoísmos que por diferencias generacionales.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 35.

La edad mejora lo bueno y empeora lo malo.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 40.

lunes, 12 de mayo de 2008

C.S. Lewis; Una Pena Observada

Supongo que si a uno le prohíben la sal, no va a notar más su ausencia en una comida que en otra. Comer será diferente en general, cada día, en cada comida. La ausencia es como el cielo, lo cubre todo.
C.S Lewis; Una Pena Observada, Editorial Andrés Bello, Chile, 1995, p.25.

Uno se topa tan solo con el momento que pasa.
C.S Lewis; Una Pena Observada, Editorial Andrés Bello, Chile, 1995, p.26.

Solo en lo solo.
C.S Lewis; Una Pena Observada, Editorial Andrés Bello, Chile, 1995, p.27.

Sólo un riesgo verdadero pone a prueba la realidad de una creencia.
C.S Lewis; Una Pena Observada, Editorial Andrés Bello, Chile, 1995, p.37.

La realidad nunca se repite. Nunca se quita y se devuelve lo mismo.
C.S Lewis; Una Pena Observada, Editorial Andrés Bello, Chile, 1995, p.39.

Hasta hoy nunca había tenido tiempo. Ahora no hay otra cosa que tiempo, sucesividad vacía.
C.S Lewis; Una Pena Observada, Editorial Andrés Bello, Chile, 1995, p.47.

Una buena esposa contiene tantas personas en sí misma.
C.S Lewis; Una Pena Observada, Editorial Andrés Bello, Chile, 1995, p.61.

En la Pena nada se queda quieto.
C.S Lewis; Una Pena Observada, Editorial Andrés Bello, Chile, 1995, p.69.



DIGITAL

Uno
Nadie me había dicho nunca que la pena se viviese como miedo.

Uno
Por qué es Dios un jefe tan omnipresente en nuestras etapas de prosperidad, y tan ausente como apoyo en las rachas de catástrofe?

Uno
Gran parte de una desgracia cualquiera consiste, por así decirlo, en la sombra de la desgracia, en la reflexión sobre ella.

Uno
Un extraño subproducto de mi pérdida, es que me doy cuenta de que resulto un estorbo para todo el mundo con que me encuentro en el trabajo, en el club, por la calle.

Uno
No abarcamos nunca el impacto total de lo que llamamos «la cosa en sí misma».

Uno
Ni siquiera en mi imaginación soy capaz de reproducir su cara con todo detalle. Y sin embargo, el rostro extraño de cualquier extraño atisbado esta mañana entre la multitud puede presentarse ante mí con nítida perfección al cerrar los ojos por la noche. La explicación es bastante sencilla, creo yo. Los rostros de los seres a quien mejor hemos conocido, los hemos visto desde tantos ángulos, bajo tantas luces y dotados de tantas expresiones (paseando, durmiendo, riéndose, llorando, comiendo, hablando o pensando), que todas estas impresiones se nos enmarañan simultáneamente, dentro de la memoria y quedan confundidas en un simple borrón. Pero su voz está todavía viva. Su voz añorada que en el momento menos pensado me puede convertir en un niño que se echa a llorar.

Dos
¿Acaso espero que disfrazando de pensamiento a mi sentir, voy a sentir menos intensamente?

Dos

Tres
La mente siempre tiene alguna capacidad de evasión. En el peor de los casos, un pensamiento insoportable lo más que hace es volver una y otra vez, pero el dolor físico puede ser completamente ininterrumpido

Tres
El pensamiento nunca es estático, el dolor físico lo es muchas veces.

Tres
Una buena esposa ¡contiene en su entraña a tantas personas!

Tres
El duelo forma parte integral y universal de la experiencia del amor. Es una continuación del matrimonio, de la misma manera que el matrimonio es una continuación del noviazgo o que el otoño es una continuación del invierno. No se trunca el proceso; es una de sus fases. No se interrumpe la danza; es la postura siguiente. Mientras el ser amado está aquí todavía, vive uno «fuera de sí». Luego viene la trágica postura de la danza, y tiene uno que aprender a seguir estando fuera de sí, aun careciendo de esa presencia corporal, aprender a amarla  a  Ella verdadera, en vez de retroceder a amar nuestro pasado, nuestra memoria, nuestra pesadumbre, nuestro alivio de la pesadumbre,

Cuatro
Tantas maneras de doler que solamente se pueden ir descubriendo una por una.

Cuatro
Puede un mortal hacerle a Dios preguntas que para Él no tengan respuesta? Fácil que sea así, creo yo. Todas las preguntas disparatadas carecen de respuesta. ¿Cuántas horas hay en una milla? ¿El amarillo es cuadrado o redondo? Lo más probable es que la mitad de las cuestiones que planteamos, la mitad de nuestros problemas teológicos y metafísicos sean algo por el estilo-

domingo, 4 de mayo de 2008

Orientaciones para el Exámen de Conciencia

Como no es posible hacer la guerra a un enemigo desconocido, ni se puede conquistar una región que ni haya sido de antemano descubierta, tampoco se puede combatir el mal en nosotros, si antes no lo individuamos, ni alcanzar la santidad si haber estudiado el plano má apto para lograrla. Si queremos asegurar a la vida espiritual un desarrollo progresivo y ordenado es necesario que tengamos conciencia de nuestras propias pasiones, de nuestros pecados, de los puntos débilies y de las malas inclinaciones, así como de los progresos realizados, de las buenas tendencias y de los buenos resultados obtenidos.
Mauricio Alegre; Orientaciones para el Examen de Conciencia, Folletos Mc, (1979) 2ªedición, Madrid,1990, p.5.

Cada día debemos hacer una indagación sencilla y ordenada de las incidencias de nuestra vida cristiana que nos permita evaluar nuestra fidelidad, al mismo tiempo que nos descubra cuál es el flanco más desguarnecido y el punto en el que interesa concentrar la atención.
Sin esta indagación o reconocimiento de nuestro obrar se vive en la inconsciencia. Ni se sabe si se pierde, ni se sabe si se gana. De este modo, cualquier esfuerzo puede resultar inútil y peligroso. Sin el conocimiento propio el estado objetivo del alma no hay posibilidad de arrepentimiento, ni de lucha ascética para la enmienda. ¿Cómo se van a corregir los defectos si no se conocen? Mauricio Alegre; Orientaciones para el Examen de Conciencia, Folletos Mc, (1979) 2ªedición, Madrid,1990, p.10-11.


El no darse cuenta de la pérdida de armonía íntima es siempre peligroso.
Mauricio Alegre,; Orientaciones para el Examen de Conciencia, Folletos Mc, (1979) 2ªedición, Madrid,1990, p.11.

¿Quién eres tú? ¿Porqué has hecho esto? ¿Cómo cumples tus obligaciones?
Mauricio Alegre,; Orientaciones para el Examen de Conciencia, Folletos Mc, (1979) 2ªedición, Madrid,1990, p.12.

Abundan los que se exponen a morir sin haberse conocido suficientemente. Algunos hasta prefieren morir en la ignorancia que se dice salva a muchos hombres. Hay que ver si vale y cuánto vale dicha ignorancia en cada caso particular, después de tantos avisos por parte del señor y de tantos medios para instruirse. La ignorancia cuando es culpable, no exime de responsabilidad. Lo que sí se puede afirmar es que el conocimiento de uno mismo no se puede dejar para un mañana indeterminado. Urge adquirirlo hoy, ahora, porque de él depende el aprovechamiento del tiempo presente.
Mauricio Alegre; Orientaciones para el Examen de Conciencia, Folletos Mc, (1979) 2ªedición, Madrid,1990, p.13.

Conocer los propios defectos es lo primero que hay que hacer para corregirlos y ser mejores. Mauricio Alegre; Orientaciones para el Examen de Conciencia, Folletos Mc, (1979) 2ªedición, Madrid,1990, p.16.

El examen general es una especie de inventario general de nuestra vida y de nuestra ascética cristiana.
Mauricio Alegre; Orientaciones para el Examen de Conciencia, Folletos Mc, (1979) 2ªedición, Madrid,1990, p.17.

Recorrer el día preguntándonos qué hemos pensado, hablado, hecho y omitido contra Dios, contra el prójimo, y contra nosotros mismos.
Mauricio Alegre; Orientaciones para el Examen de Conciencia, Folletos Mc, (1979) 2ªedición, Madrid,1990, p.19.

Amor es la diferencia entre cielo e infierno.
Mauricio Alegre; Orientaciones para el Examen de Conciencia, Folletos Mc, (1979) 2ªedición, Madrid,1990, p.26.

jueves, 24 de abril de 2008

Los Cuatro Amores

Que nuestros afectos no nos maten, ni mueran.
John Donne, en C.S. Lewis; Los Cuatro Amores, Editorial Andrés Bello, (1960), Santiago, Chile, 2001, p.6.

Todo cristiano estaría de acuerdo en que la salud espiritual de una persona es exactamente proporcional a su amor a Dios.
C.S. Lewis; Los Cuatro Amores, Editorial Andrés Bello, (1960), Santiago, Chile, 2001, p.9.

Quienes aman mucho están cerca de Dios.
C.S. Lewis; Los Cuatro Amores, Editorial Andrés Bello, (1960), Santiago, Chile, 2001, p.15.

La familia nos da la oportunidad de un primer paso más allá del amor a uno mismo.
C.S. Lewis; Los Cuatro Amores, Editorial Andrés Bello, (1960), Santiago, Chile, 2001, p.32.

Nada en el ser humano es peor o mejor por compartirlo con las bestias. Cuando acusamos a alguién de ser un completo animal, no nos referimos a que exiba características animales, sino a que las manifiesta, y son las únicas que manifiesta, en momentos en que lo que se espera es algo específicamente humano.
C.S. Lewis; Los Cuatro Amores, Editorial Andrés Bello, (1960), Santiago, Chile, 2001, p.41.

No todos los besos entre amantes son besos de amantes.
C.S. Lewis; Los Cuatro Amores, Editorial Andrés Bello, (1960), Santiago, Chile, 2001, p. 46.

El afecto nos enseña primero a notar a las personas que “casualmente estaban ahí”, luego a soportarlas, después a sonreirles, más tarde a disfrutarlas y, finalmente a apreciarlas. ¿Hechas para nosotros? Gracias a Dios que no. Son ellas mismas, más singulares de lo que pudimos haber creído y mucho más valiosas de lo que sospechamos.
C.S. Lewis; Los Cuatro Amores, Editorial Andrés Bello, (1960), Santiago, Chile, 2001, p.48.

Dios es el gran Rival, el objeto último de los celos humanos; es esa belleza, terrible como la medusa, que en cualquier momento podría robarme el corazón de mi esposa, de mi esposo o de mi hija.
C.S. Lewis; Los Cuatro Amores, Editorial Andrés Bello, (1960), Santiago, Chile, 2001, p.49.

Si quieres ser amado, conviértete en alguien inspirador de amor.
Ovidio en C.S. Lewis; Los Cuatro Amores, Editorial Andrés Bello, (1960), Santiago, Chile, 2001, p.53.

lunes, 21 de abril de 2008

El Problema del Dolor

Cuando las almas se vuelven malvadas, sin duda utilizan esta posibilidad para herirse unas a otras; y esto, quizá explique las cuatro quintas partes de los sufrimientos del hombre. Son los hombres, y no Dios, quienes han producido potros de tortura, látigos, prisiones, esclavitud, cañones, bayonetas y bombas; es debido a la avaricia y estupidez humana, y no a la mezquindad de la naturaleza, que tenemos pobreza y fatiga.
C.S. Lewis: El Problema del Dolor, E. Universitaria, 2ª edición, 1990, Santiago de Chile, p.92.

El error y el pecado son un mal enmascarado….El dolor es el mal desenmascarado, inconfundible; todo hombre sabe que algo anda mal cuando está sufriendo.
C.S. Lewis: El Problema del Dolor, E. Universitaria, 2ª edición, 1990, Santiago de Chile, p.95.

Podemos tranquilamente permanecer en nuestros pecados y estupideces……Pero el dolor insiste en ser atendido. Dios nos susurra en nuestros placeres, nos habla en nuestra conciencia, pero nos grita en nuestros dolores.
C.S. Lewis: El Problema del Dolor, E. Universitaria, 2ª edición, 1990, Santiago de Chile, p.96.

Si la primera operación del dolor, y la más leve, destroza la ilusión de que todo está bien, la segunda destroza la ilusión de que lo que tenemos, ya sea bueno o malo en sí mismo, es nuestro y suficiente para nosotros. Todos hemos notado qué difícil es volver nuestros pensamientos a Dios cuando todo está bien. “Tenemos todo lo que queremos” es un dicho terrible cuando “todo” no incluye a Dios: Hallamos a Dios una interrupción.
C.S. Lewis: El Problema del Dolor, E. Universitaria, 2ª edición, 1990, Santiago de Chile, p.99.

Dios que nos ha hecho, sabe lo que somos y que nuestra felicidad está en él. Sin embargo, no la buscaremos en él, mientras nos deje otro recurso donde podamos, aún aparentemente buscarla. Mientras aquello que llamamos “nuestra propia vida” se mantenga agradable, no se la entregaremos a El. ¿Qué puede entonces hacer dDios en beneficio nuestro, sino hacer “nuestra propia vida” menos agradable para nosotros y quitar las posibles fuentes de falsa felicidad?
C.S. Lewis: El Problema del Dolor, E. Universitaria, 2ª edición, 1990, Santiago de Chile, p.100.

martes, 15 de abril de 2008

El Problema del Dolor

No depende de la omnipotencia de Dios lo que es contradictorio.
Tomás de Aquino. Suma Teológica, 1, XXV, Art.4. en C.S. Lewis: El Problema del Dolor, E. Universitaria, 2ª edición, 1990, Santiago de Chile, p.27.

A Dios se le pueden atribuir milagros, pero no sandeces……Las combinaciones de palabras sin sentido, no adquieren súbitamente sentido al anteponerles la palabra “Dios puede”……El disparate sigue siendo disparate aún cuando nos refiramos a Dios.
C.S. Lewis: El Problema del Dolor, E. Universitaria, 2ª edición, 1990, Santiago de Chile, p.29.

El amor puede tolerar y el amor puede perdonar…pero jamás puede conciliarse con un objeto no amable…Por lo tanto, Dios no puede conciliarse con tu pecado, porque el pecado en sí es incapaz de sufrir alteración; pero El sí puede conciliarse con tu persona, porque ésta puede ser sanada. Traherne. Centuries of meditations,II,30. en C.S. Lewis: El Problema del Dolor, E. Universitaria, 2ª edición, 1990, Santiago de Chile, p.38.

Hoy en día se entiende por bondad de Dios casi exclusivamente su cariño, y puede ser que estemos en lo cierto. Y, dentro de este contexto, la mayoría de nosotros entiende el amor como benevolencia, como el deseo de ver a otros felices; no felices de esta u otra manera, sino simplemente felices. Lo que nos dejaría realmente satisfechos, sería un Dios que dijiera de todo aquello que nos gusta hacer: “¿Qué importa, con tal que estén contentos?”. De hecho, deseamos no tanto un psdre en los cielos, sino más bien un abuelito; una benevolencia senil a la que, como se dice, le “guste ver a los jóvenes entretenerse” y cuyo plan para el universo consistiera simplemente en que, al final de cada día, pudiera decirse, “Todos lo pasaron bien”.
C.S. Lewis: El Problema del Dolor, E. Universitaria, 2ª edición, 1990, Santiago de Chile, p.41.

El amor por su misma naturaleza, exige perfeccionar al ser amado.
C.S. Lewis: El Problema del Dolor, E. Universitaria, 2ª edición, 1990, Santiago de Chile, p.47.

El amor puede producir dolor a su objeto, pero solamente en el supuesto que éste necesite transformarse para convertirse en un objeto totalmente amable.
C.S. Lewis: El Problema del Dolor, E. Universitaria, 2ª edición, 1990, Santiago de Chile, p.57.

viernes, 11 de abril de 2008

El Regreso del Hijo Pródigo

Cada vez que avanzo un paso hacia la generosidad, sé que me muevo del miedo al amor. Pero al principio estos pasos son duros de dar porque hay demasiadas emociones y sentimientos que me retienen. ¿Porqué tendría que gastar mi energía, tiempo, dinero, e incluso atención, con alguien que me ha ofendido?¿Porqué tendría que compartir mi vida con alguien que me ha faltado el respeto?

Porque la verdad es que, en sentido espiritual, el que me ha ofendido pertenece a mi “familia”, a mi “gen”. La palabra generosidad incluye el término “gen”. La verdadera generosidad actúa desde el convencimiento – no desde el sentimiento – de que todos a los que se me pide que perdone son “parientes” y pertenecen a mi “familia”. Y cada vez que obre así, esta verdad se me hará más visble. La generosidad crea la familia que cree en ella.

Dolor, perdón y generosidad son, por tanto, las tres vías mediante las que la imagen del Padre puede crecer en mi interior. Son tres aspectos de la llamada del Padre a estar en casa.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p.143.

Como el Padre, tengo que atreverme a llevar la responsabilidad de ser una persona espiritualmente adulta y atreverme a confiar en que la verdadera alegría y plenitud sólo pueden venir de dar la bienvenida a casa a aquellos que están heridos, amándoles con un amor que no pida ni espere nada a cambio.
En esa paternidad espiritual hay un terrible vacío. No hay poder, ni éxito, ni fama, ni satisfacción fácil. Pero ese mismo vacío es el lugar de la verdadera libertad. Es el lugar donde “no hay nada que perder” donde el amor no tiene ligaduras y donde puede encontrarse la verdadera fuerza espiritual.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p.144.

En la canción de Janis Joplin “Me and Bobby McGee” se dice “La libertad no es más que otra palabra para decir que no hay nada que perder”.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p.144.

miércoles, 9 de abril de 2008

El Regreso del Hijo Pródigo

Muchas veces digo “Te perdono”, pero mi corazón sigue enfadado o resentido. Quiero seguir escuchando la historia que me demuestra que después de todo tengo razón; quiero seguir oyendo disculpas y excusas; quiero tener la satisfacción de recibir alguna alabanza a cambio – aunque sólo sea la alabanza por haber perdonado!

Y sin embargo, el perdón de Dios es incondicional; surge de un corazón que no reclama nada para sí, de un corazón que está completamente vacío de egoísmo. Es su divino perdón lo que tengo que practicar en mi vida diaria. Es una llamada a pasar por encima de todos mis argumentos que me dicen que el perdón es poco prudente, poco saludable y nada práctico. Me reta a pasar por encima de todas mis necesidades de gratitud y atención. Por último me exige pasar por encima de esa parte de mi yo que se siente herida y agraviada y que desea mantener el control y poner algunas condiciones entre el que me ha pedido perdón y yo….Este “pasar por encima” es la auténtica disciplina del perdón. Tal vez sea “trepar y salvar” más que “pasar”. A menudo tengo que saltar el muro de argumentos y sentimientos negativos que he levantado entre aquél al que quiero, y no me devuelve ese amor, y yo. Es un muro de miedo a ser utilizado o herido otra vez. Es un muro de orgullo y de deseo de controlar. Pero cada vez que subo ese muro, entro en la casa donde habita el Padre, y allí abrazo a mi hermano con un amor auténtico y misericordioso.


El dolor me permite ver más allá de mi muro y darme cuenta del sufrimiento tan horroroso que resulta del extravío humano. Abre mi corazón a una auténtica solidaridad con los otros seres humanos. EL perdón es la vía para saltar este muro y acoger a los otros en mi corazón sin esperar nada a cambio. Sólo cuando recuerdo que soy el hijo amado soy capaz de acoger a aquellos que quieren voplver a mí con la misma misericordia con la que el Padre me acoge a mi.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p.141.

lunes, 7 de abril de 2008

El Regreso del Hijo Pródigo

Mirar no con los ojos de mi baja estima personal, sino con los ojos del amor de Dios.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p.113.

La cuestión no es: ¿Cómo puedo encontrar a Dios? Sino ¿Cómo puedo dejar que Dios me encuentre? La cuestión no es ¿Cómo puedo conocer a Dios? Sino: ¿Cómo puedo dejar a Dios que me conozca? Y finalmente, la cuestión no es: ¿Cómo voy a amar a Dios? Sino ¿Cómo voy a dejarme amar por Dios?
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p.115

¿Puedo aceptar que merece la pena que se me busque? ¿Creo que Dios desea estar conmigo? Aquí está el núcleo de mi lucha espiritual: la lucha contra el autorechazo, el desprecio de mí mismo y la autocondena. Es una batalla muy difícil de librar porque el mundo y sus demonios conspiran para hacerme pensar en mí mismo como alguien que no merece la pena, que no sirve, alguien despreciable. Muchas economías se mantienen a flote manipulando la baja autoestima de sus consumidores y creando expectativas espirituales por medios materiales.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p.116.

Tengo que aprender a “robar” toda la alegría que haya disponible y hacérsela ver a los demás. Sí, ya sé que todo el mundo no se ha convertido aún, que todavía no ha llegado la paz a todas partes, que no se ha acabado con la tristeza, pero veo gente que regresa y vuelve a regresar a casa; oigo voces que rezan; observo momentos de perdón y soy testigo de muchos signos de esperanza. No tengo que esperar a que todo vaya bien, sino que puedo celebrar cada pequeño indicio que me dice que el Reino está muy cerca.
Esto exige una disciplina. Exige elegir la luz cuando haya mucha oscuridad que me dé miedo, elegir la vida aún cuando las fuerzas de la muerte estén tan a la vista, y elegir la verdad aún cuando esté rodeado de mentiras. Tiendo tanto a impresionarme por la tristeza innata a la condición humana que ya no reclamo la alegría que se manifiesta en formas, muy pequeñas, pero auténticas. La recompensa por elegir la alegría es la propia alegría.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p.124.

Desde la perspectiva de Dios, un acto oculto de arrepentimiento, un pequeño gesto de generosidad, un momento de verdadero perdón es todo lo que se requiere para que se levante de su trono, corra hacia su hijo y llene el cielo de sonidos de alegría.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p.124.

viernes, 4 de abril de 2008

El Regreso del Hijo Pródigo

La gratitud como disciplina implica una elección consciente. Puedo elegir ser agradecido aún incluso, cuando mis emociones y sentimientos están impregnados de dolor y resentimiento. Es sorprendente la cantidad de veces que puedo optar por la gratitud en vez de la queja y el lamento. Puedo elegir ser agradecido cuando me critican, aunque mi corazón responda con amargura. Puedo optar por hablar de la bondad o la belleza, aunque mi ojo interno siga buscando a alguien para acusarle de algo feo. Puedo elegir escuchar las voces que perdonan y mirar los rostros que sonríen, aún cuando sigo oyendo voces de venganza y vea muecas de odio

Siempre se puede elegir entre el resentimiento y la gratitud porque Dios ha aparecido en mi oscuridad, me ha animado a venir a casa, y me ha dicho en un tono lleno de afecto: “Tu estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.” Así pues, puedo elegir entre vivir en las sombras, señalando a los que aparentemente son mejores que yo; puedo elegir lamentarme de la cantidad de desgracias que sufrí en el pasado, y dejar que el resentimiento me absorba. Pero no es esto lo que debo hacer. Está la opción de mirar en los ojos del único que salió en mi busca y reconocer que todo lo que soy y tengo es puro don que debo agradecer.

Muy raramente se lleva a la práctica la opción por la gratitud sin un esfuerzo. Pero cada vez que lo hago, la siguiente opción es un poco más fácil, un poco más libre, un poco menos consciente. Porque cada don que reconozco me lleva a otro y a otro don, hasta que por fin, el acontecimiento más normal, más obvio, y aparentemente más mundano, demuestra estar lleno de gracia. Los actos de gratitud lo hacen a uno agradecido porque, paso a paso, le hacen ver que todo es gracia.

Confianza y gratitud requieren el coraje de arriesgarse, porque la desconfianza y el arrepentimiento, en su necesidad de reclamar su atención, siguen advirtiéndome de lo peligroso que es dejar a un lado mis cálculos y predicciones. En muchos aspectos debo dar un salto de fe para dejar que la confianza y la gratitud tengan su oportunidad: escribir una carta amable a alguien que no me perdonará, llamar al que me ha rechazado, pronunciar alguna palabra de aliento a alguien que no puede decirla.

El salto de fe siempre significa amar sin esperar ser amado, dar sin querer recibir, invitar sin esperar ser invitado, abrazar sin pedir ser abrazado. Y cada vez que doy un pequeño salto, veo un reflejo del único que corre hacia mí y me hace partícipe de su alegría, la alegría en la que no solo me encuentro yo sino todos mis hermanos y hermanas. Así la confianza y la gratitud revelan al Dios que me busca, ardiendo de deseo porque todos mis rencores y quejas desaparezcan y por dejar que me siente a su lado en el banquete celestial.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p.93-94

martes, 1 de abril de 2008

El Regreso del Hijo Pródigo

Es aquí donde veo lo perdido que está el hijo mayor. Se ha convertido en un extraño dentro de su propia casa. La verdadera comunión ha desaparecido. Toda relación se ha quedado en la oscuridad. Tener miedo o mostrar desdén, mostrarse sumiso o pretender controlar, ser opresor o ser víctima: éstas son las posibilidades que le quedan a uno cuando está fuera de la luz. No puede confesar sus pecados, no puede recibir el perdón, el amor mutuo no puede existir. La verdadera comunión se ha hecho imposible.
Conozco el dolor de esta difícil situación. Todo pierde su espontaneidad. Todo se convierte en sospechoso, consciente, calculado y lleno de segundas intenciones. Ya no hay autenticidad. El más mínimo movimiento reclama un contramovimiento; el más mínimo comentario debe ser analizado, el gesto más insignificante debe ser evaluado. Esta es la patología de la oscuridad.

A menudo parece que, cuanto más intento deshacerme de las sombras, más oscuro se hace. Necesito luz, pero una luz que conquiste mi oscuridad. Pero no puedo encontrarla por mi mismo. Ya no puedo perdonarme a mi mísmo.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 89-90.

¿Qué podemos hacer para que el regreso sea posible? Aunque el mismo Dios corre en nuestra busca para encontrarnos y llevarnos a casa, debemos reconocer que estamos perdidos, y hemos de prepararnos para ser encontrados y conducidos a casa. ¿Cómo?......practicando diariamente la confianza y la gratitud…que son las disciplinas para la conversión.
Sin confianza, no puedo dejar que me encuentren. La confianza es la convicción profunda de que el Padre me quiere en casa. Yo no me dejo encontrar cuando dudo de que merezco que me encuentren y creo que se me quiere menos que a los otros.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 91.

Hace falta una verdadera disciplina para pasar por encima de mis quejas de siempre y pensar, decir y actuar con la convicción de que se me busca y de que seré encontrado. Sin esta disciplina vuelvo a ser víctima de la desesperanza.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 92.

Resentimiento y gratitud no pueden coexistir, porque el resentimiento bloquea la percepción y la experiencia de la vida como don. Mi resentimiento me dice que no se me da lo que merezco. Siempre se manifiesta en envidia.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 92.

La gratitud, sin embargo va más allá de lo “mío” y “tuyo” y reclama la verdad que todo en la vida es puro don…..La disciplina de la gratitud es el esfuerzo explícito por reconocer que todo lo que soy y tengo me ha sido dado como don de amor, don que tengo que celebrar con alegría.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 93.

viernes, 28 de marzo de 2008

El Regreso del Hijo Pródigo

Una vez que la queja entra en nosotros, perdemos la espontaneidad hasta el punto de que ya ni siquiera la alegría evoca alegría en nosotros.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 80.

Alegría y resentimiento no pueden coexistir.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 80.

Una vez, me sentía solo y le pedí a un amigo que aliera conmigo. Me contestó que no tenía tiempo y, sin embargo, un poco más tarde me lo encontré en una fiesta en casa de un amigo común. Al verme me dijo: “ Ven, únete a nosotros, me alegro de verte.” Pero yo estaba tan enfadado por no haber sabido nada de la fiesta, que era incapaz de quedarme. Se despertaron en mi interior todas mis quejas por no ser aceptado y querido y abandoné la habitación dando un portazo. Era incapaz de participar de la alegría que allñi se respiraba. En un momento, la alegría de aquella habitación se había convertido en fuente de resentimiento.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 80.

Justo en el momento en que quiero hablar o actuar desde lo más generoso de mí mismo, me encuentro atrapado en la ira y el rencor. Y cuanto más desinteresado quiero ser, más me obsesiono porque me quieran. Cuanto más lo doy todo de mí para que algo salga bien más me pregunto porqué los demás no lo dan todo como yo. Cuando pienso que soy capaz de vencer mis tentaciones, más envidia siento hacia los que ceden a ellas. Parece que allí donde se encuentra mi mejor yo, se encuentra también el yo resentido y quejicoso.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 82.

El amor del padre no fuerza al amado. Aunque quiera curarnos a todos de nuestra oscuridad interior, somos libres para elegir permanecer en la oscuridad o caminar hacia la luz del amor de Dios. Dios está allí. La luz de Dios está allí.. El perdón de Dios está allí. Lo que está claro es que Dios siempre está allí, siempre dispuesto a dar y perdonar, independientemente de lo que nosotros respondamos. El amor de Dios no depende de nuestro arrepentimiento o de nuestros cambios.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 85.

Cada hijo de Dios tiene su sitio, todos ellos son sitios de Dios. Tengo que dejar de lado cualquier intento de comparación, cualquier rivalidad o competición, y rendirme al amor del Padre. Para esto hace falta un salto de fe porque tengo poca experiencia en el amor que no hace comparaciones y desconozco el poder de un amor así. Mientras permanezca fuera, en la oscuridad, sólo podré experimentar la queja y el resentimiento que resulta de las comparaciones que hago.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 88.

Dios me implora que vuelva a casa, que vuelva entrar en su luz, que vuelva a descubrir allí que, en Dios, todo el mundo es amado única y totalmente. En la luz de Dios puedo considerar que mi hermano, mi prójimo pertenece a Dios tanto como yo. Pero fuera de la casa de Dios, hermanos y hermanas, maridos y mujeres, amantes y amigos se convierten en rivales e incluso en enemigos; cada uno de ellos vive dominado por los celos, las suspicacias y los resentimientos.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 88.

miércoles, 26 de marzo de 2008

El Regreso del Hijo Pródigo

El resentimiento interior revela mi propio “extravío”.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 77.

Mi ira y mi envidia eran pruba de mi esclavitud.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 77.

El extravío del hijo resentido es tan difícil de reconocer precisamente porque está estrechamente ligado al deseo de ser bueno y virtuoso. Sólo yo sé los esfuerzos que he hecho por ser bueno, agradable, por que se me acepte, y por ser un ejemplo a imitar. Toda mi vida me he esforzado por evitar las situaciones que me conducen al pecado; siempre he sentido pánico de caer en la tentación. Pero junto a esto estaba también la seriedad, la moralidad, incluso un cierto fanatismo, que hacía que me resultara cada vez más difícil sentirme a gusto en la casa de mi Padre. Me hice menos libre, menos espontáneo, menos jovial y cada vez más era considerado una persona “dura”.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 78.

Cuando escucho las palabras con las que el hijo mayor ataca a su padre, veo que hay una queja más profunda. Es la queja que llega de un corazón que siente que nunca ha recibido lo que le corresponde. Es la queja expresada de mil maneras, que termina creando un fondo de resentimientos. Es el lamento que grita “He trabajado tan duro, he hecho tanto y todavía no he recibido lo que los demás consiguen tan fácilmente. ¿Porqué la gente no me da las gracias, no me invita, no se divierte conmigo, no me agasaja, y sin embargo presta tanta atención a los que viven la vida tan frívolamente”?
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 78-79.

A menudo me descubro quejándome por pequeños rechazos, faltas de consideración o descuidos. A menudo observo dentro de mí ese murmullo, ese gemido, esa queja, ese lamento, que crece y crece aunque yo no lo quiera. Cuanto más me refugio en él, peor me siento. Cuanto más lo analizo, más razones encuentro para quejarme. Y cuanto más profundamente entro en él, más complicado se vuelve. Hay un enorme y oscuro poder en esta queja interior. La condena a los otros, la condena a mi mismo y el rechazo, van creciendo más y más fuertemente. Cada vez que me dejo seducir por él, me enreda en una interminable espiral de rechazo. Cuanto más profundamente entro en el laberinto de mis quejas, más y más me pierdo, hasta que al final me siento la persona más incomprendida, más rechazada y más despreciada del mundo.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 79.

De una cosa estoy seguro: quejarse es contraproducente. Siempre que me lamento con la esperanza de inspirar pena y recibir así la satisfacción que tanto deseo, el resultado es el contrario del que intento conseguir. Es muy duro vivir con una persona que siempre se está quejando, y muy poca gente sabe cómo dar respuesta a las quejas de una persona que se rechaza a sí misma. Lo peor de todo es que, generalmente la queja, una vez expresada, conduce a lo que quiere evitar: más rechazo.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 79.

lunes, 24 de marzo de 2008

El Regreso del Hijo Pródigo

Una voz, una voz muy débil, me susurró que jamás un ser humano sería capaz de darme el amor que buscaba, ni aquella amistad, ni otra relación íntima; tampoco una comunidad podría satisfacer las necesidades más profundas de mi corazón.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 55.

Judas traicionó a Jesús. Pedro lo negó. Los dos eran hijos perdidos. Judas no fue capaz de resistir el hecho de que seguía siendo hijo de Dios, y se ahorcó.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 55.

Sin embargo, la voz de mi condición de hijo, no es una voz fácil. Las voces oscuras del mundo que me rodea intentan persuadirme de que no soy bueno y de que sólo podré serlo subiendo por la escalera del éxito. Estas voces me llevan a olvidarme de la voz que me dice “mi hijo, el amado”recordándome que el hecho de ser amado es independiente de cualquier mérito o hazaña. Estas voces oscuras empujan a la voz suave, amable y llena de luz que sigue llamándome “mi favorito”: me empujan a la periferia de mi existencia y me hacen dudar de que haya un Dios amoroso esperándome en lo profundo de mi ser.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 57.

Uno de los grandes retos de la vida espiritual es recibir el perdón de Dios. Hay algo en nosotros, los humanos, que nos hace aferrarnos a nuestros pecados y nos previene de dejar a Dios que borre nuestro pasado y nos ofrezca un comienzo completamente nuevo. A veces, parece como si quisiera demostrar a Dios que mi oscuridad es demasiado grande como para vencerla. Mientras el quiere devolverme toda la dignidad de mi condición de hijo suyo, yo sigo insistiendo en que me contentaría con ser un jornalero. Pero ¿realmente quiero que se me devuelva toda la responsabilidad del hijo? ¿Realmente deseo que se me perdone totalmente y que me sea posible vivir de otra forma? ¿Tengo la suficiente fe en mí mismo y en una enmienda tan radical? ¿Deseo romper con mi tan arraigada rebelión contra Dios y rendirme a su amor tan absoluto que puede hacer que surja una persona nueva? Recibir el perdón implica voluntad de dejar a Dios ser Dios y de dejarle hacer todo el trabajo de sanación, restauración y renovación de mi persona. Siempre que intento hacer yo sólo parte del trabajo, termino conformándome con soluciones del tipo “convertirme en jornalero”. Siendo jornalero puedo seguir manteniéndome distante, puedo seguir rebelándome o quejándome del salario. Siendo el hijo amado, tengo que exigir mi dignidad y empezar a prepararme para llegar a ser Padre.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 58.

jueves, 21 de febrero de 2008

El Regreso del Hijo Pródigo

Pero el Padre no podía obligarle a que se quedara en casa. No podía forzar su amor. Tenía que dejarle marchar en libertad, sabiendo incluso el dolor que aquello causaría a ambos. Fue precisamente el amor lo que impidió que retuviera a su hijo a toda costa. Fue el amor lo que le permitió dejar a su hijo que encontrara su propia vida, incluso a riesgo de perderla.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 49.

Aquí se devela el misterio de mi vida. Soy amado en tal medida que soy libre para dejar el hogar. La bendición está allí desde el principio. La he rechazado y sigo rechazándola. Pero el Padre continúa esperándome con los brasos abiertos, preparado para recibirme y susurrarme al oído: “Tu eres mi hijo amado, en quién me complazco.”
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 49.

No estoy seguro de tener un hogar y veo a otros que parecen estar mejor que yo. Entonces me pregunto cómo puedo llegar donde están ellos. Me empeño en agradar, en tener éxito, en ser reconocido. Cuando fracaso siento celos y resentimiento hacia ellos. Me vuelvo suspicaz, me pongo a la defensiva y siento pánico al pensar que no conseguiré lo que quiero o que perderé lo que ya tengo. Atrapado en este enredo de deseos y necesidades, ya no sé cuales son mis motivaciones. Me siento víctima del ambiente y desconfío de lo que hacen o dicen los demás. Siempre en guardia, pierdo mi libertad interior y divido el mundo entre los que están conmigo y los que están contra mí. Me pregunto si realmente le importo a alguien. Me pongo a buscar argumentos que justifiquen mi desconfianza. Y dondequiera que vaya los encuentro, y me digo: “no se puede confiar en nadie”. Y entonces me pregunto si alguna vez alguien me ha querido. El mindo a mi alrededor se vuelve oscuro. Se me endurece el corazón. Mi cuerpo se llena de tristeza. Mi vida pierde sentido. Me he convertido en un alma perdida.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 52.

Aunque lo hubiera perdido todo: dinero, amigos, reputación, dignidad, paz interior y alegría, todavía seguía siendo el hijo de su padre.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 53.

jueves, 14 de febrero de 2008

El Regreso del Hijo Pródigo

Cayendo constantemente en la misma trampa, antes de ser plenamente consciente de ello, me encuentro a mi mismo preguntándome por qué alguien me ha hecho daño, por qué me ha rechazado, o por qué no me ha prestado atención. Sin darme cuenta, me veo obsesionado por el éxito, por mi soledad, y por la forma en que el mundo abusa de mí. A pesar de mis constantes esfuerzos a menudo me encuentro soñando despierto, soñando que soy rico, poderoso y muy famoso. Todos estos juegos mentales me revelan la fragilidad de mi fe en que soy “el hijo amado” aquél en quien descansa el favor de Dios. Tengo tanto miedo a no gustar, a que me censuren, a que me dejen de lado, a que no me tengan en cuenta, que constantemente estoy inventando estrategias nuevas para defenderme y asegurarme el amor que creo que necesito. Y al hacerlo, me alejo más y más de la casa de mi padre y elijo vivir en un “país lejano”.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 46.

La cuestión es la siguiente: “¿A quién pertenezco? ¿A Dios o al mundo?” Muchas de mis preocupaciones diarias me sugieren que pertenezco más al mundo que a Dios. Una pequeña crítica me enfada, y un pequeño rechazo me deprime. Una pequeña oración me levanta el espíritu y un pequeño éxito me emociona. Me animo con la misma facilidad que me deprimo. A menudo soy como una pequeña barca en el océano, completamente a merced de las olas. Todo el tiempo y energía que gasto en mantener cierto equilibrio y no caer, me demuestra que mi vida es, sobre todo, una lucha por sobrevivir: no una lucha sagrada, sino una lucha inquieta que surge de la idea equivocada de que el mundo es quién da sentido a mi vida.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 47.

Mientras sigo corriendo por todas partes preguntando: “¿Me quieres? ¿Realmente me quieres?”, concedo todo el poder a las voces del mundo y me pongo en la posición del esclavo, porque el mundo está lleno de “síes”. El mundo dice: “Si, te quiero si eres guapo, inteligente y gozas de buena salud. Te quiero si tienes una buena educación, un buen trabajo y buenos contactos. Te quiero si produces mucho, vendes mucho y compras mucho.” Hay interminables “síes” escondidos en el amor del mundo. Estos “síes” me esclavizan, porque es imposible responder de forma correcta a todos ellos. El amor del mundo es y será siempre condicional. Mientras siga buscando mi verdadero yo en el mundo del amor condicional, seguiré “enganchado” al mundo, intentándolo, fallando, volviéndolo a intentar. Es un mundo que fomenta las adicciones porque lo que ofrece no puede satisfacerme en lo profundo de mi corazón.

Adicción es probablemente la palabra que mejor explica la confusión que impregna tan profundamente la sociedad contemporánea. Nuestras adicciones nos hacen agarrarnos a lo que el mundo llama las claves para la realización personal: acumulación de poder y riquezas; logro de status y admiración; derroche de comida y bebida, y la satisfacción sexual sin distinguir entre lujuria y amor. Estas adicciones crean expectativas que no consiguen más que fracasar nuestras necesidades más profundas. A medida que vamos viviendo en un mundo de engaños, nuestras adicciones nos condenan a búsquedas inútiles en el “país lejano” obligándonos a afrontar constantes desilusiones mientras seguimos sin realizarnos. En estos tiempos de crecientes adicciones, nos hemos ido muy lejos de la casa del Padre.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 47-48.

martes, 12 de febrero de 2008

El Regreso del Hijo Pródigo

Habiendo recibido gratis puedo dar gratis. Como el Amado, puedo enfrentarme a cualquier cosa, consolar, amonestar, y animar sin miedo a ser rechazado y sin necesidad de afirmación. Como el Amado, puedo sufrir persecución sin sentir deseos de venganza, y recibir alabanzas sin tener que utilizarlas como prueba de mi bondad. Como el Amado, puedo ser torturado y asesinado sin tener ninguna duda de que el amor que se me da es más fuerte que la muerte. Como el amado, soy libre para dar y libre para recibir, libre incluso para morir al tiempo que doy vida.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 43.

He abandonado el hogar una y otra vez. ¡He huído de las manos benditas y he corrido hacia lugares lejanos en busca de amor! Esta es la gran tragedia de mi vida y de la vida de tantos y tantos que encuentro en mi camino. De alguna forma, me he vuelto sordo a la voz que me llama “mi hijo amado”, he abandonado el único lugar donde puedo oír esa voz, y me he marchado esperando desesperadamente encontrar en algún otro lugar lo que ya no era capaz de encontrar en casa.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 44.

Dejo el hogar cada vez que pierdo la fe en la voz que me llama y hago caso de las voces que me ofrecen una inmensa variedad de formas para ganar el amor que tanto deseo.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 45.

Cólera, resentimiento, celos, deseos de venganza, lujuria, codicia, antagonismos y rivalidades son las señales que me indican que me he ido de casa.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p. 46.

jueves, 7 de febrero de 2008

La Virgen Nuestra Señora / Federico Suárez

El hombre busca la seguridad, pero una seguridad en la que todos los hilos estén en su mano. De aquí que la fe se viva tan mal, porque la fe implica un riesgo.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 120.

Que el arbol que se tiene más cerca parezca el más grande del bosque no quiere decir en modo alguno que realmente lo sea, y una persona normal se da cuenta perfecta de ello. Pero si se obra en consecuencia con lo que parece y no de acuerdo con lo que es, entonces se llega a los mayores absurdos.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 134.

El punto de contacto entre Dios y el hombre es la gracia.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 141.

El deber, no es sino la manifestación de un amor más alto, aunque con frecuencia sea menos sensible.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 160.

Es inexcusable no dar a los padres alegrías que se pueden dar.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 175.

El ser padres no equivale a ser propietarios del hijo. Dios tiene, sobre los hijos, derechos muy superiores a los de los mismos padres, muy superiores también a los que tiene la comunidad. A fin de cuentas los padres no pueden ni siquiera elegir a los hijos, pero Dios si elige a los padres de cada uno.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 184.

Es sorprendente contrastar los años de estudio que se dedican a obtener un tìtulo universitario, y la escaza atención que merece el prepararse adecuadamente para una misión tan decisiva como es el educar a los hijos.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 185.

No hay nada que desperdiciar en un hogar cristiano: las alegrías y las penas, el trabajo y el descanso, la pobreza y la abundancia, el éxito y el fracaso, todo puede ser santificado.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 190.

Sólo en el momento de la muerte se puede exclamar “Consummatum est”.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 309.

martes, 5 de febrero de 2008

La Virgen Nuestra Señora / Federico Suárez

El futuro no era ya cosa exclusivamente suya. El mismo Dios iba ir indicándole, a través de mil pequeñas circunstancias, cuál iba de ser su actitud en cada momento, su conducta en cada circunstancia.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 20.

Toda vida se convierte en una gigantesca y apasionante aventura cuando Dios toma posesión de un alma.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 22.

Este dejarse invadir por Dios es lo que da a la vida su sentido y lo que la convierte en algo que merece la pena vivir, lo que elimina de raíz toda rutina, lo que da interés y relieve a los mil pequeños sucesos de la cotidiana existencia.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 22.

Dios permite que el hombre use mal su libertad antes que arrebatarle esa libertad que le ha dado.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 26.

Dios no mantiene nada inútil sobre la tierra.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 28.

Sólo aquel que quiere hacer la voluntad de Dios conoce si el mensaje que recibe es de Dios o no. Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 50.

Todos estamos para algo, todo cuanto existe tiene una función. La creación no es una mera agregación, una yuxtaposición de seres, sino una grandiosa estructura que tiene unidad, razón de ser y objeto, ordenada en distintos planos, que van desde las piedras inertes a los ángeles que sirven en el trono de Dios (Pieper).
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 79.

Dios no manda inútiles sobre la tierra, y mientras hay, para el hombre, tiempo, hay también la certeza de que todavía tiene un algo que hacer que, precisamente, justifica su existencia, y un quehacer que dice relación con Dios.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 79.

El descubrimiento de la vocación personal es el momento más importante de toda existencia. Hace que todo cambie sin cambiar nada, de modo semejante a como un paisaje, siendo el mismo, es distinto después de salir el sol que antes, cuando lo bañaba la luna con su luz o le envolvían las tinieblas de la noche.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 80.

viernes, 1 de febrero de 2008

Práctica de Amor a Jesucristo / San Alfonso María de Ligorio

Heme aquí, señor mío; haced de mí y de mis cosas cuanto os agrade; dadme la gracia de amaros y de cumplir perfectamente vuestra voluntad, y nada más os pido.
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.281.

Más busca Dios nuestro provecho que nuestra satisfacción.
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.284.

El propósito de no cometer pecado, por pequeño que sea, es indicio de que estamos en gracia de Dios. (Francisco de sales).
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.285.

¡Cómo cautivan a Dios estos actos de confianza y resignación en medio de las tinieblas de la desolación!
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.285.

No siempre se puede tener a mano al padre espiritual que nos aconseje en nuestras obras y, sobre todo, en nuestras dudas; pues la lectura puede suplirlo, suministrándonos luces, y enseñándonos el camino para huir de los engaños del Demonio y de nuestro amor propio, y para acertar a conocer la voluntad de Dios.
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.291.

Tan grande es el provecho que causan los libros buenos, como es grande el daño que causan los libros malos.
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.292.

Buscad leyendo y encontraréis meditando (San Bernardo).
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.293.

Así como el espejo nos descubre las manchas del rostro, la lectura de los libros santos nos descubre las manchas de la conciencia.
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.294.

Conviene, antes de acabar la lectura, escoger de entre lo leído algùn piadoso pensamiento para llevarlo consigo, como llevamos una flor al salir de un jardín donde nos hemos recreado unas horas con sus delicias.
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.300.

Los trabajos de esta vida son pruebas de que Dios nos ama y de que quiere salvarnos en la otra. San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.301.

De lo que se hace por obediencia no hay que dar cuenta a Dios (Felipe Neri).
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.308.

martes, 29 de enero de 2008

Práctica de Amor a Jesucristo / San Alfonso María de Ligorio

La caridad es la que une y conserva todas las virtudes que perfeccionan al hombre.
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.11.

Mucho más amó que padeció.
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.20.

En las adversidades se conoce a los hombres.
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.87.

La caridad no tiene celos.
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.93.

¡Maldito amor propio, que echa a perder todo o la mayor parte del fruto de nustras buenas acciones!
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.95.

Entra también en la virtud de la pobreza verse privado de parientes y amigos en esta vida.
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.229.

Dios ama a quién lo ama y colma de gracias a quién con amor lo busca.
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.247.

Con la caridad vienen al alma toda suerte de bienes.
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.247.

Persuadámosnos, finalmente, de que de la oración depende todo nuestro bien; de la oración depende nuestra mudanza de vida; de la oración depende la victoria de las tentaciones; de la oración depende el alcanzar el amor divino, la perfección, la perseverancia y la salvación eterna. San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.272.

Lo que impide la verdadera unión con Dios es el apego a nuestras desordenadas inclinaciones; por tanto, cuando el señor quiere atraer un alma a su perfecto amor, busca como desprenderla de todos los afectos a los bienes temporales, a los placeres mundanos, a la hacienda, a los honores, a los amigos, a los parientes, a la salud corporal; y con tales medios de pèrdidas, disgustos, desprecios, enfermedades y muertes, la va desprendiendo de todo lo creado, para que ponga en El todos sus afectos.
San Alfonso María de Ligorio; Práctica de Amor a Jesucristo, Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2005, p.276.

Mercedes Salisachs; El secreto de las flores

1 Y lo que es peor, el desmoronamiento se produjo de repente, sin que hubiera intervenido antes un signo de alerta, ni los ecos de aquella n...